LOS INVISIBLES

 

Este confinamiento obligado está causando reacciones curiosas en los ciudadanos.

Es un verdadero reto para aquellos a quienes pasar tiempo consigo mismos les resulta una ardua tarea.

Parejas que apenas tienen tiempo de verse en la rutinaria vida normal, tienen que convivir las 24 horas del día, lo que saca a la luz lo mejor y lo peor de la verdadera relación que mantienen.

Unos descubren que hay muchas cosas que compartir, que hay mil temas para hablar, que leer un libro teniendo al lado a la persona que comparte tu vida, con otro libro en sus manos, resulta más gratificante que leerlo a solas.

Otros por el contrario descubren que no tienen nada que ver con la persona que es su pareja desde tiempo, pero las pocas horas que pasan a diario impiden ver el deterioro y la escasa comunicación que existe entre ellos.

Hay miembros de otras parejas, generalmente hombres, que de repente valoran a la mujer que es su compañera. El peso del hogar, es triste pero es así, recae casi siempre en la mujer al igual que la educación y el cuidado de los hijos, y este encierro no voluntario les hace descubrir que la casa se ensucia, que hay que pensar en desayunos, comidas y cenas, que los niños tienen tareas escolares y que se les baña y se juega con ellos o, si son más mayores, descubren que entrar en el mundo de un adolescente puede ser un trabajo apasionante, y a su vez el adolescente, tal vez, descubrir que sus padres no son esos viejos con los que no se puede hablar de nada, sino que hasta comparten puntos de vista que nunca imaginaron.

Todo lo que antes era invisible se hace visible como por arte de magia, unas veces para bien y otras no tanto.

De repente todos los días se vuelven Jueves Santo / Día del amor fraterno.

Se convocan acciones solidarias a horas determinadas, para ayudar a  romper la rutina del aislamiento. Músicas y aplausos para hacernos sentir que todos estamos en el mismo y tren, y descubrimos vecinos que antes también eran invisibles para nosotros y ninguno nos sentimos más ni menos que otros. El encierro es igual para todos, puede variar el entorno pero todos somos presos de la misma cárcel.

Los niños esperan con alborozo el momento de dar palmas y escuchar esas canciones que les hacen reír y a sus padres y vecinos con ellos.

Luego está la otra parte, detrás de otras ventanas está el dolor y el duelo de tantas familias invisibles, a solas con la tristeza de no haber podido acompañar ni enterrar a sus muertos.

Y esos aplausos y música festiva que desde lejos les llega, no puede consolarles, casi lo sienten como una burla del destino. La danza de la muerte les ha elegido a ellos y no a otros como pareja de baile.

Ni siquiera encuentran la más mínima empatía en quienes nos gobiernan, ni una corbata negra, ese sencillo gesto que muestre al menos un poco de respeto a los miles de fallecidos aunque les sean ajenos, son capaces de llevar en sus comparecencias.

¿Costaría tanto un día de la semana, tan solo un día, convocar a un tiempo de silencio?.

No creo que sea bueno vivir en la tristeza permanente, y sé que hay mucha gente vulnerable con pocos asideros para llenar las horas de cada día, a los que esos momentos de palmas y canciones, esas recetas que invitan a meterse en la cocina o esos videos de bailes les llenan su vacío por un tiempo y solo por eso hay que darles la bienvenida.

No hay que demonizar la alegría, pero tampoco es bueno esconder la tristeza como si no existiera.

Cuanto invisible deja de serlo.

Pero de todo este gran grupo, los que me hacen encoger el corazón son ellos, nuestros ancianos.

Cada día, detrás de las noticias aparecen las caras sonrientes de unos niños. Su inocencia te llega, y por un momento cuando sus voces infantiles lanzan mensajes para tantos desconocidos abuelos que están en residencias, y sacan sus carteles con mensajes de “no estáis solos”, “os queremos”, me dejo llevar por la ternura de ese momento, pero inevitablemente me invade una profunda tristeza que no puedo ni quiero evitar.

¿Es que de pronto esos ancianos existen?, ¿dónde estaban antes? Aunque nadie lo advirtiera, siempre han estado ahí. Día tras día, la mayoría de ellos en sus sillas de ruedas, esperan desde que asoma la mañana a que llegue la noche, mientras la vida que ellos no viven está fuera de su alcance.

Muchos tienen familia, hijos y nietos, tal vez bisnietos y algunos van a verles algún fin de semana y no demasiadas horas.

Pasan con ellos unos momentos y apenas les prestan demasiada atención.

“¿Que tal estás mamá?”, “¿has comido bien?”, “te he traído este jersey que hace fresco por las tardes”.”Tus nietos te mandan besos, es que no han podido venir”.

Esos amorosos niños que lanzan tan tiernos mensajes no suelen ir a las residencias porque los padres prefieren no llevarlos. Es demasiado triste el espectáculo de tanta soledad, de tanta enfermedad, de tanto no esperar nada, porque sus días son siempre iguales, un camino sin retorno hacia el final de la vida.

La vejez no es bonita.

Pero esos ancianos esperan impacientes que se acuerden de ellos. Disfrutan como niños cuando les hacen juegos, cuando van a cantarles canciones que conocen, pasodobles, boleros o coplas que cuentan amores desgraciados.

Les gusta que les hablen, que les lleven recuerdos de familia, que les lleven la vida que no pueden vivir.

Y cuando la pesadilla acabe, ¿quién les mandará mensajes de cariño cada día a través de la tele?, ¿quién se dolerá de su abandono y soledad?, ¿quién recordará que existen?, ¿quiénes les harán aplaudir todos los días, rompiendo su rutina, para hacerles sentir que son importantes?

Todos los días seguirán siendo iguales que antes, sentados y en silencio esperarán que pase un día tras otro, y  volverán a tornarse de nuevo invisibles para la sociedad.

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Zin acritú

La llegada de la actual pandemia ha pillado a casi todos los gobiernos de los países afectados durmiendo una plácida siesta.

En el caso de España, las hemerotecas tienen constancia de que a nuestro gobierno le llevó más tiempo del preciso, despertar, quitarse el pijama y las legañas y ponerse a actuar como poder ejecutivo. La excusa aducida es que “la epidemia es dinámica y las soluciones deben serlo”. Aunque cualquiera de nosotros podría pensar que se sigue la tradición española de reaccionar a remolque de los acontecimientos, seguramente nuestros gobernantes quisieron decir que aplicaban el método científico ensayo y error; pero en tal caso deberían ser conscientes de que ese método, por si mismo, no es una solución salvo que funcione. Si no funciona lo que se tiene es un error.

En el aprendizaje de las matemáticas se enseña que para resolver un problema es preciso tanto disponer de un enunciado correcto del problema como de la comprensión pertinente del enunciado. Si el enunciado o la comprensión no son adecuados, la probabilidad de error en la solución se dispara. Pasado ya un mes del despegue de la pandemia en España, se ha conseguido que los números que maneja el gobierno muestren gráficas de tendencia optimista, aunque la realidad sea mucho menos halagüeña. No es que no tengamos capacidad de entierros o incineraciones; es que no tenemos capacidad para almacenar más cadáveres.

La decisión del gobierno, tomada con urgencia angustiada para intentar controlar la situación, centralizando un poder que lleva 42 años repartido en 17 virreinatos,  no forma parte más que de un error de otro ensayo: los recursos siguen sin distribuirse adecuadamente. Hablando de error en términos de sanidad pública, se entiende.

Hasta ahora ha habido una letal exhibición de aparente incapacidad para la previsión en materia sanitaria, como demuestra el hecho de espolear a los medios del Régimen para soltar chorros de tinta contando a la población que los culpables del problema (para variar) son otros. Un recurso español clásico. Y para ser completo, la solución no corresponde a quien tiene la responsabilidad, sino al pueblo. Dicho zin acritú, eso es miseria intelectual.

De cara tienen una oportunidad de oro para demostrar dos cosas: que el culo que les interesa salvar es el del pueblo antes que el suyo, y que son capaces de prever lo que se nos viene encima a continuación… y adoptar las correspondientes estrategias eficientes.

Aunque las cosas bíblicas les produzcan alergia, podían tener la referencia alegórica de los cuatro jinetes del Apocalipsis, más que nada porque las calamidades públicas han demostrado durante toda la Historia que en la vida cabalgan juntos la Guerra, la Muerte, el Hambre y la Peste. Por el horizonte suenan ya los cascos del Hambre.

Cuando ya sea imposible seguir ocultando los asaltos y saqueos a recursos, y la seguridad en calles y centros de abastecimientos sea inexistente nos dirán que “no toca” hablar de falta de previsión, que “ahora no es momento”, y que según dice la Ley Orgánica 4/1981…

Cuando el libre ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, el normal funcionamiento de las instituciones democráticas el de los servicios públicos esenciales para la comunidad, o cualquier otro aspecto del orden público resulten tan gravemente alterados que el ejercicio de las potestades ordinarias fuera insuficiente para restablecerlo y mantenerlo el Gobierno… podrá solicitar al Congreso declarar el estado de excepción, que incluye artículos como este:

Ley orgánica 4/1981

Artículo dieciocho.

Uno.Cuando la autorización del Congreso comprenda la suspensión del articulo dieciocho tres de la Constitución, la autoridad gubernativa podrá intervenir toda clase de comunicaciones, incluidas las postales telegráficas y telefónicas. Dicha intervención solo podrá ser realizada si ello resultase necesario para el esclarecimiento de los hechos presuntamente delictivos o el mantenimiento del orden público.

Y más adelante habla de aquellos artículos de la Constitución que “podrían” resultar afectados, como por ejemplo:

Constitución española

Artículo 18

1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.

2. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.

3. Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.

4. La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos.

Artículo 20

1. Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.

c) A la libertad de cátedra.

d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.

2. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

3. La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.

4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

5. Solo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.

Artículo 21

1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que solo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

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Estrategia ante la amenaza del CoVID-19

“Cuando un Estado quiere definir una estrategia para la prevención o neutralización de una amenaza, con el propósito de defender sus intereses, utiliza su servicio de Inteligencia, que se encarga de proveerle de conocimiento para que pueda entender la amenaza y decidir su actuación.”

Pues haga usted lo mismo, use su inteligencia para neutralizar la amenaza

Quizá en estos días se ha preguntado, con el ánimo encogido, si el próximo verano estará vivo o no. Años atrás, por estas fechas, o incluso hace unas semanas, y salvo que tenga usted una enfermedad o lesión importante, es poco probable que usted se hiciera ese tipo de pregunta ¿verdad?. Su percepción de seguridad ha cambiado. Pero recuerde que la seguridad no es más que una sensación, que fluctúa según la información que manejemos.

Nada peor cuando uno está bajo una amenaza de la que ignora absolutamente todo, que el que te inunden de “información” al tiempo que ves que sigues sin saber realmente nada de esa amenaza. El desconcierto está asegurado. Y de esta pandemia parece claro que la información es hoy casi inexistente.

En esta pandemia que sufrimos, antes que dejarse llevar por el miedo o quizá el pánico, conviene que racionalice algunos aspectos. Por ejemplo, no todas las noticias que le llegan son información; ni siquiera los datos oficiales relativos a contagios, porcentajes, evolución, etc. porque no pueden serlo. Distintas formas de recoger los datos, de clasificarlos o simplemente de contabilizarlos alteran la realidad. El razonamiento matemático demuestra que muy probablemente el número real de contagios es bastante superior al que se cree, y debido a ello, la tasa de letalidad es mucho más baja de lo que se dice ahora.

Sin duda habrá escuchado decir que la seguridad 100% no existe en ningún ámbito, y es cierto, usted puede sentirse más o menos seguro en función de como perciba las amenazas de las que tenga conocimiento. Hasta ahora usted se sentía confortable con las amenazas de las que tenía noticia, debido a que las percibía de baja intensidad y además de corta o muy corta duración, lo que facilitaba que fueran almacenadas en el desván de la subconsciencia. El nivel de su percepción de seguridad era aceptable. Uno tiende a sentirse cómodo cuando se siente seguro, sin caer en la cuenta de que ambas sensaciones juntas son la antesala de la vulnerabilidad.

Si usted vive en España, posiblemente haya olvidado totalmente que va ya para ¡cinco años! que está viviendo una “alerta antiterrorista” de nivel 4. Es poco probable que cuando sale de casa, usted esté alerta porque le preocupe su salud o por el riesgo de sufrir un accidente o asalto. A la amenaza de un accidente de tráfico, un infarto, un terremoto, un navajero ocioso, un maltratador, un psicópata con tintes yihadistas o sin ellos, una simple maceta que se cae de un balcón, un error sanitario, una comida en mal estado, o la clásica muerte súbita, ahora se le ha añadido otra más. Es decir, que en cuanto a la existencia de amenazas, poco ha cambiado dado que el número de amenazas a nuestra vida es prácticamente infinito. Entonces ¿qué tiene esta amenaza de distinto? pues que le resulta imposible encajarla como las otras, en la rutina de lo que usted concibe como seguridad.

¿Cuál es la diferencia entre este mes de marzo y el de 2019? Pues son varias, aunque no tantas. Una de ellas que entonces nadie le contaba a diario el número de enfermos y de muertos. Entonces no le llegaba a usted ese tipo de “información”. Por esas fechas usted “ignoraba” que por ejemplo, hablando de muerte, en la Comunidad de Madrid o en la de Cataluña morían en ese mes 1375 y 1848 personas, respectivamente por todas las causas y rango de edades y sexo.

Para quienes vivimos en España, la sensación por la pandemia es de irrealidad; nuestra mente se niega a aceptar que esté sucediendo, en lo que parece ser una reacción institntiva de defensa. Existen centenares de miles de personas para las que ser diezmadas a diario por enfermedades contagiosas es algo natural desde que nacieron. Pero para nuestra percepción forman parte del mundo que “no existe”.

Ante la evidencia de una amenaza, procure utilizar únicamente información, y en su defecto racionalice, no especule ni se deje especular, y elija bien: comodidad y seguridad están enfrentadas. Si elige seguridad debe aplicar un método eficaz de protección y, sobre todo, aquel que ya se sepa efectivo. Para ello, y a fin de conseguir algo más de conocimiento, y por tanto, información para que usted pueda valorar el riesgo, le dejo este enlace que el Washington Post ha puesto a disposición del mundo en el que explica de forma clara, para que los legos podamos entenderlo, el efecto de algunas medidas de protección que se muestran eficaces.

Recuerde: en situación de riesgo, deje su comodidad a un lado.

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Plan Europeo de Recuperación

¿Estamos ante un Plan Europeo de Recuperación versión 2.0?

El título de esta entrada seguramente no le suene a casi nadie, ni escrito en el inglés original como European Revovery Plan. Como se hizo popular en Europa fue con el apellido del entonces Secretario de Estado de EE.UU, Georges Marshall, de quien procede la iniciativa de dicho plan.

El plan del famoso general, que fue avalado por el Congreso y el Senado de los EE.UU., pretendía alcanzar dos objetivos principales, embebidos el uno dentro del otro: la recuperación de la producción y la recuperación de la asolada economía de Europa, tras la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y como segundo objetivo frenar la expansión del comunismo.

El Plan se puso en marcha después de intensos debates, no solo entre los partidos demócrata y republicano, sino entre los distintos gobiernos europeos. Finalmente estuvo activo entre 1948 y 1951, y la recuperación europea fue sensacional: en dos décadas, el crecimiento de la producción agrícola e industrial no tuvo precedentes, y el hambre y la pobreza en que la crisis había sumido a la población, dieron paso a un mayor nivel de vida. En cuanto al comunismo en Europa, todos sabemos como quedó.

Tanto la ayuda como el retorno de la inversión (las contraprestaciones) fueron desiguales, como también fueron desiguales las colaboraciones europeas que utilizó EE.UU. para actuar contra el comunismo alrededor del mundo. Lo cierto es que Europa se reconstruyó, se creó una unión económica que empezó a exportar su producción a EE.UU. de la que se hacía cargo la Administración para la Cooperación Económica , administradora del Plan. La ayuda no solo fue económica, sino también con intercambio de ingenieros y consejeros tecnológicos.

72 años después, EE.UU. da la espalda a Europa (ya sin Reino Unido) al tiempo que China llega a Europa dispuesta a ayudar, a través de los países más afectados por ahora  (Italia y España), lo que inevitablemente recuerda al Plan Marshall. Ambas situaciones tienen un mismo escenario: incertidumbre y el evidente riesgo de muerte.

Al darnos cuenta de nuestra vulnerabilidad, descubrimos a la par nuestra letal ignorancia sobre la  amenaza que nos acecha, y de ahí al pánico hay un paso. Si hablásemos en términos bíblicos, de los famosos cuatro jinetes, la guerra (con un enemigo invisible y desconocido)  y la muerte, ya están en la calle. El hambre espera paciente su turno, con el paro que seguirá al paso de la pandemia y la conquista solo es cuestión de tiempo. Por tanto, esta situación de naufragio con escasez de salvavidas, es idónea para ofrecer ayuda.

Obviamente las diferencias de una y otra ayuda son muchas, aunque alguna coincidencia también existe. En ambos casos, lo que el pueblo percibe es la ayuda, que siempre es de agradecer. Lo que nos quedará por conocer serán las contraprestaciones.

 

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Politicoenteritis

Llevamos décadas sentando en el Congreso y el Senado a seres que en el común de los casos no son más que residuos biológicos excretados con más fortuna de aquellos que se marcharon por la cloaca

 

Enfermedad caracterizada por la inflamación del tracto cerebral compuesto por la vista y el oído y su unión con el cerebro delgado, debido a la ingesta de demagogia orientada a niños pequeños.

Los españoles no podemos afirmar que seamos precisamente unos consumidores exigentes. A la hora de consumir somos proclives a anteponer aquello que sea tendencia social antes que preocuparnos de la calidad de lo que vamos a consumir, con independencia que se trate de un producto electrónico, ropa, calzado, vehículo, bebida, comida,  información, audiovisuales, opinión, ocio o relaciones sociales.

Cuando suministramos a nuestro organismo una comida o una bebida o un medicamento en mal estado, nuestro organismo lo rechaza de forma automática; sin embargo somos capaces de consumir políticos low cost sin que nuestro organismo manifieste ni un simple escalofrío.

Si hablamos del consumo de redes sociales, no podemos vivir sin el cachivache electrónico de turno, aunque ocupamos la primera posición en Europa de inocencia y credulidad con cualquier fake new que nos larguen.

Si hablamos de consumir alcohol, miraremos más que se corresponda con lo que esté de moda que con la calidad.

Sobre los sujetos que elegimos para que nos gobiernen y nos representen, nada hay que explicar: ahí estan. Es la evidencia más espantosa de lo que consideramos un líder. Llevamos décadas sentando en el Congreso y el Senado a seres que en el común de los casos no son más que residuos biológicos excretados con más fortuna de aquellos que se marcharon por la cloaca, son huecos, faltos de realidad, arrogantes, presuntuosos, que precisan esconder su mediocridad tras suntuosos palacios, criados y carrozas (algún que otro Falcon si se tercia), sueldos de faraones, carentes de inteligencia en la expresión oral que suelen reemplazar con infantil verborrea demagógica, confiando en la sumisión del ciudadano.

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Aldeas infantiles 4.0

Cuando un gobierno tras otro no muestra recato alguno en tratar a los ciudadanos como niños de 4 años, es que hemos debido darles motivo para ello.

Para que vean como está el patio, y al socaire de la socorrida yihad, nos hemos montado un chiringuito de Seguridad Nacional (en realidad lo llaman Departamento), hemos creado cinco niveles de alerta, y para que se vea que la cosa va en serio, han dicho muy serios que estamos en el nivel 4. Ahí es ná. Sepan ustedes que ese nivel de alerta permite por ejemplo que, en medio de una multitud un paisano se acerque al Presidente del Gobierno y le arree un sopapo con regodeo, o que en lugar de poner a nuestra sofisticada Guardia Civil a proteger lugares tan estratégicos (y desde el punto de vista yihadista tan comerciales) como los aeropuertos, colocan a empresas de seguridad privada, acompañada de mariachis sindicaleros para utilizar conjuntamente a personas con contratos que sonrojarían a un esclavista y con más voluntad que formación y capacidad, para proteger lugares tan estratégicos.

Ese chiringuito de “Seguridad Nacional” se encarga de que primen los asuntos laborales por encima de la seguridad, y los deseables derechos de unos pocos esclavizados, por encima de la seguridad de todos, de modo que a cada verano, o congreso MWC o similar, los sindicalistas hagan ver como que se preocupan por los trabajadores, agitan un poquito el ambiente y se vuelven gozosos a seguir degustando su marisco.

Y llevan años así. Ya hasta Eulen o Prosegur, que eran los que se repartían la tajada de los aeropuertos principales dejaron de aceptar las condiciones de AENA y han dejado paso a Trablisa, una empresa casi familiar con raíces en las islas catalanas, y que opera en territorio catalán.

Y el caso es que por todos los lados nos quieren convencer de lo importante que es la seguridad en los aeropuertos. El problema está en que los hechos demuestran de forma continua y real que lo que menos importa es la seguridad de los viajeros.

Ahora, usted, chúpese el dedo y trate de no pensar porqué no es la Guardia Civil la que se encarga de controlar la seguridad en el aeropuerto.

Aviso a espabilados: la moto de que hay guardias detrás de los controles no la compro.

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Ya no

Mucho tiempo se mantuvo el dicho “quien tiene la información tiene el poder”, pero hace tiempo que los hechos vienen demostrando que ya no es así, que quien tiene realmente el poder es el que tiene el voltio.

Si. Empezamos por darnos cuenta que en la farmacia no sabían los precios de las cosas si no tenían corriente eléctrica. Luego fue la mercería, luego la tienda de comestibles de toda la vida. La gasolinera hacía años que no funcionaba si no tenían corriente, y las puertas de muchos establecimientos, amén de ascensores, quirófanos o juzgados. Poco a poco hemos ido cayendo en manos de la electrónica, esa hija que un buen día tuvo mamá electricidad.

Nos enseñaron como esa recién llegada nos invitaba a abandonar el papel, tanto para escribir como para leer; libros y periódicos en soporte papel han desaparecido (no, el papel higiénico de momento no) y hasta ese teléfono de baquelita negra o los ultra modernos modelos “góndola” funcionaban aunque en nuestra casa se hubiese ido la luz. Eso si, necesitaba que la central tuviese corriente para enviarnos por el hilo de cobre los 12V que necesitaba el cacharro. Los aviones comerciales ya no pueden utilizar aeropuertos si no hay corriente en ellos. Los trenes de carbón desaparecieron y quedan cuatro de gasoil. Los barcos de pesca de bajura ya disponen de subvenciones para reemplazar sus viejos motores diésel por eléctricos. Y que decir de los fabricantes de coches, que nos tratan de convencer de que la ilusión de nuestra vida es disponer de uno eléctrico. Incluso la información desaparece cuando desaparece el voltio.

El transporte, los servicios, la alimentación, la sanidad, la enseñanza, la justicia, la seguridad… todo queda en suspenso si papá voltio se pira.

Recientemente hemos podido comprobar lo sencillo que resulta desenchufar medio continente, con el caso de Argentina, pero como buenos avestruces seguiremos obedientes la doctrina de Nuestro Señor El Voltio, escondiendo la cabeza y obviando la realidad, todo sea por que no se diga.

Ya tenemos claro que el Señor es el que tiene el voltio.

Y ahí empezamos a echar la vista atrás. Existió una época, a principios de los años 80,  en que nuestro gobernante natural de las últimas décadas (Euzkadi Ta Askatasuna), decidió que había que paralizar determinadas centrales de producción eléctrica. Para ello secuestró y asesinó al ingeniero José María Ryan, jefe de la central nuclear de Iberduero en Lemóniz, y la orden fue cumplida a rajatabla, paralizando totalmente la central. Luego “aparecieron” los apóstoles de la cosa “verde” que también fueron imponiendo sus doctrinas para la eliminación de las centrales nucleares, basándose en lo peligroso del plomo o las radiaciones. En su momento se dijo que esas campañas de la Iglesia de la Ecología eran muy oportunas para la industria nuclear  francesa,  incluso había quien creía ver a los servicios secretos franceses detrás de esos movimientos para neutralizar nuestra producción eléctrica. Ya se sabe que hay muchos chiflados que ven conspiraciones por todos los lados.

Sin embargo, los hechos son tozudos. Fíjense: el pasado año batimos el record de importación de electricidad. Y ¿adivinan de qué país la importamos?. Pues si, Francia.

Y ustedes se preguntarán ¿cómo es posible, si el sistema español de producción eléctrica está sobredimensionado?. Pues según cuentan los gurús de la cosa energética se trata de la ley de mercado. Parece ser que debido a los precios mayoristas en el mercado español, resulta más barato importar, y la oferta que resulta seleccionada es… la francesa. Además, la cosa sostenible tiene que esperar a que viento y lluvia sean suficientes, a que recojamos bastantes rayos solares… y mientras compramos lo de nuestros vecinos.

No, en Francia no manda Euzkadi Ta Askatasuna, y se ve que a la Iglesia de la Ecología tampoco, porque el número de reactores nucleares es de 58 (17 serán cerrados próximamente), es decir, el 75% de su energía eléctrica es de origen nuclear. Eso si, aquí seguimos en el acto de fe de que una catástrofe nuclear en suelo francés, quedaría detenida en la raya de la frontera.

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Había una vez un Zoco-Circo…

Desde mi ignorancia, entiendo que se le llama zoco, a un mercado del norte de África, digamos “pintoresco”. El Circo, cuya antigüedad algunos alargan hasta los 3,000 años, se inventó por los gobernantes de turno para distraer al personal, y que así, por lo menos por un rato ( o días… o meses), se olvidaran de sus miserias, como válvula de escape, y continuaran “obedientes”. Lo cierto es que me da bastante igual que lo anterior se ajuste con exactitud a la realidad histórica, pues como ya habrán advertido mis agudos lectores, se trata de una ironía comparativa.

Lo único cierto es que el zoco, es un fraude. Una estafa. ¡ Bonito… barato…! Relojes de marca a 10 euros… Alfombra persa a 50 euros, seguramente de Crevillente… Todo mentira. Pero funciona…

El circo es una ilusión. El león está recién comido o drogado por el domador. Los padres se disparan a carcajadas con las chorradas de los payasos, para que los hijos se rian por contagio. Pero funciona…

Por su puesto que no soy sociólogo (con todos los respetos, creo que es una de las profesiones más inútiles que creó la segunda revolución industrial), pero me atrevería a decir que a la inmensa mayoría de los humanos del mundo occidental, nos gusta que nos engañen. Que nos estafen. Que nos mientan. Si con ello logramos la autojustificación. Y que nos dejen tranquilos…

En 1,978, se inició “oficialmente” en España, un nuevo sistema de control de la sociedad y del beneficio de los poderosos. No voy a tratar de explicar aquí lo que supuso y como lo hicieron, porque, por un lado, casi todos lo sabemos, y por otro, porque me alargaría bastante, y muchos dejaríais de leerme, por aburrimiento, y no me gustaría. Vayamos a HOY.

Casi todo el mundo, en España (y parte del extranjero), está hasta las narices de los días, semanas, que llevamos de “trapicheo”, de compra-venta, del espectáculo que nos están dando la llamada “clase política”. Y no es para menos. Y lo que queda.

Casi todo el mundo, en España, (y parte del extranjero), está cabreado porque ven (los que lo ven), que su voto, en muchos casos con la mejor de las intenciones, solamente está sirviendo para el espectáculo que estamos observando.

Pero… ¿es que alguien lo dudaba…? ¿De verdad, alguien pensaba que su voto, “con la mejor de las intenciones”, iba a servir para algo más que para lo que estamos viendo…? Y para lo que nos queda por ver…

A ver si nos vamos enterando de que, a los integrantes de nuestra llamada “clase política”, lo único que les interesa de nuestro voto, es que les sirva para estar “en el sitio” durante cuatro años. En el mejor sitio posible. Y luego, ya harán todo lo que esté “en sus manos”, para que sean cuatro años más.

Y… a pesar de mi dolor por España, y por los españoles, no puedo dejar de sonreir, cuando escucho aquéllo, que muchísimos habremos escuchado en varias ocasiones…

“Prefiero que me roben “los míos”, a que me roben “los otros”…

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Anomalía estable

Hemos convertido España en una anomalía en equilibrio estable, que cada vez que es apartada de su posición inicial, vuelve a ella por el efecto de la idiosincrasia ejercida por nosotros.

Conseguimos una sociedad con las cárceles llenas (pongan ustedes los “ex-”), de ministros presidentes autonómicos, alcaldes, concejales, militares, sacerdotes, empresarios, constructores, directores de bancos, miembros de consejos de administración variados, directores del FMI (bueno, el único español que ha habido), presidentes y jugadores  de clubs de fútbol y de federaciones deportivas, consellers catalanes y valencianos, políticos andaluces y madrileños, insignes profesores, sindicalistas, responsables del Liceu y del Canal de Isabel II, tesoreros de partidos, generales y directores generales de la Guardia Civil, comisarios de policía, abogados, fiscales y jueces. Y hasta el cuñado del Rey.

Nos ponemos exquisitos haciendo concursos de apología sobre la importancia de la igualdad y acto seguido nos despachamos troceando España en 17 cachos alegando que es muy importante mantener las peculiaridades que hacen a cada uno de los cachos distintos de los demás, y a cada uno de los miembros de cada cacho, más puro y perfecto que los demás. Vivimos en un estado placentero de exaltación emocional y admirativa porque hemos conseguido textos académicos de matemáticas o geografía basados en esas diferencias peculiares, o el más entusiasta todavía de diferenciar la salud en función del cacho donde uno esté censado.  Y mientras insistimos en lo vital que resulta la igualdad creamos leyes para diferenciar al personal por razón de edad (Ley del Menor), de sexo (Ley de Violencia de Género), de etnia raza o nación (Regímenes forales), amén del sinfín de aforamientos para jueces, magistrados, fiscales, políticos y varios cientos de cargas públicas, excelentísimas e ilustrísimas.

Conscientes de  nuestra excelencia social y más democrática que nadie, nuestros políticos diseñaron el delito de odio…

…y ahora se disputan como agruparse para odiar unos a otros, ignorando el Código Penal que ellos mismos ingeniaron. Eso si: como buenos demócratas asegurando siempre que “los otros” son fascistas, sean partidos legales de izquierda o derecha. Que no se diga.

Mantenemos una excelsa sanidad pública que mima los problemas mentales de los españoles con tal cuidado que hemos conseguido ser líderes europeos en consumo de ansiolíticos, y una excelente tasa de 10 suicidios consumados al día y 200 tentativas diarias. A la par con un buen puesto en consumo de cocaína y cannabis y un discreto puesto de fracaso académico disponemos de un excelente elenco capaz de votar lo que haga falta o actuar como jurado con una envidiable capacidad mental.

Unas leyes envidia de los países más democráticos del mundo, que protegen policial y judicialmente al primero que te ocupe esa casa que aún te quedan por pagar 20 años de hipoteca (¡ah, y no le cortes la luz o el agua!), pero que como te ocupen el coche lo llevan claro, porque tanto policía como jueces serán un terrible azote para ellos.

¡Aupa el equilibrio la anomalía estable!

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El síndrome que no tenemos

Como sucede en cualquier otro trastorno de la conducta, porfiaremos en que nosotros, de síndrome de Diógenes, nada de nada.

Según los cánones del síndrome de Diógenes, sufrimos un trastorno del comportamiento caracterizado por el abandono personal y social, el aislamiento voluntario y la acumulación de basura, desperdicios y miseria, y lo hacemos -además- con el convencimiento de que todo eso que almacenamos nos es o nos va a ser, necesario.

Nos podemos engañar diciendo que cuidamos nuestro aspecto exterior, olvidando que la persona es algo más que el envolvente, dejando nuestro cerebro al ralentí indispensable para la supervivencia, utilizando cada vez más, ideas, expresiones, frases u opiniones ajenas, anulando nuestro propio criterio, siempre anhelando seguir la doctrina ortodoxa para conseguir la aceptación por la tribu y temiendo su rechazo.

Mantenemos abandonada la actividad intelectual, temerosos de ser repudiados, y optamos por usar las ideas y criterios  de otros.

Nos podemos engañar diciendo que tenemos 23.286 amigos en las redes sociales o que “nos siguen” un millón de visitantes, pero seguimos ignorando quién vive en el piso de al lado o cómo se llama.

Somos capaces de estar horas “chateando” con “amigos” mientras no dirigimos la palabra durante horas a los amigos o familiares que tenemos sentados a nuestro lado.

Convencidos de que disponemos de “todo” lo que “necesitamos” dejamos de preocuparnos por exigir calidad en aquello que consumimos, se trate de comida, información, formación académica o laboral, ocio, o representantes políticos.

Somos amantes del “low cost”, de pagar poco (o mejor gratis) con tal de consumir, y nos importa un bledo que lo que consumimos sea basura con tal de no gastar, ni criterio ni dinero. Nos da igual que en el Congreso nos represente un partido mafioso o un partido fascista (virado a izquierda o a derecha, que igual da). Nos da igual que se nos manipule descaradamente y preferimos que nos suministren opiniones pre-masticadas antes que información. Somos sumisos no solo en la forma de vestir o de tunearnos, sino en el pensamiento del grupo, en decir únicamente lo que los demás “deben” escuchar, en utilizar el ocio como se nos diga, aturdiendo cualquier posibilidad de elaborar un pensamiento o intercambiar ideas personales con otras personas.

Cumplimos escrupulosamente todos los requisitos para ser diagnosticados del trastorno llamado síndrome de Diógenes. Lo que nunca haremos será aceptar el diagnóstico.

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