Presidentes al borde de un ataque de nervios

Cuando el actual Presidente de Francia, el señor Hollande, tenía 15 años no pensó que el  manual básico que un modesto guerrillero publicó entonces podría haberle servido de lección. Ahora, angustiado por los asesinatos masivos en su país y con sus policías y militares al borde del agotamiento, llama a los reservistas a una guerra que parece no comprender. Y no es el único. A juzgar por las reacciones en Occidente, parece que no es lo mismo las matanzas en montañas remotas y desiertos lejanos que en casa de uno, ¿verdad?. Ahora se sienten al borde del ataque de pánico.

En 1969 cuando Carlos Marighella publicó su Minimanual del guerrillero urbanomarighella (puede consultar la traducción usada por nuestro Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional a partir de 1972 descargando en formato pdf aquí), ya dejó bien claro a quien corresponde la victoria entre quien combate persiguiendo un salario y quien lo hace persiguiendo un ideal. Y no me negarán lo fácil que resulta meter un ideal, por más absurdo que sea,  en la cabeza de un tarado. Si lo hubiesen leído los políticos occidentales actuales o alguno de sus miles de asesores, sabrían lo que beneficia al autor del terror las tonterías que puede llegar a decir o hacer un Presidente histérico, o el beneficio que puede producir al atacante la adecuada explotación de “la libertad de expresión”.

Hollande y sus contemporáneos colegas parecen no comprender que policías y militares como fuerzas represivas, y los servicios de inteligencia e información como fuerzas preventivas, pertenecen a un escenario distinto de aquél en que se están desarrollando los hechos. Ellos y la población han tenido la desgracia de comprobar de forma repetida  lo inútil que es poner números a las “alertas” y que la coreografía folclórica con uniformes peliculeros de policías y militares sólo sirve para rellenar telediarios e impresionar a los niños. El escenario ha cambiado y la antigua metodología ya no sirve. La incapacidad para comprender los cambios les lleva a tratar de etiquetar todo para que les suene familiar o conocido: “lobo solitario”, “yihadista”, “radicalizado”, “internet” y un largo rosario de palabras que ni siquiera comprenden, pero los hechos demuestran  que el problema que tienen tenemos no se soluciona poniendo etiquetas.

Si uno tiene un jardín con lindas flores y plantas aromáticas y lo cuidan unas amables viejecitas casi sordas y medio cegatas y de repente decide que además de las flores y plantas vivan allí cocodrilos y serpientes pitón, no debería llamarle la atención que de vez en cuando alguna de las viejecitas pueda desaparecer.

Alguien debería advertir al jardinero, en sus idílicas ensoñaciones, que el abono y los fertilizantes que venía utilizando con aquellas flores y plantas resultan inoperantes… para evitar que el jardín acabe desapareciendo.

Anuncios
Publicado en Social | Deja un comentario

Putos viejos

No puede decirse que España sea un país que cuida a sus mayores. No al menos si tratamos de compararnos con la mayoría de países asiáticos o andinos, por ejemplo. Hasta hace pocos años los almacenábamos en lugares con nombres rebuscados y apariencia más o menos tuneada, porque estábamos demasiado ocupados en ganar mucho dinero para pagar la segunda casa y el tercer coche; con la llegada de la crisis la cosa ha variado en función de que los hijos tengan trabajo o carezcan de él y en éste último caso, de lo interesante que sea la pensión que cobren los abuelitos.

Las últimas votaciones generales han servido de acicate para que aflorase en los vomitorios sociales lo más granado y selecto de los sentimientos que los ancianos despiertan en nuestra moderna y próspera sociedad, en la que -como sabemos- todos se desviven por la igualdad, el respeto y la democracia.

drawing

Mensajes recopilados en buscadores de la red, unos días después de conocerse el recuento de los votos

Podría pensarse que lo expuesto es tan sólo una moda entre jóvenes demenciados, pero nada más falso. Esas gentes a las que cada cuatro años invitamos a que vivan en palacios usando carrozas y lacayos, y luego mantenemos económicamente holgados (conocidos en algunos sitios como políticos) resulta que también están demostrando una preocupación muy similar por los ancianos. Sin sonrojo alguno, como el buen hijo pródigo, se dedican a comerles sus ahorros. Y cabría pensar respecto de esta plaga social: ¿son sólo unos estúpidos o auténticos malvados?.  Lo digo porque Gobierno tras Gobierno, y con independencia de la etiqueta ideológica que ondeen, se obstinan en renunciar sistemáticamente a ingresar una cantidad que se ha  estimado en unos seis mil millones de euros anuales.

draw

Los políticos saquean las pensiones y tampoco consienten que la prostitución cotize por sus millonarias ganancias

La cifra, discutida e imposible de precisar, procede de varios estudios realizados sobre el dinero que mueve el mundo de la prostitución -en su conjunto- en España. Con independencia de las cantidades, lo cierto y real es que ninguno de los Gobiernos que acceden a la presidencia de España consiente en que quienes negocian con la prostitución tributen ni un sólo céntimo a la Administración. Se niegan sistemáticamente; y para ello aducen cosas como el “escarnio” o la “vergüenza” del personal putero mientras ignoran sin sonrojarse sus derechos sociales más elementales. El fariseísmo les lleva a reconocer en el Código Penal la existencia del negocio de la prostitución, a la par que se afanan en amparar a prostituta(o)s y proxenetas para que sus ingresos lo sean libres de tributos.

Nos deja perplejos pensar  si el beneficio que obtienen los gobernantes por ello, compensa el perjuicio que causan.

Ese desprecio institucionalizado hacia los ancianos, posiblemente, debería causar a sus promotores algún beneficio, porque la estupidez, en palabras de Carlo Cipolla es “una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana”, y ellos seguro que se niegan a considerarse estúpidos.

Les dejo el esquema de la Teoría de la Estupidez Humana de Carlo Cipolla entre el beneficio obtenido y perjuicio ocasionado, para que ustedes mismos puedan deducir dónde encuadran a quienes demuestran sin ambages su desprecio por los ancianos… que un día serán.

Esquema sobre la estupidez humana

Esquema sobre la estupidez humana

Publicado en Curiosidades | Deja un comentario

VIEJOS

Melina

Hasta la palabra es dura, áspera, con esa letra jota tan nuestra, tiene un sonido que al salir de la garganta le confiere una dureza casi despectiva según el concepto del que se hable.

Es una palabra que siempre tiene un matiz ligeramente excluyente, de algo inservible o en desuso, de algo excluido de la vida, de algo casi muerto. Se la intenta disfrazar con otros nombres que, en el caso de objetos, le dan un carácter de valor añadido, así se dice: “es un mueble muy antiguo”, “este monumento tiene tantos siglos de antigüedad”, “este libro es un incunable”, entonces todo el mundo sabe que se habla de algo valioso, digno de ser protegido, pero en los mismos casos si decimos que un mueble, edificio o cualquier objeto de uso cotidiano es viejo o está viejo, enseguida piensas en algo que hay que desechar por inservible o deteriorado. Es curioso como cambia el sentido variando la palabra.

Si simplemente nos referimos con ella al ser humano, enseguida hay alguien que intenta suavizarla, así en lugar del “que viejo está” que sale como un dardo que da siempre en la diana, se dice “está muy mayor”.

También se la intenta dotar de cierta categoría, como cuando se dice de alguien “es un anciano venerable”, o, “tiene toda la sabiduría de la ancianidad”, pero solo son paños calientes para eludir hablar de una carrera imparable hacia la nada. ¿O pensamos que ese sabio o ese escritor maravilloso, no darían algo por tener menos conocimientos o ser menos famosos y tener la juventud que se escapa de sus manos sin poder hacer algo por evitarlo?.

La vejez más que sabiduría te da experiencias, malas o buenas y muchos conocimientos que, lógicamente, en el caso de la juventud es imposible que hayas adquirido y una ciertaancianos filosofía para ver la vida de un modo más tranquilo, quizá también porque el cuerpo empieza a mostrar su cara más amarga, empezamos a notar que tenemos brazos, piernas, columna y varios órganos dentro, que antes, es posible que muchos privilegiados no supiéramos que estaban, y comenzamos a tener necesidad de un lugar en el cuarto de baño “para medicinas”, lugar que según pasan los años se nos va haciendo pequeño en la medida que nuestro deterioro es mayor.

Hay algo que se agradece cuando se adquiere una cierta edad (veis yo también he evitado inconscientemente el decir ser más viejo), y es el poder ser más sincero con el entorno que te rodea, más sincero en el sentido que te importa menos que tu sinceridad sea algo menos educada, vamos en lenguaje coloquial que si alguien te parece imbécil lo demuestras más abiertamente, guardas menos las formas a las que la cortesía al uso te obliga, creo que es uno (¿o el único?) beneficio de la edad.

Ese convencimiento de caminar hacia un final no programado por nosotros, también nos hace intentar sacar a la vida el máximo provecho, intentar disfrutar con los cinco sentidos como si cada día fuese el último, queremos hacer cosas que antes eran sólo ilusiones, queremos no agobiarnos más de lo preciso, aunque no siempre lo consigamos, pero cada noche sabemos que ha terminado un día más ¿o menos? de nuestra vida.

Mi hermana Giulia me cuenta que en Italia el llegar a viejo tiene el aliciente de que no solo te jubilas de la vida laboral que, en según que tipo de personas, te puede llevar a la depresión o a la alegría de vivir plenamente tu tiempo, sino que te encuentras con una cantidad importante de dinero producto de tu tiempo trabajado que te permite realizar en una edad avanzada muchas ilusiones pospuestas durante tus años jóvenes, al contrario que en nuestro país que la jubilación generalmente conlleva un apretón del cinturón a no ser que hayas sido previsor y tengas un buen plan privado de jubilación que te permita seguir con el mismo nivel de vida que tenias hasta entonces.

No me gustaría dar la idea equivocada de que me aterra envejecer, porque no es del todo exacto, llevo bastante bien el cumplir años, y me gusta haberlos vivido del modo que lo he hecho, por eso apenas cambiaría gran cosa de poder retroceder en el tiempo, pero no puedo evitar esa ligera sensación de sentirme estafada, de que la vida es muy corta y no tiene sentido tanto esfuerzo para llegar a un final que no está en mis manos el poder soslayarlo, de que la vejez te llega muy pronto y cae como una losa sobre todos tus proyectos, aún así, me sigo sintiendo ilusionada por muchas cosas y la esperanza, —esa virtud que tanto me gusta—, de conseguir realizarlas me hace despertar contenta cada día.

La vida sigue con una fuerza que no podemos dominar y a nuestras vidas llegaron ilusiones nietossonrosadas y diminutas que llenaron en su momento de color nuestra casa. Fuimos abuelos, y también tíos abuelos y esas personitas, me hicieron desear vivir para ver su propia vida, para poder contarles historias de amor y de esperanza, para poder enseñarles un mundo de fantasía que le ayude a mirar al mundo real con otros ojos. Por eso reconozco que vale la pena envejecer para poder ver que otras vidas que son también tan tuyas hacen que la palabra “muerte” pierda su más negro sentido.

Publicado en Personal | 1 Comentario

Recordando

Julita

Cuando en el año 1.968 vine a vivir a Roma, mis conocimientos de la lengua italiana eran en realidad un poco escasos.

Cuatro años antes, durante un viaje de estudios a Londres, había conocido al que hoy es mi marido, y nunca tuve problema alguno para charlar con él. Cada uno de nosotros usó siempre su propio idioma, intercalando palabras en inglés si nos parecía que esto ayudaba a la comprensión del diálogo.

Mi amiga y compañera de viaje adoptó el mismo sistema para conversar con el, a su vez amigo y compañero de viaje de mi “ragazzo italiano”. Se formó así un grupo de cuatro personas que hablaban contemporáneamente tres idiomas como en una bíblica Torre de Babel.

La cosa funcionó perfectamente, tanto es verdad que mi amiga acabó casándose con el amigo de mi “futuro” aún antes que yo, y hoy residimos todos en Roma manteniendo una estupenda amistad que hemos transmitido a nuestros hijos.

Todo esto para explicar que estaba acostumbrada a oír hablar un italiano poco ortodoxo y a ser además comprendida en español. O al menos así yo lo creía, pues a veces manteníamos animadísimas discusiones, que incluso generaban en enfado, pero que solían terminar en risas cuando descubríamos que llevábamos horas charlando de argumentos totalmente distintos, o defendiendo con pasión un mismo punto de vista sin saberlo.

Establecida en Roma y debiendo afrontar la vida cotidiana, vecinos, transportes, médicos, mercados, etc., se hizo necesario mejorar mi capacidad de expresión-comprensión, y sabiendo que los niños con su sencillo lenguaje, son excelentes maestros para los extranjeros,  pasaba largos ratos con mi recién adquirida sobrina de cuatro años, pero eran más las palabras españolas que ella memorizaba que las que yo aprendía, por lo que decidí entonces aprovechar mi pasión por el cine para incrementar mi vocabulario.

Pensaba yo, que esto del cine funcionaba en Italia como en España o Inglaterra, es decir, se pone uno en la cola, espera su turno, compra su entrada eligiendo su sitio si las localidades son numeradas y si no es así, tratando de llegar prontito para encontrar un buen asiento.

La primera tarde que mi marido me acompañó al cine, pude comprobar que todo lo dicho anteriormente carecía de sentido en Roma. Para empezar, me sorprendió mucho que mi marido, siempre puntual, no viera ninguna necesidad de llegar al cine con más de diez minutos de anticipación, aún tratándose de una película estrenada recientemente y yo tenía miedo de encontrar una larga cola, pero por más que insistía, recibía sólo como respuesta una sonrisa y un “tu tranquila”.

Al llegar a las proximidades del cine y viendo un pelotón de gente que amontonadas se empujaban unas a otras invadiendo la calle y creando incluso dificultades al, ya de por sí,detenido espera juicio dificultoso tráfico, pensé que había ocurrido alguna desgracia. Mi marido pacientemente me explico que se trataba tan sólo de la gente que intentaba comprar las localidades a tiempo de ver comenzar el espectáculo y, dado que la taquilla se abría solamente diez minutos antes del inicio del mismo, era inevitable un poco de jaleo.

Me localizó después un protegido rincón de la pared donde ya se agrupaban unos cuantos niños, ancianitos y otras tantas personas indefensas que esperaban tranquilamente a que los padres, familiares o amigos más aguerridos consiguieran, a fuerza de codazos, las suspiradas entradas, y seguidamente se lanzó él también a la conquista de las mismas.

Esta fue la primera ocasión que tuve de conocer la aversión de los romanos a todo lo que signifique ponerse en fila. Se amontonan ante los cines, autobuses, correos, bancos, ambulatorios o puestos del mercado.

Si entrando en una concurrida carnicería se me ocurriera preguntar: “¿Quién es el último?”, lo mejor que me podría pasar es que me miraran en silencio como a un bicho raro, lo peor, que alguien me contestara de mala manera: ¿A Ud. qué le importa?”.

Si comento con mis amigos romanos lo incómodo e incivil de este comportamiento, me responden con un: “En Roma es así”, frase que se oye a menudo para justificar cualquier desmadre. Más de una vez he comprobado la sorpresa que les causa ver en Madrid gente que, ordenadamente en la cola, espera para subir al autobús o para sacar unas entradas y, no digamos, para comprar la lotería. Me suelen decir que da gusto ver ese orden, pero que también les parece un poco triste eso de alinearse siempre en vez de dejarlo a la iniciativa de cada cual y al “¡que gane el mejor!”.

En la actualidad varios cines (los primeros fueron los del Sr. Berlusconi, quien, en este sentido, trató, inutilmente, de educar a los romanos), han colocado una serie de barandillas que, al menos por unos cuantos metros,  obligan al público a ordenarse en fila de a uno. Los romanos, como de costumbre, se adecuan a la situación, comentando incluso que está bien eso de no tener que pisar a la gente o clavarle un codo en el hígado. A pesar de ello, en los cines donde no han adoptado tal sistema, las escenas que yo viví hace casi treinta años, se repiten inmutables, lo que demuestra lo incorregible de su carácter, apenas se afloja el control.

Esperando que mi marido volviera con las entradas, observaba interesada una especie de panel colocado en la pared, sobre la cabeza de la taquillera, en el se encendían o se apagaban unas lucecitas verdes y rojas en correspondencia con unas frases escritas en el mismo. El panel estaba bastante alto, de modo que la gente, en medio del barullo, podía controlarlo alzando la mirada.

No entendía bien el significado de esas señales, que me fueron posteriormente explicadas. Unas anunciaban el comienzo del espectáculo y los varios momentos del mismo: noticias, documental, anuncios, primer tiempo, descanso y segundo tiempo (en Italia las películas se dividen siempre en dos tiempos para que los espectadores estiren las piernas, charlen y vayan al bar o al servicio). Otras indicaban si quedaban sitios libres en butaca de patio, arriba o sólo de pie. Y aquí es necesario explicar que las entradas de los cines nunca eran numeradas por lo que se vendían tantas como se solicitaran,  eso sí, advirtiendo con las lucecitas que les tocará estar de pie porque el cine está de bote en bote. Dado que el precio de las localidades es bastante elevado, se dejaba a la elección del público, como gusta a los romanos, eso de gastarse mil y pico de pesetas para disfrutar de una buena película…. de pie.

Hoy en día, las entradas son numeradas, por lo que sólo se pueden vender tantas como permita el aforo. Los paneles luminosos no existen, al haber desaparecido la utilidad para la que estaban concebidos, pero las colas siguen siendo caóticas, salvo que existan esas barreras para guiar al “rebaño”

Superadas estas pequeñas dificultades, logramos entrar en el cine, perdiéndonos apenas unos minutos de proyección, e incluso conseguimos sentarnos, aunque en un lateral de una de las primeras filas. A pesar del estrés que tan insospechada situación me había producido, decidí relajarme y concentrarme en la película,  pero no había contado con otra sorpresa que me esperaba.

Mis vecinos de asiento sacaron al unísono sus cigarrillos y se dispusieron a gozar de las próximas dos horas mientras fumaban unos pitillitos. Noté entonces que cada butaca estaba equipada con un cenicero que emanaba un fuerte olor a nicotina. Esto, añadido a la nube de humo que comenzó a flotar a mi alrededor, empezó a causarme un molesto picor en los ojos. De aire acondicionado, en aquellos tiempos, ni se hablaba, con lo que es fácil imaginar lo que suponía estar en un ambiente cerrado con más de 100 personas fumando alrededor (añado que nosotros no éramos fumadores).

Pregunté entonces a mi marido por qué se permitía fumar y me contestó que era natural no obligar a los fumadores a tal renuncia. Entre toses y lagrimeos pude también observar un continuo movimiento de personas que caminaban por los pasillos del cine en busca de un inexistente asiento. Algunos terminaban apoyándose en la pared y otros sentándose en el suelo. Distraída, no conseguía entender la película.

Finalmente apareció el letrero “fin del primer tiempo” , y esperé a que se encendieran las luces para salir a respirar un poco de aire puro. En lugar de ello, de algún lugar en la parte superior del cine se filtró un rayo de luz, como si alguien hubiera abierto una ventana. Ante mi asombro, el techo del cine empezó a abrirse por el medio, deslizándose sobre sí mismo hacia las paredes laterales. La abertura central se hizo cada vez mayor y elcielo estrellado luminoso cielo apareció sobre nuestras cabezas. El aire viciado y el humo de los cigarrillos ascendió flotando y yo pude contemplar los tejados de las casas, donde los vecinos  desde sus ventanas nos miraban con aburrimiento. Transcurrido un cuarto de hora, el techo se puso de nuevo en movimiento hasta cerrarse totalmente y la sala recobró la oscuridad.

Nunca he olvidado esta primera impresión, aunque aún más bonito fue vivirla de noche, con el oscuro cielo, la luna y las estrellas. Posteriormente tuve ocasión de verificar la comodidad de este sistema que permitía, económicamente, renovar el aire regulando la abertura del techo en mayor o menor medida, según fuera invierno o verano. Naturalmente en los días de lluvia se era libre de elegir, siempre al gusto de los romanos, entre ahogarse en el aire irrespirable del cine o quedarse en casa.

Hace ya años que no se fuma en los cines (imposición que no recuerdo bien si costó la caída de algún Gobierno). El aire acondicionado mantiene el oxígeno controlado y en consecuencia ya no existen cines como ése, pero a veces pienso que valía la pena soportar el humo de los cigarrillos, por ver de repente el techo del cine sustituido por un hermoso cielo estrellado.

Publicado en Personal | Deja un comentario

Anecdotario de una bicasada

MelinaVeo poco la televisión, la verdad es que el panorama de programación en los diferentes canales, es bastante desolador, bien es cierto, que siendo como soy una ferviente amante del cine, reconozco que es facil encontrar muy buen repertorio en esa “pequeña caja tonta”,o, buceando en la Red, un buen filón donde escoger, independientemente que también hay ahora una buena producción de series, tanto españolas como extranjeras que pueden satisfacer tus expectativas.

Un día que practicaba mi rito habitual, en busca de alguna película que pudiera interesarme, en una de las cadenas, vi que anunciaban una, que a mí particularmente me resultó simpática y entretenida cuando la vi: “Todos los hombres sois iguales”, así que decidí volverla a ver, y la verdad es que de nuevo logró entretenerme y hacerme sonreír en varias ocasiones, y fue al acabar y recoger para irme a la cama cuando se me ocurrió el motivo del título de este escrito.

He de decir que he disfrutado escribiéndolo, está escrito con amor y con humor, y el tono exagerado de las situaciones reflejadas, no evita que hayan sido reales. También hay que explicar que los años 70 no son ni mucho menos, los de ahora, y que entonces, la mujer casada era una menor de edad legal, no podía abrir una cuenta bancaria, no podía viajar al extranjero sin permiso del marido, si el marido exigía cobrar la nómina de la esposa, podía hacerlo sin problema, el adulterio castigaba duramente a la mujer pero el hombre era tratado en el código penal, con una benevolencia tal que era dificil que una condena se llevara a efecto….Dicho todo ésto, espero que os haga sonreír que para eso está escrito.

Demos gracias a la Providencia, de que todos los hombres, afortunadamente, no son iguales, esto es un hecho irrefutable, pero….., siempre hay un pero, en lo que todos, absolutamente todos (la excepción confirmaría la regla) coinciden es en el modo en que ellos ven todo lo que roce con temas domésticos.

Bueno, para los que no saben demasiado de mí, os diré que soy como el título de este escrito, una “bicasada”, vamos que he tropezado dos veces en la misma piedra.

12.GUIA_

Bromas aparte, los dos hombres importantes de mi vida, mi actual y mi ex, son inteligentes y poseen muchas y muy buenas cualidades, sus caracteres y formación son absolutamente distintos pero en lo que son calcados es cuando, como yo lo llamo, “actúan de hombre”. A mi ex, ahora que el tiempo dulcifica todas las cosas malas y me hace evocar con benevolencia muchos momentos de dolor y recordar tan solo todo lo bueno, que fue mucho, que tuvimos, y, desde la añoranza y la tristeza que me produjo su muerte cuando no había cumplido aún 60 años, podría definirle como un inteligente jeta simpático.

Vaya por delante que siempre mantuve una excelente relación con él. Fuimos y seguimos siendo hasta su muerte, excelentes amigos, y creo que nunca debimos de pasar esa barrera. Como amigo, aún siendo egoísta, fue el mejor, como esposo fue un desastre. Pero, es de bien nacidos ser agradecidos, y Carlos, así se llamaba, fue todo para mi: confidente, amigo, compañero, siempre he dicho que la persona que soy, no hubiera sido la misma sin él. Teníamos tan solo 15 años cuando nos conocimos pero yo era una niña de colegio de monjas y él era un adulto con una cultura y una madurez que no correspondía con su su edad, que me dio la vuelta como se da a un calcetín y me hizo descubrir un mundo en el que yo no había reparado hasta entonces. Me hizo descubrir la belleza de tantas cosas….. Del olor de la tierra mojada, de un atardecer de otoño, de la música de Bach, del valor de la poesía. Me hizo darme cuenta de la situación política que se vivía por entonces, de ese cine o lecturas prohibidas, de tantas y tantas cosas. Por eso siempre estuvimos unidos por un extraño cordón umbilical, siempre estuvimos lejos en la distancia pero cerca en el corazón, y siempre le estaré enormemente agradecida.

La naturaleza le había dotado del don de la palabra, y ya hablara o escribiera podía hacerte creer, como El Cid a doña Jimena, que hacía un sol espléndido aunque fuera de noche, recuerdo que un amigo común a nuestro grupo se enfadó y con razón con él, todos nosotros le dijimos que hablara con el ofendido para aclarar la situación y pedir disculpas, ignoramos como fue su conversación, sólo sabemos que después de la charla mi ex estaba a partir un piñón con él, es más le dijo una frase que ha pasado a formar parte de nuestra historia: “Millón que tuviera, millón que te diera”, y nosotros pasamos a ser los traidores y los culpables del motivo de la ofensa . Tenía una habilidad especial para dar la vuelta a las situaciones; también recuerdo que por aquel entonces me había dado por la vena feminista y mi amado ex, alentaba esta rebeldía mía y me procuraba todo tipo de lecturas que me hacían enardecer, leía todo lo que publicaba Amando de Miguel sobre nosotras, todo lo que los sociólogos no franquistas publicaban sobre la situación de la mujer en el matrimonio, Lidia Falcón, que vista desde mi perspectiva actual, me parece un poco loca a lo Agustina de Aragón, entonces me parecía la mejor representación de la lucha contra el machismo.

Mi libro de cabecera era “ El miedo a la igualdad”, de Betty Friedan, lo leía y releía con verdadera pasión. Hasta ahí todo muy bien, ¿verdad? , pero lo que me hace reír con ganasgimnasia casera (ahora) es que quien me procuraba todo este tipo de lecturas y me decía que yo podía ser ese tipo de mujer nueva que empezaba a despuntar, era el mismo que sentado en el sofá, leyendo, con un whisky en las manos, y habiendo llegado a casa a las nueve y media, esperaba a que yo regresara del trabajo, y puesto que vivíamos en Alcorcón, que yo salía del trabajo a las diez de la noche como pronto, y que el autobús pasaba de hora en hora, era raro el día que llegaba antes de las doce, y , al verme llegar me decía: “cada día más tarde, fíjate a que horas vamos a cenar, corre, la mesa está puesta, y, después de cenar cuando bajes a la perrita, tienes que ir a una farmacia de guardia a por mis gotas de la nariz, que se me han terminado y no puedo ni respirar”.

Claro que lo peor de todo es que Carmelina la libertaria, asumía sin extrañeza alguna todas estas exigencias, es más me sentía culpable de llegar a casa tan tarde. No es que nunca me rebelara, es que ni siquiera veía en mí ese personaje femenino que me hacía saltar de rabia cuando lo leía en esas diversas lecturas.

Tampoco protestaba jamás cuando, sentados los dos en el sofá, cada uno con nuestros libros, me decía: “Tráeme un vaso con hielo y la botella de whisky”, ó, “hazme un café”, ó, “ves al dormitorio que me he dejado allí el tabaco y tráemelo”. No decía ni mu, lo veía natural. He de decir que no lo pedía tal y como yo lo escribo ahora, ¡no!, él era un verdadero seductor con la palabra, siempre había un motivo para no hacerlo él, y siempre había un halago y una palabra amorosa al pedirlo.

Si alguna vez me pillaba excesivamente cansada y esbozaba una protesta, rápidamente con ese pico de oro que tenía me hacía ver lo egoísta que me había vuelto ya que él estaba agotado de ir a la Universidad y de hacer no se cuantos trabajos para algunas revistas y yo, que a fin de cuentas no hacía ningún trabajo que me supusiese un esfuerzo mental, no era capaz de hacerle ese favor, y generalmente acababa diciéndome: “De todas maneras, cielo, hoy estás un poco irascible, estás con la regla ¿verdad? “y , he de reconocer que sí, que cuando rara vez me quejaba, es que estaba con la regla, ¡vaya por Dios!.

Bueno, no creáis, también tenía otro don, cocinaba como los ángeles (en el caso que los ángeles cocinen), pero yo temblaba cada vez que lo hacía, que era casi todos los fines de semana y cada vez que venían amigos a casa. No penséis que cocinaba por ayudarme, como todo hombre que cocina, lo hacía porque le gustaba a él, disfrutaba guisando platos exquisitos que luego degustaba, y hacía degustar, con verdadero placer. Era, un gourmet en todo y, por desgracia se había casado con una mujer sencilla que, aun reconociendo y valorando esa deliciosa comida, disfrutaba exactamente igual con unos huevos fritos con chorizo y patatas fritas. Pero claro, todo cocinero que se precie no es nada sin un pinche que le libere de todas las tareas ingratas que laaños50 cocina conlleva, y ¿adivináis quien era el pinche?, pues sí , que listos sois, ¡era yo!, así que para que él creara un plato, yo pelaba, picaba, trituraba, limpiaba todos los ingredientes que fuera a necesitar y luego fregaba sin parar cada cosa que se manchaba, ya que, nuevamente como todo buen cocinero, exigía una cocina impoluta, sin ningún cacharro ni utensilio sucio a su alrededor. Y, eso sí, el creador era él, yo, a fin de cuentas, sólo hacía que la casa fuera un auténtico hogar, ordenado, limpio y con detalles, pero aunque eso se ve, no se aprecia, tan sólo cuando falta esa mano mágica que lo hace, es cuando se llega a valorar.

Bueno y que decir, que vosotras mujeres no sepáis, del paso de un hombre por el cuarto de baño. Mi ex era muy limpio y, a diario, la ducha era menos terrorífica, pero en fin de semana le gustaba disfrutar de un buen baño, así que nos levantábamos, mejor dicho, me levantaba yo primero porque siempre me gustó madrugar, bajaba a mi perrita e iba al quiosco de periódicos, preparaba el desayuno y limpiaba el salón, teniendo la precaución de cerrar muy bien el resto de las puertas para no despertarle. Cuando se levantaba, -el día anterior me había pedido llamarle a una hora determinada-, desayunaba, leía el periódico, que previamente yo había comprado, y a lo mejor decidía que podíamos acercarnos al Rastro, llamaba a mi hermano, que era otro de sus grandes amigos, y quedábamos para una hora determinada, pero claro, él comenzaba con sus ritos, primero las necesidades fisiológicas, luego la media hora larga del baño, mientras, yo había ventilado el dormitorio, hecho la cama y como ya podía hacer ruido, pasaba el aspirador por toda la casa, ya que teniendo un perro de lanas, yo misma no soportaba encontrarme con pelos por todos los lados y me gustaba limpiar escrupulosamente para que la casa no oliera a nada desagradable.

Me encantan los perros pero asumo que teniendo un animal (de cuatro patas) en casa hay que tener una higiene mucho más cuidadosa.

Cuando salía del baño, limpio y perfumado, se dirigía al dormitorio para vestirse, y entonces entraba yo, pero era incapaz de ducharme en semejante campo de batalla, la bañera sucia, la toalla absolutamente empapada y tirada en el suelo que también estaba encharcado, el lavabo con restos de jabón y pelos de haberse recortado la barba, y la taza del inodoro llena de gotas (habría que dar a los hombres un curso para enseñarles a tener puntería y no manchar nada que no deba ser manchado). Total, que antes de ducharme tenía que ordenar lo que estaba tirado, incluido su pijama, luego me duchaba y después era incapaz de  marcharme sin limpiar y recoger el cuarto de baño.

Así que, casi invariablemente, no había terminado cuando oía su voz que me decía: “Cuanto tardas, siempre tengo que esperarte, así que como es muy tarde y tú te dedicas a perder el tiempo y ponerte a limpiar habiendo quedado, pues me voy que tu hermano ya llevará una hora esperando”. Y se iba, y yo me quedaba recogiendo el dormitorio, que también casada4había dejado patas arriba, poniendo la lavadora y planchando lo que no me daba tiempo a planchar durante la semana. Luego preparaba la comida y lo más gracioso es que cuando volvía a las dos y media o tres, llegaba muerto de cansancio, así que comíamos rápidamente y me decía que tenía que echarse una siesta porque estaba roto, y que por favor procurara no hacer demasiado ruido, entonces yo, que a fin de cuentas no había hecho ningún trabajo extraordinario (nunca mejor dicho lo de extraordinario) recogía la mesa, fregaba los platos ya que entonces no teníamos lavavajillas, (retiro lo de teníamos), no tenía lavavajillas y ya podía descansar un poco en el sofá, leyendo e indignándome con la opresión que sufría la mujer en este país, sobre todo la mujer casada, eso sí , teniendo cuidado de no poner el tocadiscos ni hacer ruido alguno para no despertarle antes de tiempo, -yo era la primera en cuidar su descanso-, y sobre todo sin darme cuenta de mi propia situación. La verdad es que estaba muy enamorada y ya se sabe que el amor…. es ciego, sordo y mudo.

Para terminar, él era como todo hombre, es como si no se dieran cuenta de que un hogar no se mantiene solo, no soportan la suciedad ni el desorden pero deben pensar que todo se limpia y arregla con la fuerza del pensamiento, de todas maneras en esta faceta doméstica, en la cual para no hacer nada, era capaz de convencerme de cualquier cosa y de dar la vuelta a cualquier situación para acabar yo solicitando perdón por pedirle que me ayudara en tareas tan serviles. Mi ex siempre me trae a la memoria una película italiana, una comedia más de los años 70, titulada “Made in Italy” , compuesta por varios sketchs, uno de los cuales me hizo, y me hace aún reír cuando lo recuerdo, lo protagonizaba Alberto Sordi en el papel de un simpático caradura sin fortuna, casado con una mujer muy rica, el cual es sorprendido por su esposa en flagrante adulterio con una jovencita en el lecho conyugal. La esposa indignada, pues sabía ya de sus correrías, le recrimina su acción y le dice que ya está harta así que le conmina a que se vaya de casa, terminando con la frase “a fin de cuentas no me has dado nada”.

Entonces Alberto Sordi, en una interpretación digna de un Oscar, esboza un gesto de intenso dolor, se muerde el labio inferior y con los ojos humedecidos, mira a su mujer con una cara que representa una infinita tristeza por tamaña injusticia y le responde: “¡Nada, no te he dado nada!, (vuelve a morderse el labio y a menear la cabeza con dolor), ¡nada, mi juventud no era nada para ti… pero … no te he dado nada.…!” , la mujer con rabia empieza a caminar hacia su esposo esbozando una protesta y entonces él levanta el brazo derecho en una señal de stop, vuelve a mirarle con gesto de sufrimiento, agarra con la mano a su amante que, desnuda, intenta taparse con la sábana, mientras dice a su esposa: “Tranquila, ahora no digas más. Volveré… ..Yo sé perdonar. “

Mi actual esposo es de un carácter totalmente diferente pero, por desgracia para él, me coge un pelín resabiada y reconozco que todo lo que no he protestado antes con motivo, le protesto a él con motivo pero menos. La verdad es que no es, verdaderamente, un celtíbero al uso, principalmente porque ha estado mucho tiempo solo y claro ha podido darse cuenta que la casa en la que se vive no se cuida sola sino que necesita de alguien que lo haga y como nunca estuvo muy sobrado de dinero , pues tuvo que aprender el dominio de la fregona, del estropajo, de la plancha y observar que la bañera parece que cría una especie de barrillo si no se la limpia a diario.

No obstante, como todo hombre, es cómodo, y ya que ha dado con una mujer “resignada” para estas cuestiones, pues se comportó desde el principio de un modo adorable (sabia estrategia). Me enternecía su disposición para hacer cualquier cosa, incluido el cocinar, pero dado que ya estaba bastante escarmentada de la cocina de los hombres, amorosamente le decía que no se preocupara que ya cocinaba yo (la verdad es que él, sólo sabía guisar dos o tres cosas y no demasiado bien). En las demás tareas ponía un interés desmedido, pero era tan torpe que invariablemente me hacía decir: “ déjalo corazón que ya lo termino yo” .

No se si os habréis fijado que un hombre que se decide a acometer una tarea servil, o sea doméstica, se prepara concienzudamente, y mi marido no es una excepción. Primero coloca todos los productos que vaya a necesitar, limpiamuebles, limpiacristales, bayetas,hombre delantal plumero… etc. pero para ello, te ha ido preguntando donde está cada cosa que tiene que emplear (algo lógico si se tiene en cuenta que no lo suelen hacer a diario e ignoran donde se guardan estas cosas) y claro, la primera vez que pregunta se lo dices, pero a la quinta vez que te dice que no encuentra lo que busca, tú, que ya estás de los nervios, le pones todos los productos a la vista para que no te dé más la murga.

Luego comienza la estrategia del “profesional”. Un hombre no hace dos tareas seguidas. ¡No, que va!, si ha empezado por el aspirador, una vez que ha aspirado el suelo del salón, tiene que hacer un descanso, entonces va a la cocina, y, dependiendo de la hora, se prepara un café o una cerveza, con alguna galleta o algo de aperitivo. Luego, claro, viene el cigarrito y ya está nuevamente dispuesto para acometer el aspirar el resto de las habitaciones. Una vez finalizado ésto, si es que ha decidido que, mientras yo cocino él se encarga de la limpieza de la casa, se dispone a sacar el polvo de los muebles y brillo a los cuadros y demás cachivaches que se tienen en el hogar pero es que por cada mueble, silla o adorno, hace un montón de viajes a la cocina para descansar y tomarse algo a cuenta del esfuerzo.

Siempre me he dicho que si los hombres asumieran las tareas del hogar del mismo modo que las mujeres, serían todos obesos, porque hagan lo que hagan tienen que descansar entre tarea y tarea y picotear algo de comida o bebida para que se les haga más llevadero. Total que entre ésto y que cada dos por tres le oyes decir: “ corazón, ¿que hago ahora?” , como si se tratara de un problema matemático que no supiera los pasos a seguir, acabas por decirle: “anda déjalo que ahora voy yo”. Y es que tu ya has preparado el primer plato, el segundo, a lo mejor hasta un postre, y él todavía está sin terminar el salón, eso si, con un entusiasmo digno de mejor causa.

La verdad es que soy la primera convencida de que los hombres son como son, o eran como eran, por culpa nuestra. Hasta hace muy pocos años, un hombre se casaba y, en palabras de mi abuela, se recogía. Es curioso como a las mujeres nadie nos daba cursillos sobre tareas domésticas, si exceptuamos los fascistoides cursos que, dentro de la asignatura de “Formación del Espíritu Nacional” (F.E.N.), nos daban a las mujeres sobre “Cocina” y “Economía Doméstica”, por lo menos en mi colegio (de monjas, por supuesto). Conservo como una joya este último libro que no tiene desperdicio, hoy en día, con las ventajas de Internet, se pueden encontrar “perlas” sacadas de esos libros que pretendían prepararnos para la vida, aunque la casi única vida que te planteaban era el hogar, y veo que cuando mis sobrinos o amigos jóvenes leen lo que a nosotros se nos daba como enseñanzas, se lo toman como si fuera una broma y se mueren de la risa.

Pero aunque ni hombres ni mujeres tenían experiencia, y aunque los dos tuvieran el mismo nivel cultural, era algo tácito que te encontraras con 23 años casada y que desde eseanuncio momento el hombre era solo eso: El Hombre, y tu trabajabas las mismas horas que él, pero aparte tenías que hacer todo lo de la casa: camas, cocinar, comprar, planchar y te podías encontrar con que si algo hacías mal, pues podías ser tachada de manirrota, por no saber hacer que el sueldo te llegara a fin de mes, te podían decir que “no eras una mujer de su casa” (siempre me ha hecho mucha gracia esta frase), porque no tenias tu casa “como es debido”, o te podías llevar alguna que otra bronca por no saber cocinar, Ninguna de estas situaciones eran mi caso, pero eso era el pan de cada día en esos años 70, así que os podéis imaginar si habláramos de años anteriores.

Vamos, era como si las mujeres tuviéramos algún gen especial para hacer bien todas estas cosas sin haberlas aprendido. Pero es cierto que, debe ser algo innato, que las mujeres sí sabemos organizar un hogar, o mejor dicho, damos por sentado que el hombre es un ser inútil, por no decir deficiente, sin darnos cuenta que tan sólo es un ser cómodo que con eso de que “yo no se” ó “yo no me apaño” pues han vivido y siguen viviendo estupendamente. Creo que las nuevas generaciones lo llevan claro porque, por un lado ellas son muy liberadas y tienen el absoluto convencimiento de que no van a ser esclavas de nadie, pero por otro tampoco están dispuestas a hacer nada ya que en el hogar actual siempre hay una madre que se ocupa de todo y llegan a los treinta años sin haber planchado una camisa, así que puedo imaginar el caos que puede llegar a ser ese hogar si los recursos económicos no dan para buscar una ayuda externa, pero….. eso es otra historia.

Si os toca en suerte un hombre “mañoso” para algunas cosas, como es mi caso, no se que es mejor porque si bien, a la hora de utilizar el “black and decker” para poner una estantería o algún enchufe de la luz u otra pequeña tarea casera, se muestran muy dispuestos y diligentes, a ti te corresponde decir exactamente “donde quieres el enchufe o la estantería, o lo que sea”, luego sueles tener que ayudarle para que quede perfectamente alineado, vamos, para abreviar, que él se limita a hacer los agujeros y a atornillar, luego satisfecho con el deber cumplido, va a descansar y a tomarse, por supuesto, un aperitivo, mientras te dice: “ale, ya está” , y tú tienes que recoger, pasar el aspirador, fregar el suelo que, dependiendo del trabajo, se ha podido poner perdido de polvo y ordenar todo lo que estuviera destinado a esa estantería (en el caso de que ese fuera el trabajo realizado) que se acaba de colocar.

Y que me decís de la cariñosa frase, que tan familiar me resulta, cuando llega la noche y después de recoger la mesa, a lo mejor has comentado que te encontrabas muy cansada, y a lo mejor hay una buena película de esas que se tienen grabadas en espera de encontrar el momento de verla y, claro, tu te dispones a lavar los platos (mientras no haya lavavajillas) y recoger un poco la cocina y entonces amorosamente te dicen: “Déjalo ahora, cariño, ya se hará mañana”. A mí concretamente al principio me enfadaba, pero ahora me da por reír, porque siempre digo que eso de “ya se hará mañana” que querrá decir, ya se hará ¿por quién?, porque si lo voy a hacer yo, pues prefiero lo del refrán “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, claro que…. si lo va a hacer él.

Y cuando comentas algo como “tengo (nunca tenemos) que lavar las cortinas que parece que están un poco sobadas”, o hay que recoger la ropa de invierno y sacar la de verano, ¿os habéis fijado que el hombre suele miraros como si le hablarais en esperanto?. Es como si en ese momento se diera cuenta de que hay cortinas en casa y que por lo visto se lavan alguna vez, y en cuanto a la ropa deben de pensar que un hada buena les coloca su armario con la ropa de cada estación en su momento adecuado.

Hace algunos años, recuerdo que en la revista del periódico “El Mundo” vino un artículo sobre “Claves para entender la mujer al hombre y viceversa” y de verdad que me niego a pensar que el hombre sea tan idiota como lo reflejaban en ese artículo, pero los comentarios que tuve ocasión de oír opinaban que estaba muy bien puesto el varón actual, así que debo estar yo equivocada.

También os puede tocar en suerte un hombre de esos que dicen las mujeres: “mi marido es un santo”, pero lo que se quiere decir realmente es que es adaptable o sea que no protesta ante cualquier situación de caos doméstico, pero no quiere decir en absoluto que eche una mano para remediarlo.

Me explico: Es ese hombre que dice: “Oye amor mío, ¿tu no sabrás donde está mi camisa azul con rayitas?”, lógicamente si son sólo dos personas en la casa está claro que sí sabes donde está (y él también por supuesto), así que respondes con el mismo cariño: “Claro mi vida, donde tú la dejaste cuando te la quitaste el otro día, en el cesto de la ropa sucia, que…, por cierto, ¿se debería de poner una lavadora verdad?”. Por supuesto este tipo de “hombrehombre plancha santo” hace caso omiso de la última frase, dicha en modo impersonal a ver si cuela, pero no se enfada ni te ataca por no tener su ropa lista, simplemente con resignación alegre dice: “no te preocupes” (como si a ti te causara un trauma este hecho), “me pondré alguna de las otras que me vayan con el traje”. Claro, si en este momento tú le dices: “Cielo, es que como hemos estado tan ocupados esta semana”(como veis se le habla en plural a ver si se da por aludido, pero ni por esas) pues están todas por planchar, así que tu verás”. Entonces sí, en ese momento este tipo de celtíbero es cuando demuestra su santidad, porque o bien es capaz de plancharse la camisa sin rechistar (a veces doy fe de que ocurre esto), pero solamente esa camisa, ni una sola prenda más, o bien nuevamente con un: “no te preocupes, ya pienso otra ropa para ponerme”,  se desviste de nuevo y busca en el armario cualquier otra prenda sin demostrarte agresividad alguna.

Bueno. En conclusión. Que tendrán que pasar un montón de generaciones para que el hombre asuma que sus manos sirven también para planchar, hacer las camas etc., etc. y que eso de “¿te ayudo?” ó “¿que hago ahora?”, nos pone de los nervios y al borde del asesinato, aunque no estemos con la regla, y que mientras ese tiempo llega,  pues…. Paciencia, Amor y Humor para compartir la vida con ese menor de edad, nada autosuficiente y bastante inútil aunque a veces adorable, a quien llaman “sexo fuerte”.

No resisto en transcribir alguna “perla” del libro “Economía Doméstica”, editado por la Sección Femenina en el año 1.955. Era una verdadera guía de creación de mujeres sumisas, más bien diría de esclavas, recordando en todo momento que la mujer es notablemente inferior al hombre.

“La familia es una sociedad en la cual se ha de cuidar no sólo de la formación física y moral de sus componentes, sino de la recta administración del patrimonio doméstico mediante el cual la familia subsiste.”

“En las familias, por regla general, el elemento productor es el hombre, y el elemento administrador la mujer. La mujer dispone para el sostenimiento de la casa del dinero que mensualmente le entrega el jefe de la familia y tiene que dar a ese dinero el máximo rendimiento.”

“Las cantidades asignadas para gastos permanentes serán entregadas a la mujer como ama de casa. El resto debe llevarlo el marido.”

“La mujer no debe considerar suyo el dinero que no gane ella misma, o sea el que gana el marido, los hijos, etc., por el contrario debe sentirse sólo depositaria de lo que administra”.

O los “sabios consejos” que nos ofrecía la “Guía de la Buena Esposa”

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

“Debes preparar la casa antes de su llegada, tu marido sentirá que ha llegado a un paraíso de descanso y orden, ésto te levantará el ánimo a ti también. Después de todo, cuidar de su comodidad te brindará una enorme satisfacción personal”

“Ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en tono bajo, relajado y placentero”.

Ahora explica multitud de consejos para el ahorro familiar, hay muchos, así que os transcribo alguno especialmente gracioso.

“Antes de tirar una bombilla que se ha fundido darle suavemente unos golpecitos. Si los alambres no han quedado muy separados, a veces se juntan de nuevo y puede lucir otra temporada.”

“Cuando se recibe un paquete, desatar bien los cordeles y desenvolver los papeles sin romperlos para poderlos utilizar cuando sea necesario.”

“En la cocina tostar el pan seco y duro y triturarlo para rebozar”

“Filtrar los posos que puedan quedar en el final de una botella de aceite, pasando éste por un paño muy fino empapado en agua caliente; de esta forma no se desperdicia nada de aceite.”

“Saber clavar un clavo sosteniéndolo bien derecho para que la punta penetre en la pared. Si el objeto que se va a colgar es pesado, saber poner primero un taco de madera haciendo un agujero con el berbiquí y la barrena; en el agujero se introduce el taco y en éste se clava el clavo.”

“Si la mujer tiene en cuenta que este trabajo que realiza no es el de una asalariada, sino una colaboración con su marido y que este trabajo debe realizarlo bien, no sólo por deber y dignidad, sino por amor , se le hará infinitamente más agradable. La mujer debe ser como el socio industrial del marido y velar por sus intereses, ya que él la hizo depositaria de su confianza”.

En fin. Que somos unas desagradecidas. Nunca valoraremos lo suficiente el que el hombre nos haya hecho objeto de la confianza suficiente para ser….. su criada, así que ya veis, por no seguir tan sabios consejos la familia va como va, o sea se desmorona. Habrá que remediarlo. ¡¡Santiago y Cierra España!!.

Publicado en Personal | Deja un comentario

El falso dilema de las tribus

Las tribus políticas que asolan España llevan cuatro meses demostrando su interés en el bienestar del pueblo. La gama de excusas empleada para no formar gobierno incluye toda clase de improperios y descalificaciones de “el otro”; ninguna de las razones que alegan menciona ni de pasada los efectos sobre el pueblo (al que dicen que representan). Nada. Sólo les preocupa su cuota de poder tal y como confirma la moral corrupta que ya no intentan ni disimular.

Si esta clase política que hemos elegido no ha formado gobierno sólo puede ser por que no quieren (falta de voluntad),  porque no pueden (falta de capacidad) o por ambas razones. En cualquiera de los 3 casos estaríamos ante la evidencia de que hemos elegido a la clase política adecuada… para proteger sus propios intereses, pero no para proteger los nuestros. Su aparente egoísmo tiene un coste económico en los mercados exteriores e interior que no podemos permitirnos… salvo que exista una invisible por ahora 4ª razón.

La opción de pasar de nuevo a la masa por las urnas, tenga el resultado que tenga, en nada puede beneficiar al pueblo:

Si el resultado fuese distinto del de hace poco más de cuatro meses sería nefasto para la población, pues supondría demostrar que su criterio es voluble, inestable y en consecuencia nada fiable para sostener aquello de que la soberanía reside en el pueblo.

Si el resultado fuese que el pueblo mantiene su criterio, sólo quedaría demostrada la avaricia de las tribus políticas por rascar algún escaño más que llevarse al bolsillo y dejar constancia de su saqueo de las arcas públicas sin miramientos y con cualquier excusa con la que ellos crean que pueden sacar beneficio, sin que nada cambiase.

Toda la apariencia es que nos están empujando hacia un callejón sin salida; a que nos harán ver que hemos sido nosotros, con nuestros votos, los que no conseguimos ponernos de acuerdo con lo que hay y nos vendan la solución mágica:  la monarquía parlamentaria federal.

Se admiten apuestas.

 

Publicado en Personal | 3 comentarios

Transición 2.0

El que se vuelva a poner la alcaldía de Madrid en manos de una persona anciana pródiga en demagogia y proclive a ocurrencias populistas me ha traído el inevitable recuerdo de cuando nos llevaron a la Primera Transición, aquella época en que Tierno Galván se encargó de mantener al pueblo alejado de los fogones políticos, procurando que el foco en la Capital estuviese siempre puesto sobre el ambiente festivo, desenfadado y de apariencia cultural mediante una receta sencilla: la movida madrileña.

Para aquella Primera Transición, el joven coco radical llamado a arrinconar el viejo sistema y aglutinar a los parias de la Tierra se llamaba Felipe González, su partido se llamaba PSOE y su uniforme era de pana. Fue el pastor encargado de aglutinar y conducir a la habitualmente desorganizada izquierda española, de forma ordenada,  por los senderos de la OTAN o el FMI  y demás caminos y veredas a que nos habían predestinado.

Ver hoy a los eternos presuntos rivales PP y PSOE revolviéndose para suicidarse contra reloj, clavándose a si mismos los aguijones más ponzoñosos imaginables, no puedo sino considerarlo teatro barato con el que alguien parece señalarnos que toca el fin de un sistema y el comienzo de otro. En esta ocasión el joven coco radical llamado a arrinconar el piviejo sistema se llama Pablo Iglesias, su partido trae nombre de eslogan demócrata de EE.UU. (We can), su uniforme es una camisa blanca lavada con Vanish OxiAction Plus, y los parias que aglutina llevan en el bolsillo smartphone’s de 700 pavos. Es el encargado de controlar un marchito y elitista Frente Popular en el que ya es difícil localizar un solo obrero,  para llevarnos de la mano a la Segunda Transición. La diferencia más llamativa es que en esta ocasión ha sido preciso asignarle al líder un ayo que es General de 4 estrellas, cosa que a nadie le ha pasado desapercibida.

Porque… ¿a dónde nos están llevando ahora?

Pues teniendo en cuenta que la “derrotada” ETA ya tiene a sus patrocinadores y valedores sentados en el Congreso de los Dipuados y gobernando “países” y municipios varios, y que los secesionistas catalanes continúan recibiendo millones del Gobierno de España para sostener su famoso “desafío”, yo diría que de cabeza nos llevan a algo muy similar -sino idéntico- a una monarquía parlamentaria federal.

Nuestro modelo geopolítico actual está ya asolado, los virreinatos económicos agostados, la partitocracia va a continuar coartando lo posibilidad de que los ciudadanos ostenten la soberanía, con lo cual pensar en cualquier otra alternativa resulta complejo. La Segunda Transición parece inevitable y por ello es preciso otro pastor para cruzar nuestro nuevo Rubicón particular.

Mientras tanto, la venerable anciana que rige Madrid procurará mantenernos entretenidos con su prolífico ingenio populista.

Publicado en Curiosidades | 1 Comentario

Del lavado al vaciado

Un vistazo a las sinopsis de algunas de las películas programadas en TV ayuda a comprender bastantes de las cosas que ocurren en España.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La programación de otras emisiones de gran consumo como Sálvame, Gran Hermano, Casados a primera vista, Gim Tony, Supernany, Hermano mayor, Rojos vivos, Marimorenas, Cascabeles, Comedys más o menos centrales, capaces de crear “ídolos” partiendo de analfabetos histriónicos,  ayudan a comprender que el candidato Iglesias manifestase en su momento que entre Educación y Propaganda elegía Propaganda “sin lugar a dudas”; sobre todo si se dispone de eminencias como don Ramón.

Aquel lavado de cerebro artesanal en los 50 del pasado siglo ha sido reemplazado exitosamente con el vaciado de cerebro… a distancia.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en Sin clasificar | 1 Comentario

Comunidad exquisitamente cegada

Presumimos de tener muchos ojos en el cielo y con buena vista, capaces de leer la matrícula de un coche, distinguir un tipo de fusil o la vestimenta de una persona, lo que obliga a pensar cuáles deben ser las dificultades para localizar, controlar e identificar a las mafias que negocian con el miedo de los que buscan refugio y amparo huyendo de las matanzas, sean estas el jinete del hambre o el de la guerra. No vale escudarse en que entre esas masas de personas quizá esté el que mañana puede matarme, porque quizá entre ellos esté quien ha de salvarme.

egeo

Escenario de comercio con humanos entre Turquía y Grecia

Mucho más fácil es controlar en el desierto, tal como nos han acostumbrado a comprobar  las imágenes de los drones en televisión, el movimiento hasta de un chacal, lo que hace imposible creer que nada se supiera del trasiego de entre 30.000 y 50.000 barriles de petróleo que DAESH viene vendiendo a diario para financiar una parte de su sistema. Como imposible es creer que no se localizara, controlara e identificara a los compradores que facilitan su financiación.

raqqa

Zona de Raqqah en Siria, controlada por DAESH

Al intervenir los rusos en la zona de Siria, comentaban extrañados que durante el tiempo que la coalición llevaba interviniendo en ése área, la actividad de DAESH no sólo no había mermado sino que había crecido, y que ellos habían destruido sin problema algunos cientos de transportes del petróleo de DAESH.

Con independencia del contenido real de ese iceberg de “intervenciones” extranjeras en el macronegocio de DAESH, lo cierto es que la sociedad occidental (también conocida como los buenos, o algún tipo de unión tipo ONU, UE o USA) hace gala de una exquisita ceguera y sin molestarse ni en disimular.

Muy bien hemos debido hacerlo para que tantos gobiernos estén convencidos de que somos imbéciles de baba.

Publicado en Sin clasificar | 2 comentarios

38 años para reflexionar

votadores

Hace 38 años que reflexiono observando a una población

… capaz de colaborar para que un Mariano Rajoy o un José Luis Rodríguez sean presidentes del Gobierno.

… que ahora cuenta casi 4 millones de mayores de 65 años arrinconados socialmente.

… en la que más de 10 millones de adultos no comprenden lo que leen.

… en la que casi 3 millones de personas en edad laboral carecen de cualquier tipo de formación o estudios.

… acostumbrada a majarse a palos desde el principio de los tiempos.

… donde se vota para echar al que está y luego anular todo lo que haya podido hacer.

… envejecida porque ha invertido su crecimiento con más de 100.000 interrupciones del embarazo anuales.

… con una inestabilidad familiar en la que más de la mitad de los 2 de cada 3 matrimonios que se rompen tienen hijos menores de edad.

… líder europea en fracaso académico y abandono escolar.

… que no tiene a ninguna de sus universidades públicas ni privadas entre las 100 mejores  a nivel mundial.

… que ha entregado su soberanía a los partidos políticos.

… capaz de dar su voto para representarla a un exclusivo elenco de mediocres y oportunistas previamente elegidos dentro de los partidos políticos.

… capaz de tener a Pablo Iglesias como profesor universitario.

… que se enorgullece porque un licenciado en Ciencias de la Información sirva para dirigir 5 horas seguidas de telebasura.

… que tiene como ídolos sociales a los hermanos Matamoros, a “la” Esteban, a Kiko Rivera o a un futbolista de moda.

… que se niega a preguntarse quién y por qué decidió un mal día asesinar a más de 2.000 miembros de esa misma población.

… de la que sus legítimos representantes llaman derrota del terrorismo a sentar a sus patrocinadores en los escaños.

y todo ello me permite conocer de antemano lo que mañana va a salir de la urnas:

una catástrofe

Publicado en Personal | 1 Comentario