LA AMISTAD

Hace más de tres mil años, en el oasis de Bahariya, perdido en medio de la nada, equidistante entre Memphis y Tebas pero muy al oeste del Rio sagrado, alejado de todo, alejado del poder, de las intrigas y de la corte del faraón, pasaba plácidamente sus días de vejez, ya había cumplido los cincuenta años, Neteruines, antiguo embajador plenipotenciario de Ramsés II.
Sin ser su vivienda suntuosa, era con diferencia la más lujosa no ya del oasis, sino de los oasis circundantes. Su familia, reciente pero muy numerosa, la formaban su mujer, dos favoritas y cinco concubinas que le habían dado doce hijos, de los cuales habían sobrevivido a la llamada de las sombras nueve, seis varones y tres doncellas.
Ellos son mi riqueza y ellas mi felicidad, solía repetir Neteruines a sus invitados en las numerosas fiestas que daba, generosamente regadas de vino dulce de dátil, a lo que estaba obligado como muestra de generosidad por ser el hombre más rico de la comarca y el más importante ya que había cabalgado a la diestra de Ramsés II, el magnífico.
Allí le había enviado el Faraón a petición propia, lejos de la lucha de validos, en una zona apacible alejada de fronteras conflictivas y con escasos bandidos que controlar, pues no era una zona rica.
Neteruines vivía su destierro voluntario con felicidad no disimulada, gustaba contar sus aventuras junto al faraón, aunque su favorita no solía repetirla a menudo. Cuando la recordaba se le secaba la garganta y escalofríos de terror le recorrían la espalda. El disimulaba porque no podía permitirse que sus vecinos reconocieran el miedo en su rostro.
Había sido el representante del faraón en las negociaciones del tratado de paz firmado con los hititas quince años antes y había realizado su misión con éxito y en condiciones muy favorables para Egipto. Antes de ser reconocido como embajador plenipotenciario y hombre de paz, había sufrido la muerte por tortura de parte de su numeroso sequito y él mismo había estado a un paso de la tortura y la muerte, pero su mirada sincera y firme había terminado por convencer al rey de los hititas de sus buenas intenciones. Pero le quedó herida.
A su regreso a Tebas, fue colmado de honores, homenajeado en festines interminables y regalado con las más bellas vírgenes que él hubiera visto jamás.
El faraón le proclamó su hermano y prometió concederle todo lo que pidiera.
A toda la corte extrañó que solicitara al faraón el destierro de Bahariya y más aún que éste se lo concediera tras una audiencia en privado, cosa nada habitual, de la que el propio Ramsés salió con cara desencajada.
Una única sombra nublaba la presencia de ánimo de Neteruines. La región que gobernaba estaba habitada por agricultores, pastores y unos cuantos artesanos. Todos los suministros que representaban un “lujo” debían importarse de Tebas o Luxor, con las caravanas que periódicamente recorrían la región.
Precisaba construirse una morada digna, una tumba penitencial que le permitiera cruzar el río de la muerte con su carga de dolor y remordimiento de forma que agradara a Horus.
Su conciencia le recordaba continuamente los dramáticos días de su embajada con los hititas y como tuvo que tolerar y aceptar el sufrimiento y muerte de amigos del alma.
En sus comunicados a la corte, siempre solicitaba el favor del faraón para que le destacara algún constructor, artista, que le permitiera realizarla, pero nunca recibía respuestas precisas.
“Las representaciones del faraón requieren de todos los constructores de los que disponemos” solía ser la respuesta del Edecán.
Cierto día, cuando su esperanza estaba perdida, se presentó un pequeño grupo de hombres desarrapados que le ofrecieron sus servicios para construir su tumba.
Desolado, contrató a ese grupo de harapientos como último recurso ante la decadencia de su salud. Su entusiasmo decayó y no visitaba las obras de construcción de su tumba ya que pensaba que no sería digna para cruzar a la otra orilla, siendo su única opción.
Los trabajos continuaron por dos años sin haberse dignado a visitarlos, cuando llegó al oasis la noticia de la próxima llegada de una caravana impresionante. Organizó modestamente un recibimiento acorde a su posición y esperó pacientemente a su llegada.
Su sorpresa fue mayúscula cuando entró en su tienda, humildemente ataviado, descalzo y en posición de sumisión el propio Ramsés. Postrado a sus pies, le abrazó y le dijo
-“Hermano”

-He venido a reconocerte la deuda de gratitud y a santificar la tumba que te han construido los mejores artistas, grabadores, arquitectos y constructores que hay en Luxor. Te los envié de forma subrepticia y disfrazados de modestos albañiles, porque sabía que no aceptarías todo el honor y la gloria que quiero concederte.
Presidía la entrada de la tumba Ator, protectora de los muertos en una escultura de ocho metros de altura presidiendo el catafalco con la escultura de Neteruines en su seno, protegido hasta la eternidad. Los bajo relieves contaban todas sus glorias y las policromías decoraban todo el recinto. Era la tumba de un rey.
Neteruines se postró ante su señor y lloró silenciosamente toda su emoción.
-A dos días de camino llega la caravana con todas las riquezas que colmarán tu tumba-dijo el Faraón- Pero ahora levanta, quiero darte el regalo más preciado de los que te acompañarán a la eternidad, el abrazo de Ramsés, mi abrazo de hermano.

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Una historia de amor. (Canto)

Estas cosas nunca se sabe cuándo van a ocurrir, aunque sinceramente, a mi avanzada edad, pensé que ya no estaría para milongas ni mariposas en el estómago.
Pero ocurrió,
Es esbelta grácil y ligera, sus movimientos son como la danza de una pluma en el viento, que al descender, con un leve cabeceo, cambia la ruta y se eleva en el aire para volver a girar, temblar y colocarse en la postura anterior. Si la miras te esquiva con un movimiento rápido pero sutil, no la ves, pero al instante vuelve, cambia de posición no titubea y vuelve a subir.
Al principio parece que te mira, que te habla, que está bailando contigo, pero al instante torna a su ser y se abstrae. Está a lo suyo, no conoce, no mira, no dialoga, pero su gracilidad derrama belleza con tanta sensualidad, que te transporta a un mundo de ensoñación donde ni los sueños existen, pues conforme se crean, se van diluyendo en aire, empujados por nuevos sueños que se van sucediendo uno tras otro, ordenadamente, envolviendo los últimos a todos los anteriores, formando un conjunto armonizado que no puedes resistir. Te embriaga y te arrastra, te electriza, te sublima. No puedes seguirla porque cuando llegas, ella ya está un poco más lejos, corriendo, deprisa deprisa empujando el aire en una vibración continua.
Es hermosa e inalcanzable, como debe ser, porque si fuera de este mundo no sería perfecta.
Cuando la veo, me paro, la contemplo y disfruto de ese momento, simplemente dejándome llevar por la dulzura excitante del ritmo, meciendo mi mente en la agitación que todo lo llena, la intento seguir y me pierdo. De pronto se para y mantiene la nota, para a continuación bajar los graves en una profundidad sísmica y armoniosa. Termina en un pianísimo.
Se transforma, cierra su cuerpo sobre el mástil del violín dejándolo colgar de la cejuela y lo retorna en un instrumento vertical inerme y enmudecido. Ella desaparece.

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EL FUTURO FELIZ (cuento de política ficción)

La sala de audiencias era hermosamente sobrecogedora. La media penumbra que la envolvía la dotaba de ese magnetismo ecuménico que aun hoy envuelve a las antiguas catedrales.
Estamos en el 2055 y la justicia por fin se ha modernizado. Los juicios se realizan en realidad virtual y cuesta dos años de lista de espera, asistir a uno en directo en la misma sala. No es lo mismo que seguirlo en el telediario holográfico. Solo estamos siete personas de carne y hueso, por así decir, casi todos llevamos prótesis macrobióticas y en realidad somos humanos en un treinta y cinco por ciento más o menos. Pero los cerebros son originales, con algún chip más o menos injertado.
Al frente está el tribunal de tres magistrados, a la izquierda la defensa y a la derecha, desde el punto de vista del espectador, la fiscalía. Brillan con esplendor en la penumbra del entorno, como solo brillan las formas holográficas de los personajes, increíblemente reales, de seres imaginarios diseñados por computación.
El reo, un político al que se le acusa de una gestión en provecho propio contra los intereses de la comunidad, es acusado de utilizar un vehículo autónomo contaminante, producía más de 45 decibelios de ruido, para no llegar tarde a una cita personal. Los hechos ocurrieron hace tres días.
En el estrado se levanta un teatrillo donde se reproducen los hechos que se tratan de demostrar. Como si estuviéramos en la gran vía de Madrid, observamos, en pequeña escala, como el individuo en cuestión toma un taxi, le indica que utilice el carril especial para ciudadanos de categoría alfa, hace un trayecto de unos cinco quilómetros y paga con bonos del Congreso. En su destino, se baja del vehículo, se introduce en un bar y toma unos refrescos biónicos con sus amigos del colegio. Un láser candente que sobrevuela por la sala certifica por parte del servicio policial de seguridad del estado, la certeza y veracidad de todos los datos aportados.
Desmontado el escenario aparece otro con el Congreso de los diputados, en el que se ve al presunto culpable realizando una votación rutinaria. La defensa alega que aun cuando la visita era particular, el acusado tenía que volver urgentemente para participar en la votación que, igualmente certificada de veracidad, estamos viendo representada.
Comparecen los testigos.
El acusado dice no recordar haber tomado el taxi, ni recuerda nada de ese día pues su marcador epibiótico era de repuesto por revisión del oficial.
Su mujer dice que desconoce las actividades de su marido incluso en el lecho conyugal.
El taxista ha desaparecido y se le está buscando en la franja libertaria de los alrededores de Alcobendas.
Un ujier declara que la sesión fue cierta y que la votación en la que debía participar el encausado se perdió por 248 votos contra 1.
Debemos condenar y condenamos a Agapito Cienfuentes Tortañales a tres meses de exposición en la plaza pública, truena la voz del magistrado presidente del tribunal, cúmplase la sentencia a partir de mañana.
Los siete testigos presenciales tenemos prioridad, de solicitarlo, de iniciar el protocolo de la condena. Nos apuntamos tres y por esas cosas de la vida, en el sorteo quedo el primero.
Al pié del cadalso en la plaza Mayor, en el primer descansillo de las escaleras de acceso, el espectáculo es sobrecogedor.
Con gran despliegue de fuerzas antidisturbios vestidos en traje de gala, con chorreras diamantinas, una multitud ingente llena la plaza, ansiosos por participar en la ejecución de la sentencia. El desorden es provocado pero ficticio, cientos de metros de cinta señalizadora conducen a la masa y pequeños androides esféricos electrificados reconducen al personal que se distrae con pequeñas descargas eléctricas. El rugido de júbilo de la masa es producido por sofisticados sistemas sonoros hábilmente colocados.
El procedimiento será el habitual. Cualquier ciudadano que lo solicite, durante los próximos tres meses, de lunes a viernes, en horario de ocho horas, con descanso de media hora para almorzar, podrá someter al reo al castigo al que ha sido condenado.
Este consistirá en una penetración digital (digital de dedo) por el ano, por cada uno de los voluntarios que se encuentren al corriente de sus pagos a la hacienda pública.
El reo se encuentra amarrado a un cepo medieval, con sus partes pudendas a la exposición del ciudadano verdugo, con un púdico velo que le tape sus partes sexuales, ya que, según la constitución, el derecho a la intimidad impide que se difunda de forma explícita las posibles discrepancias entre el sexo declarado, el asumido y el real.
Y la ejecución comienza.

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Aquarius ¿un buque fantasma?

Los buques de cierta envergadura que navegan en aguas internacionales utilizan dispositivos (IMO y MMSI)  que permiten conocer su posición de manera continua a través (entre otros) de sitios web como Marine Traffic (marinetraffic.com). ¿Por qué el Aquarius ha dejado de ser localizable antes de su última carga de emigrantes?

A mediados de Junio pasado, el buque Aquarius desembarcó en Valencia 630 personasfoto procedentes de Libia. La entusiástica emocionalidad social y el oportunismo político lo propiciaron. La aventura pudo ser seguida casi en directo con Marine Traffic. Luego el buque se dirigió a su sede de Marsella y allí ha permanecido amarrado y visible prácticamente todo el mes de Julio.

El pasado 6 de Agosto el Aquarius fue visto en Marine Traffic  por última vez a unas 30 millas náuticas al N-NE de Zuara, en la costa libia y luego “desapareció” de la pantalla. posicionEl 10 de Agosto aseguró haber embarcado frente a las cosas de Libia a 141 personas y hoy navega en demanda de un puerto “cercano y seguro” para desembarcarlas.  Pero en esta ocasión parece que los políticos españoles ya no lo ven tan oportuno y el show se desinfla.noticia

El Aquarius es un buque dedicado a salvamento marítimo que bajo bandera de Gibraltar labora para la organización SOS Mediterranèe que posee sede en 4 países europeos: Alemania, Suiza, Italia y Francia y promueve la recogida de las personas que las mafias colocan en el Mediterráneo. Desde su fundación hace poco más de 2 años, opera en las inmediaciones de Libia, pero este año tiene dificultades para dejar en Italia y Malta a las personas que embarca frente a Libia.

En los siete primeros meses de 2018 la probabilidad de muerte en el Mediterráneo para las víctimas de las mafias era de 0,015% (el doble que el mismo periodo de 2017).

Las 19.586 personas que la mafia de tráfico puso en el Mediterráneo en esos siete meses de 2018 tuvieron un 0,039% de probabilidades de ser recogidos por el Aquarius. El amarre en Marsella durante Julio rebajó notablemente la probabilidad de recoger a nadie cerca de las costas de Libia.

De las aproximadamente 20.000 personas que han entrado por mar en España de forma irregular en los siete primeros meses, algo menos de la mitad lo hizo tras la llegada a Valencia del Aquarius. Por contra, Italia ha recibido en el mismo periodo de tiempo un 80% menos de inmigrantes.

Las autoridades libias, italianas, maltesas y los cientos de buques que cruzan las rutas del tráfico ilícito de seres humanos en el Mediterráneo, se niegan a recoger a esos emigrantes irregulares.

Es obvio que entre los beneficiados por la actividad de este buque se encuentran las mafias de uno y otro lado del Mediterráneo, que en el caso de, al menos las africanas,  aumentaron sus beneficios respecto de 2017 en un 300%. Si, no es ortodoxo pensar estas cosas, pero no por ello dejan de ser ciertas.

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EL CEBO (Canción de amor y desamor)

La barca está estática sobre las aguas del lago. Diríase que solo se mueve al ritmo de mi respiración.
-No pican.
-Ya picarán.
-Lo dudo mucho, no hay cebo.
-El cebo no existe. Tienen que picar porque quieran picar. El lago está lleno de peces, no hay que buscarlos, tienen que venir a ti.
-No sé, eres muy optimista.
-Tal vez, pero si ellos no vienen solos es que no me los merezco.
La ventaja de hablar conmigo mismo es que el peso de la barca es la mitad. Toca recoger, que la tarde está decayendo. Ups, este va a la cazuela, nunca es tarde si la dicha es buena.
Amarro la barca, recojo los bártulos y recorro el pantalán flotante hasta la garita del vigilante del embarcadero. Hoy está Victoria. Me despido con un gesto de la mano de la que cuelga la presa arrebatada al lago.
-Un día me tendrás que invitar a peces, se despide ella, tan mona.
-Sí. Un día de estos.
Camino el sendero hasta mi casa mientras atardece.
En casa huele a leña y la chimenea apagada pero preparada, me invita a que la encienda. En la mesa, el led del móvil parpadea avisándome de que tengo mensajes. Treinta y cinco mensajes de cinco chats. Los abro.
-Que donde te metes.
-Que nunca contestas.
-Que tiene usted hora en el especialista.
-Dos videos del cachondo de Juan sobre el pato Donald Trump.
-Que a ver cuándo me invitas a una buena cena, te recompensaré toda la noche como a ti te gusta …
Pero ninguno es de ella. Se conoce que ella es la única que no pica si no pongo un buen cebo, pero la gracia es que piquen sin cebo. Todas las parejas que conozco y pescaron con cebo están envenenadas, ellas de desencanto y ellos de aburrimiento, viviendo de espaldas como dos desconocidos.
-Pues este barbo será una buena cena y mañana tendré sopa de pescado. Mañana, mañana tengo que inventarme un nuevo día. Será un buen día, como todos los días y tal vez mañana me envíe un mensaje por el chat.
-Eres muy optimista, sin cebo no pican.
-Vete a hacer puñetas listillo, que te dejo sin cena, ¿vale?

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LOS SIETE PECADOS CAPITALES (moralina)

El refectorio estaba en silencio, como dispone la orden.
El prior y los seis hermanos comían el caldo cotidiano entre oraciones silenciosas, reflexiones pías o pensamientos impuros. Todo era razonamiento interior, con la cabeza hundida dentro de su capucha.
Solo el padre prior estaba exento de cubrirse y lucia su cuidada tonsura. Levantaba la vista y pasaba revista mental de los hermanos que le acompañaban ya desde al menos doce años.
Sus ojos no ofrecían la menor muestra del discurrir de sus pensamientos. ¿Oraba?
Sufría con sus monjes.
“Hermano Andrés”, resonaba en su cabeza al ver la prominente nariz del fraile de su izquierda, “que he hecho yo para mereceros en mi congregación, todo en vos es exceso, deshonras el claustro, vuestra torva mirada trasparenta el deseo, el ansia carnal, hacéis del convento un lupanar solo con vuestra presencia, nunca adquirís altura, siempre volareis a ras del suelo, rezo para que Dios os perdone y me libre de vuestra presencia”.
“Por Dios Tobías, incorporad un poco la cabeza u os ahogareis en vuestro propio vómito. Veos comer es repugnante, veos comer, veos andar, veos poseer, veos … Dios os castigará con el vacío si no escucha mis oraciones”.
“Julio, atención, no permitáis que ni una miga de vuestro mendrugo ruede hasta el alcance de vuestro compañero, es vuestra, guardadla si no la coméis, amasadla, juntadla con las otras llevárosla a la celda como hacéis cada noche. No dejéis rastro de vuestra presencia”.
“Hermano Amadeo, qué decir de vos, inerme, lánguido, inocuo, incapaz de tomar el camino si no os lo indican primero. Llegareis tarde al infierno por no tomar la decisión de partir, que es el bien que espera de vos la humanidad. Yo os indicaré el camino, incluso os animaré a tomarlo con presteza”.
“Jacobo, descansad. Vuestro furor os agota y nos destruye, conteneos en la llamada al orden de vuestros congéneres, que son hijos de Dios, no como vos, que sin duda sois hijo del Diablo y lleváis su fuego por vuestras venas. Yo os rescataré y haré entrar en razón en vuestro lecho de muerte”.
“Hermano Matías, dejad de llevar la cuenta de lo que comen los otros. Se reparte equitativamente, mas tu siempre estas calibrando la pitanza del resto y siempre te parece más sabrosa su tajada que la vuestra. Yo me ocuparé de amortajaros con el sayal más humilde que encuentre”.
Un viento helado golpeó con furia las torres del monasterio, recorriendo con sigilo las estancias. De un gesto bronco, batió las puertas del refectorio y las abrió de par en par. El prior quedó absorto, ni un solo monje levantó la mirada. Solo él miraba la puerta que le quedaba enfrente, observando cono tomaba forma una figura que le trastornaba.
-¿Quién anda ahí? ¿Quién sois? Identificaos.
-Soy Lucifer, tu amigo. Y como ves vengo solo.
-¿Que buscas? Esto es lugar sagrado. Vete.
-Vengo buscando a mis compañeros, acabas de enumerarlos y no los encuentro.
No veo a Asmodeo, que el hermano Andrés solo es vehemente y preocupado por sus compañeros.
No veo a Belcebú, que Tobías humilla la cabeza por agradecer los dones de la madre naturaleza que le alimentan.
No veo a Mammon, porque Julio junta las migas de pan para dársela a los pajarillos que cada mañana revolotean en su ventana, para compartir los bienes que recibe.
No está Belfegor, pues Amadeo ora.
Amon no ha acudido a la cena, Jacobo es el monje que más se preocupa de las necesidades de todos vosotros, y por la noche penitencia su exceso de celo.
Y Leviatán no aparece, Matías se preocupa porque ninguno quede sin su ración, pues son escasas y conoce la salud de sus hermanos.
Aquí solo estoy yo. Y vengo a castigar tu soberbia.
El prior abrió los ojos y empezó a comprender que lo que veía era el crucero de la bóveda del techo. Alrededor, todos sus hermanos le observaban von cara de desconcierto. Sintió el viento helado y sintió que moría.
-Perdonadme Dios.
Lucifer incorporó al fraile y le pasó el brazo por el hombro mientras caminaban.
-Ya no es hora de perdones, ahora acompáñame.

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DESTINO A MARTE (cuento)

Ambos estaban sentados en la capsula que les llevaría a Marte. Llevaban meses, años, trabajando codo con codo. Un equipo de dieciocho personas de las cuales, los seis seleccionados se encontraban a escasos minutos de iniciar la aventura de su vida y de repente, ellos dos fueron conscientes de que comenzaba la aventura de su vida.
Cascadas de luces llenaban de información el ambiente, la ignición funcionaba, la verticalidad era perfecta, los goniómetros se orientaban instantáneamente, la comunicación era fluida, mental, la sincronización hacia que funcionaran como una sola persona, los movimientos tantas veces repasados se adelantaban al pensamiento de realizarlos, la complicidad era total, revestida de la cautela que requería el momento, un fallo, un gesto erróneo y fallaría el despegue. Ambos sabían que cualquier movimiento en falso podría disparar la alarma y el proceso quedaría detenido. Contenían el aliento tratando de adivinar los movimientos del otro. Diez, nueve, ocho siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, ignición.
Y el despegue a las estrellas se acompaña de un estruendo, una llamarada una humareda que todo lo cubre nublando la vista y anulando los sentidos. Solo la intensa vibración de sus cuerpos les una a la realidad del momento. Ninguno de los dos se atreve a modificar ningún instrumento, la suerte no está echada, se está echando y confían en que todo el elaborado proceso que les ha llevado a ese momento y que sin embargo les llena de sorpresa y estupor, se haya realizado correctamente, tensión, serenidad y confianza sus únicas armas.
Los cuarenta primeros segundos son críticos. A veces cuarenta segundos son el infinito, pero son cuarenta segundos y luego … sus miradas se cruzan en la calma del espacio ingrávido, vuelven a su ser, pero ya no son los mismos, esa primera mirada es de incredulidad. ¿Ha ocurrido? ¿Ha pasado? Sus pensamientos van al unísono haciéndose las mismas preguntas, encontrando las mismas respuestas y la expansión que sienten en sus pechos hace que sus cuerpos floten ingrávidos, amarrados todavía a los asientos por los correajes de seguridad que tan ferozmente apretaron y que de pronto se tornan inútiles, opresivos, castrantes. Al soltarlos sienten las cómplices fuerzas inerciales que los aproximan, los junta y hacen que fluya toda la energía contenida de uno a otro cuerpo.
Ya solo queda un largo camino por andar. Tras las primeras horas de euforia, ingravidez y satisfacción, funcionan todos los equipos, la nave responde dócilmente a los mandos, las instrucciones son claras, conocidas y cotidianas salen de la órbita domestica buscando su destino.
Ambos se miran y sin palabras se dicen: “A MARTE”
El viaje es largo, suave y dulce. Todos sus actos, grabados durante tanto tiempo en sus metes son naturales y fluidos, solo pensando en el otro, en el compañero de viaje que ha puesto su vida en tus manos, del mismo modo que tú has puesto la tuya en las suyas. Embozados en un manto de estrellas multicolores que la pureza del vacío exterior hace que no parpadeen, como si la duda hubiera desaparecido del contexto, se dejan llevar a su destino que parece felizmente lejano pero seguro, existe un fin y ambos se dirigen juntos al mismo punto situado en la lejanía.
Doce horas para inicio de maniobra de entrada en órbita de Marte. La orden les saca del ensueño y hace que los pensamientos cambien de punto de vista. Llegamos. Se percibe un temblor inmaterial en toda la nave, pero ellos se miran a los ojos, buscando ese espíritu que les ha mantenido unidos y se repite el temblor.
Estará a la altura de las circunstancias, ¿no me fallará ahora?, ¿no nos habremos distraído?
La maniobra se culmina con éxito, solo una piedra en el camino, ¿Por qué habremos dudado?
El Comandante da las instrucciones para el desprendimiento de la cápsula que debe desembarcar en Marte. Van juntos. La maniobra es difícil y peligrosa. Se miran, dudan, las maniobras se realizan con precisión, pero se ha perdido la comunión mental. Un fallo representa desintegrarse y últimamente han detectado errores de sincronización entre ellos. Empiezan a recordar lo que había sido el ingrávido viaje y esos pequeños detalles de olvido en la maniobra, pequeños reproches de actividades conjuntas que fallaron en detalles perdonables pero que nadie asumió su culpa, la nave se va calentando en la suave atmosfera del planeta rojo y sus mentes van repasando, aquella desatención en el reparto de las raciones diarias, las jornadas perdidas con otro miembro de la tripulación, aquel olvido sin importancia por cansancio.
Escrudiñan con celo todos los movimientos que implican maniobras, ¿es consciente que mi vida está en sus manos? ¿Veo que se preocupa más de su vida que de la mía? La duda se infiltra en sus mentes y de pronto se ven pensando en ellos mismos. Es la supervivencia, se dicen.
Un golpe seco anuncia la apertura de los paracaídas y el suave balanceo les invita a pensar que lo lograrán. Lo logran.
Descienden la escalerilla, posan sus pies sobre el polvo ferroso que se mueve por todas partes, miran a su alrededor y entonces ven la inmensidad del horizonte, la soledad de su destino la aridez de su mundo. Se miran por última vez, conectan sus radios y se preguntan ¿y ahora qué?

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Justicia demagógica

En España, unir los términos popular y justicia, es temerario.

Las siglas T.O.P. (Tribunal de Orden Público) de don Francisco perviven ahora como Tribunal de Opinión Popular, tanto o más temible que el de aquella otra dictadura.

demagogia

Desconozco la razón pero lo popular -de siempre- me produce grima. Cualquier cosa que se adjetive con ese término me produce rechazo de manera automática; me da igual que se trate de un jurado que de un partido político que de un vehículo que de un programa de tv  o un tribunal. El propio DLE define popular como “Perteneciente o relativo a la parte menos favorecida del pueblo” o “Que está al alcance de la gente con menos recursos económicos o con menos desarrollo cultural“. El apostolado de pensamiento opinión única podrá lapidarme pero el término popular se utiliza precisamente en demagogia para hacer creer al menesteroso social que le importa a alguien. Desde que citan a un ignorante a un jurado popular hasta que acude, su nivel de ignorancia no varía. Algo similar ocurre con la imbecilidad, la xenofobia, el racismo, machismo, feminismo, y demás averías: que no mejoran por el hecho de ser citado a formar parte de un jurado, ni por votar a una opción política que asegure desvivirse por lo popular, o comprar algo que todo el mundo ansía.  Y la cosa se agrava al relacionar popular con la justicia, como tribunal popular  o jurado popular,  me producen más escalofríos (si cabe).

En español, además, en el negocio de la justicia se utilizan términos ya de por si preocupantes: A una decisión o sentencia judicial se la llama fallo, pero el verbo fallar significa también “No acertar algo, o equivocarse en ello. Fallar el tiro, una respuesta“, “En algunos juegos de cartas, poner un triunfo por no tener el palo que se juega“, “Dicho de una cosa o de una persona: No responder como se espera“, “Dicho de una cosa: Dejar de funcionar bien“; más desafortunado imposible. Por si fuera poco también se emplea el término deposición que igualmente puede referirse a una declaración ante la autoridad judicial, que a evacuar el vientre. o exonerar que igual se emplea para la acción de librar a alguien de una pena que para librarse de la ocupación intestinal..

El T.O.P. de nuestra pomposa democracia tiene asumidos sus propios conceptos legales. Por ejemplo: si una mujer es objeto de una agresión, o simplemente denuncia a su pareja por maltrato, y si su pareja es hombre, este irá inmediatamente a dormir en un calabozo como primera medida, debido a que el T.O.P. asume que en estos casos no le corresponde a la justicia demostrar la culpabilidad del ciudadano, sino al ciudadano demostrar su inocencia

Si (otro ejemplo) una joven denuncia a su profesor (hombre) por acoso sexual, el T.O.P. se encarga de arruinarle la vida al profesor y que no vuelva a ejercer en lugar alguno… con independencia de saber si es o no culpable de lo que se le acusa.

Ahora bien, otro caso muy distinto se da -por ejemplo-  cuando se trata de un defensor de la singularidad de un pueblo oprimido que le descerrajó un tiro en la cabeza al militar o policía que le oprimía. En ese caso y de momento, el pistolero ya cuenta con la simpatía del T.O.P. incluso con un toque de cretinismo romántico. Su caso ante la justicia será un proceso largo y complejo que precisará de un buen número de años y de dinero para poder demostrar lo que nunca negó: que fue él el que le disparó a su particular opresor. Luego, el T.O.P. se ocupará de que el bravo luchador esté en una prisión cómoda, con buenas dotaciones de ocio y lo más cerca posible de su casita. Finalmente, y cuando salga de las mazmorras del régimen opresor será recibido en su pueblo con traca, fanfarria de trompetas y flores todo ello aderezado con las lágrimas arreboladas del los miembros del T.O.P.

Que le pregunten sobre demagogia y justicia  a Miguel Angel Maradiaga, por ejemplo.

 

 

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EL PAYASO (cuento)

La historia había comenzado el 20 de diciembre de 2015. Los resultados de las elecciones generales habían sido tan complicados que no se presentó la oportunidad de formar gobierno. Empezaron consultas, pactos, proposiciones dimes y diretes con tan poca fortuna que al final resultó que hubo que convocar nuevas elecciones.
Jacinto, era un payaso en paro, que justo ese 20 de diciembre había iniciado un contrato de actuación en la sala Balancín, una sala de espectáculos de mala muerte situada en el barrio de Usera.
Él estaba exultante y feliz claro, a pesar de la tarima crujiente, las cortinas raídas las luces multicolores pálidas, el aforo reducido y casposo que se movía de un lado a otro de la sala sin prestarle el menor caso, pues en realidad venían a ver el espectáculo fuerte, a Maruja la cachonda, espectáculo erótico festivo animalista con anaconda drogada incluida, que tenía momentos en los que parecía que el reptil iba a devorar a la sabrosa Maruja. No voy a especificar por donde la iba a devorar, porque no viene a cuento en esta historia.
Jacinto no era tonto, entre otros motivos porque el hambre que pasaba le agudizaba la sesera, ya que la poca comida que entraba en casa, pagada con el sueldo de su esposa, empleada de limpieza en un ambulatorio de la Seguridad Social era sistemáticamente devorada por los tres churumbeles hambrientos que había procreado con Susana su mujer y que lo único que habían heredado de él era el hambre, porque payasos, eran payasos pero de los otros.
Jacinto, optimista hasta el A.D.N. vio una oportunidad y a partir de su cuarta actuación introdujo en su repertorio la situación política que se vivía en ese momento. Invento chascarrillos, realizó comparaciones ingeniosas, hizo críticas despiadadas y planteo imaginativas, pero absurdas soluciones. Propuso pactos imposibles, venganzas fratricidas, deserciones bochornosas, traiciones propias de Bruto, todo con picardía, buen humor y mucha imaginación.
Fortuna, que es dama caprichosa, hizo que una noche un comentarista político, que ni era comentarista ni era político, había escrito una novela con cierto éxito de tema marinero y ahora vivía apoltronado en una columna de un periódico de tirada nacional, fuera a echar una cana al aire con Teresa, la gogó de la sala vecina a Balancín. Le escuchó, le hizo gracia y al día siguiente cuando se le pasó la resaca de alcohol adulterado, resolvió su columna hablando de la actuación de Jacinto.
La columna fue contestada y él se referenció en Jacinto faltaría más. El solo era trasmisor de la opinión popular. Se inició una polémica, que trascendió a ámbitos nacionales e inmediatamente se reflejó en el aforo de la sala que increíblemente empezó a crecer de forma nada habitual. La anaconda pasó a telonera y dicen las crónicas que terminó muriendo de hambre porque Maruja se volvió estrecha y ya no le daba de comer.
Como la situación política se prolongaba en el tiempo, aquello fue creciendo de forma desmesurada y su éxito empezó a darle unos réditos, que se notó sobre todo en que los payasos de sus hijos ascendieron a la categoría de obesos y sus padres les procuraron tratamiento psicológico.
Conforme evolucionaba la situación, evolucionaban sus propuestas de una forma cada vez más disparatada. La gente se desternillaba con las componendas anti natura que planteaba Jacinto a la audiencia, la cual lo agradecía con grandes carcajadas y pidiendo más copas.
La sala también lo notó claro, aquello fue un proceso de expansión espacio tiempo que ni Einstein habría sabido predecir. Su local, su nombre, sus ideas resonaban en todo el país como una catarsis colectiva, que desmitificaba la crisis que sufría el país con las conjugaciones en prosa que se generaban a golpe de Balancín.
Pero un día, como es inevitable con las cosas que son inevitables, se solucionó la crisis.
Algunos dijeron que la realidad había superado a la ficción de la imaginación de Jacinto, pero la mayoría lo criticaron, lo denostaron, lo injuriaron y le despreciaron. Que duro es el éxito mostrando la realidad a los paisanos.
Olvido fue más rápido que Fortuna y Jacinto no pudo pagar a los Psicólogos que le proponían un nuevo tratamiento para la extrema delgadez de sus hijos. Susana volvió al ambulatorio, Jacinto al paro y sus hijos a protestar.
Pero Jacinto seguía siendo optimista idealista y listo. Ni corto ni perezoso, se afilió a un partido político, puso todo su ingenio al servicio del sistema y pellizco aquí, servicio allá, a los dos años colocaba a sus hijos en una clínica de tratamiento, a su mujer le dio el capricho de toda su vida de viajar por el mundo y el, con el columnista novelista de temas marineros se dedicó a pasear en yate a las gogos de las numerosas salas de fiesta de Madrid.
Cierto día, transcurrido el tiempo, le citó el juez de instrucción por una factura del partido en la que no quedaba bien reflejado el iva, pero que según su primera comparecencia en público “era una anécdota intrascendente, fruto de la envidia y de las ganas de enturbiar su dilatada y prístina vida pública”.
Aquel día, sin embargo, fue una multitud la que se congregó alrededor del payaso.

 

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Las dos décadas huecas

Existen dos décadas en nuestras vidas en las que nuestros sentimientos, aquello que pensamos o sentimos, resulta inútil intentar transmitirlo: nadie parece entender lo que queremos decir, ni lo que sentimos ni lo que queremos hacer realmente, como si perteneciésemos a otro mundo lejano y desconocido. Se trata de  nuestros primeros 10 años de vida y nuestros últimos 10.

Durante ese tiempo no nos queda otra que adaptarnos -en el más favorable de los casos- a lo que los demás creen que queremos o necesitamos. Siendo niños hasta los regalos y juguetes se adaptan más a lo que los padres creen que deben darnos que a lo que realmente nos gustaría o hemos intentado (sin éxito alguno) hacerles saber. Cuando somos ancianos igual, nadie se va a interesar por qué es lo que nos agradaría o que es lo que necesitamos.

Bien es cierto que cuando un niño o un anciano expresamos verbalmente un pensamiento, un deseo, un propósito, ni nos entienden ni desean hacerlo. Cuando somos niños porque nos falta vocabulario o porque “son cosas de críos” o porque directamente los adultos están convencidos de que un peque no tiene nada que decir que pueda interesar a un adulto, y cuando somos ancianos porque son quienes nos oyen  los que desconocen buena parte del  vocabulario que nosotros aprendimos o porque directamente son incapaces de prestar atención a aquello que no forma parte de sus hábitos y de los credos que han adquirido.

En mi caso confieso haber estado siempre “muy ocupado” en lo que estúpidamente consideraba importante, y haber desatendido a mis pequeños y a mis mayores y no haberles prestado toda la atención que ahora, cuando es tan tarde, reconozco que debí haberles otorgado. Estaba muy ocupado, si, con mi maldito egoísmo y mi brutal ignorancia. Quizá por eso ahora no me molesta que los jóvenes pasen de mis deseos, de saber qué me apena o que anhelo, o que a un médico joven le importe una higa mis achaques, o que en un comercio hagan como que no entienden una reclamación, etc., es más: lo veo tan justo y adecuado que me hace sonreír.

De hecho, son esas dos décadas en las que se dan más casos de malos tratos silenciosos;  es poco probable que alguien pueda interesarse por lo que sucede tras las puertas de un colegio, o de un internado infantil, o de una residencia de ancianos, la angustia y el sufrimiento permanece y permanecerá oculto, como si no existiese. Y es que por no contar ni siquiera votan. Unos no han nacido a la sociedad, los otros ya llevan años muertos.

Quizá por ello niños y ancianos solemos entendernos mucho mejor.anciano_nene

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