Señoras y señores: el Gobierno

Hay una práctica instalada en nuestro país por la que cuando el presidente del Gobierno de turno  lo considera oportuno, y previa adecuación del personal de la televisión del Estado a su antojo y capricho, aparece ante las cámaras y dice cosas que tienen toda la apariencia de ser respuestas a unos periodistas que instalan en el plató.

El pasado 10 de Septiembre tuvo lugar una de esas apariciones. Entonces, el presidente era el señor Mariano Rajoy, del partido llamado «partido popular» cuyo desafortunado logotipo es un animal carroñero. Ese día, en la pista central del circo del Estado, ante las cámaras de la televisión,  se representaba una obra de teatro en la que un gobierno honrado y honesto se veía dolorosamente forzado -en contra de su voluntad moral  y política- a poner en la calle a un asesino en serie, bajo la invocación de motivos humanitarios. En las otras pistas, el resto de actores se rasgaban las vestiduras representando llantos porque los dineros que ingresaba la maquinaria del Estado eran muy inferiores  los que los ministros-actores necesitaban para gastar en sus cosas. Como puede verse, puro drama.

Como el presidente no podía realizar una argumentación razonada de porqué tenía empeño político en poner en libertad a un asesino en serie, apeló a su condición de miembro de una banda armada separatista, y al hecho de que estaba gravemente enfermo y que «solamente pesaba 47 kilos». Por dos veces, y con voz plañidera para aparentar mayor convicción,  repitió el peso: 47 kilos.

Probablemente, el Presidente, que en ése momento era plenamente consciente de la estafa de millones de votos que estaba perpetrando, no se paró siquiera a pensar en cuánto podía pesar ahora el cuerpo de alguna de las personas que ése asesino en serie había matado. Voy a darle una pista, señor Presidente: aproximadamente un 12% del peso de cuando estaba vivo, y descontando el trozo de hueso de la nuca que le arrancó la bala. Esto quiere decir que, en conjunto,  los restos de los 3 Guardias Civiles asesinados por el recomendado del señor Presidente,  no llegaban a pesar  ni a los 47 kilos que tanta aflicción le ocasionaban al Presidente. Claro que eso al Presidente -y a juzgar por sus palabras y sus hechos- le importaba una higa. Porque en España, de media,  fallece un interno en prisión cada 3 días y ya es tradición que el presidente del Estado considere hombres de paz a los jefes del asesino en serie, y se avenga a negociar con ellos los centenares de cadáveres cosechados.

Mientras tanto, en las otras pistas, los llantos arrecian y gritan a los cuatro vientos porque a la fauna política no les llega para sus gastos, y -también con gran dolor de su corazón, y por supuesto, en contra de su voluntad- se ven obligados a exprimirnos otra vuelta de tuerca.

En apariencia tan sólo se trata de una partida de bucaneros insaciables, dispuestos a saquear a ancianitos, pensionistas, curritos, empresarios semiasfixiados y demás clase indefensa. Pero es mentira. Se trata de una falacia.

Cuando uno está mal de liquidez, suele sacar pasta hasta debajo de las piedras. Y en el caso de los vagos profesionales, hasta vendiendo a la abuela en un descuido. Por tanto, no se concibe que ésta tropa deje escapar los euros a millones por varias rendijas. Si de verdad lo que quisieran fuese aumentar los ingresos, ¿qué sentido tiene dejar sin su corespondiente exacción fiscal un negocio que factura varios millones de euros al día?. ¿Alguien puede explicarlo?.  Cuando los políticos de un país crean una UTE para saquear las reservas de oro del Banco de España (¿queda algún lingote?) y ponerse a negociar con asesinos en serie, cuesta pensar que no cobren impuestos a un negocio por escrúpulos.

Estoy hablando del negocio de la prostitución. ¿Hay que hacer una ley?. Pues a hacerla. Dos días en redactarla, dos en aprobarla con la mayoría absoluta y por razones de asfixia de pasta, y a contar 20 días desde que se publique en el BOE.

Sospecho que esta gente no está tan interesada en recaudar dinero como en fomentar nuestra dependencia del papá-Estado. Pero claro, en el caso del ilusionismo, y como diría el mítico René Lavand, no puede hacerse más lento (y seguiremos sin ver el truco).

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La carta de Serafina

La vejez y la enfermedad son esos estados en que ya no cabe el riesgo de ‘exclusión social’ porque ya has sido excluido.

«7 de Agosto de 1996

Distinguidos señores:

Les escrivo esta carta porque mis sobrinos me han quitado mi casa y me e quedado sola y no tengo nada de lo que tenía antes y yo quiero que me debuelban lo que es mio. Mi marido hera Joaquín Soler que le decían El Lápiz y acía casas y era muy vueno conmigo y mis sobrinos, pero ya se murió y ahora estoy sola. Porque mis sobrinos dijeron al señor Notario que tenían una carta en la que yo les dejaba la casa para ellos pero es mentira porque esa carta yo no la hice nunca y no puede ser y entonces ellos han pagado al señor Notario y se an quedado con la casa y yo estoy sola y bibo en la residencia y no tengo nada de lo que yo tenía porque dicen que estoy loca.

Se despide de ustedes Serafina García Dominguez. Direción calle La Redonda 23, Cualquier pueblo de España».

Cartas como ésta llevan muchos años llegando a distintas direcciones postales de organismos públicos, de Justicia o Hacienda o Interior. Quizá miles de cartas cada año. Son cartas que abren empleados de algún registro y no saben qué hacer con ellas. Suelen leerlas en algún rato libre y al carecer de instrucciones concretas sobre qué hacer con ellas acaban tirándolas a la papelera o dejándolas en algún armario de descanso eterno. Nadie responderá nunca la carta de Serafina.

Serafina debía ser viejita cuando escribió esa carta. Lo hizo con toda la corrección y la fé de que fue capaz, y la echó al buzón (o se la dio a Mario, el cartero del pueblo, para que se la echara) con la ciega esperanza de que «alguien de la capital» contestaría  a su demanda. Probablemente Serafina lleve muchos años ya enterrada y sus sobrinos disfrutando de la casa que -tal vez- obtuvieron con argucias a las que el notario no fuese muy ajeno.

Los funcionarios que abrieron y, sin duda, leyeron la carta de Serafina probablemente pensaron que se trataba de una persona mayor y que no tenía los conocimientos administrativos de ellos, para saber que ésa carta jamás obtendría respuesta.

Cada vez que visitamos a algún familiar en un hogar de ancianos (antes «puto asilo» y ahora «residencia de mayores») resulta fácil -si estamos atentos y damos oportunidad- que alguno de los vejetes nos haga confidencias sobre lo que tiene toda la pinta de ser auténticos delitos, cuando no macabras conspiraciones. Nuestra primera reacción será sonreír pensando que el pobre abuelito está como un cencerro, porque «lo normal», lo que tenemos interiorizado es que anciano=demenciado, y le seguiremos la corriente un ratito y huiremos de él a la primera ocasión.

Da igual que sea cierto que el compañero de «residencia» de nuestra tía Adelaida sea realmente un nazi fugado, o que los sobrinos de Serafina sean unos chorizos, porque por más que nos lo cuenten y por más cartas que escriban, nunca, jamás, nadie les hará caso.

Pero por razones que desconozco, una gran mayoría de empleados públicos administrativos o de centros hospitalarios deben creer que los viejos y los ingresados en hospitales son algo así como oligofrénicos. Lo digo por la forma de tratarlos, con una mezcla de cariño de plástico y cansancio crónico, sin que en ningún caso les hagan el más mínimo caso de lo que digan. Y nosotros tampoco vamos muy alejados…

A Mercedes, «La Negra» de Lavapiés,  en el 100º aniversario de su nacimiento, con todo el respeto y cariño.
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Los despojos de la autoridad

En estos tiempos en que miramos qué gastos reducir, resulta inevitable fijarse en casi todo cuanto nos rodea.

En los últimos días me ha llamado la atención lo evidente que resulta lo superfluo de algunos gastos públicos que son desorbitados y, según parece, totalmente prescindibles. Me refiero a ese conglomerado de personas, vestuario, equipamiento y vehículos terrestres, aéreos y marítimos que engloba la expresión «cuerpos y fuerzas de la seguridad del Estado».

Llegados a éste punto lo normal es que el lector sonría y piense que ¡cómo íbamos a poder vivir sin policía!. ¡Sería el caos y la anarquía!. Yo  propongo al lector que sustituya esa respuesta-reflejo  por una pregunta: ¿y cómo vivimos con policía?. Observemos desde los aspectos más sencillos hasta los más complejos.

Si usted  lleva a su perro atado y provisto de bolsas de recogida de excrementos,  y decide bajar a pasear por la playa de -por ejemplo- .Benicasim, tardará poco en llegar la policía, rascarle el bolsillo y obligarle a abandonar la playa con el chucho. Ahora bien: si en lugar de estar usted sólo en la playa con su chucho, se trata de 40 personas que están dejando la playa llena de porquería, latas de cerveza, etc. y los chuchos son varios y pasean sueltos por la playa y nadie se preocupa de recoger lo que puedan dejar allí los perros, la policía se limitará a pasearse por la parte superior del paseo y no osarán molestar a quienes están con los perros en la playa.

Playa Heliópolis de Benicasim. 2012

Tanto en uno como en otro caso «la policía» se compone habitualmente de dos sueldos, dos armamentos variados, dos equipamientos de material complementario de seguridad, dos vestuarios, y uno o dos vehículos… multiplicado por el número necesario de personal para atender los correspondientes turnos de lo que eufemísticamente llaman «servicio». Todo ello multiplicado por N «patrullas» en cada ciudad y por el número de ciudades.

Algo similar a lo anterior ha podido comprobarse recientemente en las grandes ciudades con la ocupación en acampada de las calles y plazas. Si usted hubiese decidido acampar sólo,  no habría llegado ni a montar la tienda de campaña. Siendo cientos o miles la policía actúa (es un decir) de manera distinta, exactamente igual que en el caso de la playa. Y exactamente igual que si usted -sólo-  intenta aparcar su coche en mitad del Paseo de la Castellana de Madrid o lo aparcan cientos de personas con la excusa de existir un partido de fútbol.

Sin embargo, las leyes y reglamentos son los mismos. La ordenanza municipal  sobre perros en la playa de Benicasim no dice nada sobre el hecho de que se esté celebrando un festival de regae en el pueblo, ni la de Madrid diferencia el hecho de estacionar en La Castellana cuando hay partido o cuando no lo hay, o acampar en la Puerta del Sol dependiendo de que alguien haya puesto en marcha un «movimiento social» o no.

Si personas no autorizadas impiden el funcionamiento normal del transporte público, utilizar unas playas limpias, la libre circulación en las ciudades, o el libre funcionamiento de los comercios en calles y plazas de las ciudades ¿acaso no será eso caos y anarquía?.

Esto son algunos ejemplos de asuntos sencillos. Vamos con los complejos. Con los más esperpénticos de los últimos años.

El conocido como «crimen de los Galindos», en un cortijo sevillano, ya ha pasado a las academias de policía como ejemplo de lo que no debe hacerse en una inspección ocular en el lugar del delito. 37 años después, con los delitos ya prescritos, continúa siendo desconocida la identidad de los autores.

Cinco años después, en Somosaguas (Madrid), son asesinados los marqueses de Urquijo, propietarios de un banco en quiebra. Varios veteranos policías de Madrid, expertos en homicidios,  fueron injustificadamente apartados del caso. Un caso que tras muchos vuelcos y revueltas, sigue sin solución y en el que el único encarcelado apareció suicidado en su celda.

En el caso de los asesinatos de Alcácer, (1992)  las «fuerzas y cuerpos» exhibieron su poderío con holgura. Misteriosos autores  huidos en buques fantasma y ahogados en lejanos mares, peleas entre distintas unidades de la  Guardia Civil, y de la Guardia Civil con el hoy denominado Cuerpo Nacional de Policía, para finalmente dejar constancia de su vergonzante fracaso. Cuando familiares y periodistas exigieron respuestas profesionales a sus sencillas preguntas, lo único que consiguieron es que las «fuerzas y cuerpos» implorasen a los jueces la defensa de su «honor» y poco faltó para que padres y periodistas acabasen con sus huesos en la cárcel. Las autopsias oficiales  que se realizaron causarían rubor incluso a un concursante de Gran Hermano.

La televisión ha dado cumplida información de la discapacidad del Cuerpo Nacional de Policía por encontrar a Marta del Castillo, una joven que desapareció en Sevilla a principios de 2009. El CNP consintió que tres choricetes iletrados les dejaran en el más espantoso de los ridículos. A cambio, la policía andaluza se preocupó de dar aparatosa cobertura mediática en los telediarios, utilizando helicópteros y embarcaciones y decenas de agentes, mientras de su jefatura eran robados con calma y sosiego más de 100 kgs. de cocaína que supuestamente estaban bajo su custodia.

En Marzo de 2004, tras los atentados a los trenes en Madrid, las «fuerzas y cuerpos» detuvieron y encarcelaron como islamistas terroristas a 29 confidentes o colaboradores de la policía;  las pistas fueron aportadas por colaboradores de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía, y entre éstos se organizaron para ocultar a los jueces un vagón entero procedente de los escenarios de los focos de la matanza. Unos y otros buscaron en él restos e indicios y cuando el juez solicitó restos e indicios de los focos de las explosiones, simplemente ocultaron su existencia. La Guardia Civil, encargada por ley del control de armas y explosivos, elaboró un informe en el que reconocía que en una de las minas asturianas que relacionaron con la masacre, y en el último año, habían sido sustraídos unos 3.000 kgs. de dinamita y unos 13.000 detonadores. A fecha de hoy no se ha publicado quién organizó los atentados, se sigue ocultando el arma del crimen, y mantienen encarcelada a gente condenada a más de 420 siglos que no saben ni cómo se llama.

En éstos últimos días se cuestiona a  la Policía Científica del Cuerpo Nacional de Policía, por lo que tiene todo el aspecto de ser una nueva hazaña de las «fuerxas y cuerpos» al decir que unos huesos que parecen pertenecer a los niños Ruth y José, desaparecidos en Córdoba a finales al año pasado, eran huesos de roedores. Si se confirma la discapacidad de éstos técnicos policiales, van a ser muchas las cuestiones que deberían ser puestas encima de la mesa, porque son excesivos los casos que permiten cuestionar la utilidad de su existencia. Son demasiadas familias con preguntas que no han sido respondidas o lo han sido falsamente, lo que es más horrible.

Y si damos un vistazo al «terrorismo casero» (una vez agotado el negocio ‘ETA’, ahora está de moda el «terrorismo islámico»), podremos observar que aproximadamente unos 300 crímenes atribuidos a «la banda» permanecen sin resolver, mientras que los encarcelados por los casos resueltos, ahora están siendo redirigidos individual o colectivamente a balnearios caribeños o  escaños y concejalías vascuences. Sin contar las veces en que no habrá trascendido cómo las propias «fuerzas y cuerpos» se encargaron de alertar a los propios «terroristas» de su inminente detención.

El cum laude obtenido en la universidad del esperpento, en el campus de la ramplonería se lo lleva la aparición de esa especie de guías del sendero luminoso del buenismo, cuya máximo cerebro parece ser el señor Sánchez Gordillo. El nivel académico obtenido por este hombre y sus discípulos asaltando comercios y negociando posteriormente cómo llevarse lo robado con las «fuerzas y cuerpos» es de tal altura,  y causa tantas alabanzas que acredita el reconocimiento a su obra. Es imposible conseguir con mejor logro llevar las cámaras de tv al lugar de la ejecución de una fechoría, para luego obtener testimonio en imágenes de la vergüenza de las «fuerzas y cuerpos» tratando con los delincuentes y víctimas, qué hacer con lo robado.

Por tanto, cuando a la población se le pretende vender una imagen de pretendida eficacia mostrando numerosos y costosos medios, o equipando a esas «fuerzas y cuerpos» con aparejos sofisticados  propios de autómatas de video juego, lo que parece que se pretende es enmascarar su propia ineficacia. Por más marciales y robotizadas que resulten las imágenes de los agentes, no dejan de ser más que un costoso video juego. Los comerciantes y transeúntes seguirán siendo coaccionados impunemente por grupos a los que las «fuerzas y cuerpos» no osan molestar , y avasallados por esas mismas «fuerzas y cuerpos» los que individualmente lleven perro a una playa o aparquen en La Castellana o decidan acampar en la Puerta del Sol.

Las familias seguirán sin saber quién, y por qué mató a uno de los suyos, y el pueblo entero sin saber quién les roba su libertad cuando le apetece, y encima es amparado por el Estado.

Por supuesto que existen dentro de esas «fuerzas y cuerpos» gente realmente honesta; incluso existen héroes. Los hubo que no dudaron en dar su vida por salvar la de otros ciudadanos. Pero no es el caso. Lo que se cuestiona es el total de la inversión y el rendimiento obtenido, y las cuentas salen negativas. Y en todo ese derroche, los miembros de esas «fuerzas y cuerpos» que bregan a diario con lo peor de la sociedad, los que literalmente se la juegan cada día, son los peor pagados en esas «fuerzas y cuerpos», con sueldos casi de subsistencia.

La excusa oficial es que cuando los infractores lo son en número elevado y de forma simultánea, el problema muta de  ser un problema de seguridad pública a ser un problema político, dejando a ellos la resolución. Y los políticos cuando no ven beneficio pasan la pelota a la autoridad judicial, quien a su vez la pasa al fiscal para preguntarle aquello de  «por si ve indicios de delito». Siempre esperando a que se moje otro.

Y cuantos más cargos públicos (jamás tan bien dicho lo de cargas públicas) entren en liza, más está costando hacer nada. Más dinero cuesta un rendimiento nulo.

Cuando hayamos analizado con estos y otros detalles cómo vivimos con ésta policía, podremos considerar cómo podríamos vivir sin ella.

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Puede hacerse

Puede cambiarse. Es factible hacerlo. Aparentemente nada lo impide. Aparentemente.

A fecha de hoy, es bastante probable que sea usted una de las personas a las que cada vez le cuesta más comprender las actuaciones de su gobierno, o de aquellas a las que cada vez les cuesta más aceptar las imposiciones de ése gobierno.

Son muchas las personas que hoy mismo -si se lo solicitasen-  firmarían una propuesta para cambiar el actual estado de cosas, o que pedirían la firma de otros para apoyar multitudinariamente un cambio de la situación. O que secundarían una propuesta de asociación o de acción encaminada en ése sentido.

Incluso hay ya propuestas circulando por ahí que cubren un amplio abanico de opciones: desde el golpe de Estado, a la retirada de la legítima autoridad del gobierno mediante un referéndum que, por su propia naturaleza, resultaría ilegítimo.
Cuando lo convulso de la situación es utilizado para hacer propuestas ajenas al modelo democrático, significa que muy probablemente ha llegado el momento de reconsiderar algunos viejos tòpicos.

La unión… ¿de verdad hace la fuerza?

Observará usted que todas y cada una de las propuestas que encuentre (o que le ofrezcan) como soluciones a los actuales problemas sociales, pasan por poner de acuerdo a un número indeterminado de personas mediante recogida de firmas, asociación, agrupamiento temporal, concentraciones, manifestaciones, acampadas, ocupación de lugares, etc.

Creo que a usted no le costará mucho suponer que cuando cualquier gobierno observa un movimiento que trata de oponerse, haga algo al respecto. Por esa misma razón, podrá entender que cuando un gobierno detecta un movimiento hostil, trate de anularlo o, cuando menos, controlarlo. Las técnicas más habituales son la escisión de ese núcleo hostil, con el propósito de debilitarlo, o apoderarse de la gestión de ese movimiento social . Todos somos capaces de localizar movimientos sociales que nacieron con las mejores intenciones y han terminado convertidos en agrupaciones desorientadas… y debidamente subvencionadas en algunos casos.

Aunque, en la práctica, la realidad es muy distinta, porque la mayoría de nosotros permanecemos cómodamente instalados en el confort que proporciona una supuesta impotencia. Decimos, mientras tratamos de convencernos de ello, que «nosotros solos no podemos hacer nada», y asumimos como cierta esa presunta impotencia como individuos. Pero ¿de dónde procede esa especie de pereza mental?.

Esa asunción voluntaria que adoptamos -y defendemos- con total vehemencia, de que nada podemos hacer nosotros solos  por cambiar las cosas, es una de las herramientas que mejor maneja un gobierno, porque esa asunción es la que nos conduce directamente -como si fuéramos atunes en la red- a esa especie de almadrabas en las  que como ya hemos visto, quedamos atrapados a merced de  los gobiernos. No es por casualidad que en la última década intenten convencernos insistentemente, a través de gurús y evangelistas varios, de la bondad e incluso  la necesidad del «trabajo en equipo». La idea de anular al individuo para integrarlo en «el equipo» es la antesala del pensamiento global. Curiosamente, los predicadores del «trabajo en equipo» jamás se integran realmente en «el equipo». «El equipo» es un concepto para aglutinar únicamente a la base de la estructura social que se pretende manejar; nunca a sus mandos.  El ejemplo más gráfico del «trabajo en equipo» lo tenemos en las ovejas pastando en grupo para desbrozar un campo. Y el más trágico en los soldados durante una batalla. Para conseguir que se dejen matar a puñados lo primero que se hace con un soldado es extirparle el hábito de pensar  individualmente.

El individuo bien adoctrinado para «el trabajo en equipo» ya no es consciente de que se ha convertido en un perezoso mental. Ahora, su mecanismo para reaccionar ante un problema consta de dos preceptos:

  • El problema es culpa de otro.
  • La solución me la facilitará otro.

el miembro de «un equipo» está bien instruido en que él solo nada puede hacer. Que lo que sea, debe hacerlo «en equipo», siguiendo las instrucciones que «alguien» le dará. Por tanto, mientras «alguien»  no le diga nada, permanecerá inactivo.

Un vistazo en su entorno más próximo,  puede permitirle comprobar lo incrustada que se encuentra la asunción de esa impotencia dentro del tejido social. Y puede corroborar la intensidad de esa asunción,  mediante un sencillo test para constatar  la resistencia a cambiar de criterio en quienes la asumen: sugiera a la persona elegida, que habría que pensar en hacer algo para intentar cambiar la situación actual, y observe. Lo habitual es que esa persona le pregunte a usted qué es lo que cree que debería hacerse, o bien, que responda con alguna idea prestada.

En términos generales, el individuo está convencido de que no puede actuar individualmente, y ello le conduce inexorablemente -si decide rebelarse- a alguna de las almadrabas en las que los rebelados quedan a disposición de lo que el gobierno decida hacer con ellos..

Una de los motivos que inducen al individuo a la sensación de impotencia es un error muy común, que consiste en creer que no pertenecer a un grupo estructurado y organizado equivale a estar sólo.

Hágalo usted mismo

El efecto más evidente de la pésima actuación de la especie política que actúa en España, es el colapso económico y financiero al que nos conducen, y la coincidencia de que a nadie nos ha gustado

De forma generalizada se han encargado de gastar por encima de lo posible. Por tanto, hay quien opina que son muchos los políticos de diferentes partidos que deberían ir a la cárcel. Otros opinan que antes deberían devolver el dinero. Aunque  lo cierto es que legislatura tras legislatura suelen aparecer los mismos personajes en un lado u otro del gobierno, pero siempre dilapidando recursos públicos.

Y es de dominio público que lo que más daño puede hacer a quien vive de la política sin ser político, es dejarle fuera del juego. Para algunos incluso, que jamás han llegado a trabajar, puede llegar a ser un calvario.  Tal vez usted considere que una buena solución pasaría por inhabilitar a todos aquellos políticos que se sirven del pueblo en lugar de servirlo. Y probablemente piense que conseguir esa inhabilitación pueda eternizarse o simplemente no llegar jamás. Está en lo cierto… si confía, como siempre, que sus problemas los solucione otro, aunque sea un juez. Por tanto le propongo que lo haga usted mismo. Y es de lo más sencillo.
La exclusión de esos individuos consiste en rechazar cualquier próxima  lista de candidatos en la que aparezcan. Es la manera más efectiva, rápida y eficiente de inhabilitar a estos personajes. Y el partido que cometió el error de incluir en sus listas ese nombre contaminado, sabrá que la candidatura del partido ha sido rechazada precisamente por causa del personaje en cuestión.

Lo que -de momento- aún no puede gestionar un gobierno occidental es la actitud individual de sus ciudadanos. Actuemos pues todos y cada uno de nosotros, individualmente,  en la exclusión de aquellos que nos causan perjuicio.

Cómo identificarlos

Pues es bastante sencillo.

Por ejemplo: el pasado 28 de Junio, en el BOE apareció una novela bajo el breve y sugerente epígrafe  » Presidencia de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, por la que se convocan subvenciones a las Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo para la realización de proyectos de cooperación para el desarrollo, incluidos los de Educación para el Desarrollo en España, correspondiente al año 2012.» en la que parece ser que la palabra «desarrollo» tiene algo que ver, y en la que en la primera página nos anuncian que en cualquier momento, OTROS 26 milloncejos de euros MÁS  podrían salir volando. Entonces no tenemos más que seguir leyendo y en la página 17 encontramos la firma de semejante acto de piratería: un tal Juan López-Dóriga que es director de una cosa que tiene un presidente, y siguiendo el rastro vemos que el presidente es secretario de Estado del asunto desarrollero y que es un tal Jesús Gracia.

Bueno pues no tenemos más que marcar esos dos nombres y añadir los de sus jefes que les autorizan semejantes acciones: el ministro del asunto y el presidente del gobierno.

Otro ejemplo es el de una señora llamada Carmen Plaza, a la que podemos localizar en la página 11 de éste enlace al BOE, en la que aparece como firmante de otra idea para gastar dinero en cosas de «igualdad».  Y ya puestos ¿por qué no subvencionan también la libertad o la fraternidad?

Es sencillo encontrar y poner nombre a la mayoría de los autores (y los cómplices) del despilfarro público. Sólo hace falta buscarlos. Ellos solos se descubren. Sirva de ejemplo vergonzante de la estupidez humana el caso de la deuda de 30 millones de euros a Correos por parte del  gobierno valenciano. Una de las posibles causas fue publicada aquí hace unos días. Lo que entonces no había visto es la existencia de éste  otro sitio (tienen varios)  del gobierno de Valencia en el que ¡pásmense! cuentan las bondades de la firma electrónica. Ejemplos como el de Valencia son una tentación para considerar de una tacada a todos los políticos del gobierno valenciano contaminados, pero sería una injusticia y tampoco es lo que se persigue.

Una lista donde poder localizarlos

La lista de gente contaminada puede confeccionarse para uno mismo o para ponerla a disposición de todos. El caso es preparar un bote en el que poder colocar el nombre del impresentable (nunca mejor dicho), la fechoría o torpeza que le es atribuible en función de su acción u omisión, y en el que cada uno pueda consultar los nombres de quienes aspiran a que les sentemos en la poltrona. Si tiene antecedentes de malhechor social simplemente le inhabilitamos. Le excluimos.

La lista de excluibles debe confeccionarse con la identidad de cada uno, posición o cargo ocupado, fechoría o estupidez achacable debidamente documentada, partido al que pertenezca (en su caso), y nivel de responsabilidad política en el hecho.

La lista deberá estar siempre disponible para poder ser consultada y así quitar la opción de participar en el gobierno del pueblo a los sinvergüenzas y los memos.

Aparentemente

Decía al principio que aparentemente nada nos impide inhabilitar y excluir a los enemigos del pueblo. Pero éso son sólo apariencias, porque tal y como se podrá comprobar en las próximas elecciones, la mayoría de aquellos que pudieran estar de acuerdo con esta propuesta,  seguirá esperando a que alguien continúe la lista, la conserve, la ponga a disposición de todos… es decir: a que alguien le solucione sus problemas.

Si tiene usted algún comentario o sugerencia, le agradecería que la comparta públicamente, pinchando para ello en el «bocadillo» superior a la derecha.

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CUENTO

UN CUENTO

Había un país en Europa,
colgando en la zona sur,
zona remota e ignota,
rodeada de un mar azul,
de gente dicharachera
y algún que otro gandul.
España fue bautizada,
y venían de veraneo
alemanes, suecos, belgas
y gentes del mundo entero.
Era un pais divertido,
donde no había dinero,
pero sí fiestas y bailes
en la plazas de los pueblos,
y también de cuando en cuando, espectáculos flamencos.
Fueron pasando los años
y el país fue creciendo,
se proyectaron casas, autopistas, rascacielos,
un tren que se las pelaba y cantidad de aeropuertos.
Sus habitantes que, en tiempos,
eran bajos y morenos,
se transformaron de pronto
en personajes de cuento.
Tenían casas lujosas y también apartamentos
en las playas de Zahara, de Tarifa y de Getxo,
también se compraron yates y coches todoterreno,
tablets, ipads, iphones, gameboys
y todo lo más puntero,
pues los bancos, generosos, te prestaban el dinero
y todo esto ocurrio en breve lapso de tiempo.
Gobernaban el país unos partidos muy buenos,
que alternaban el poder por decisión de su pueblo,
uno era el encarnado, otro azul igual que el cielo,
sus símbolos: gaviotas y rosas de terciopelo.
Los españoles con esto, estábamos muy contentos,
y nos sentíamos libres, importantes y “toreros”,
tomábamos decisiones, protestábamos sin miedo
y así nuestros gobernantes se apoderaron del cetro,
parecían faraones y daba gusto de verlos,
tan elegantes, tan guapos, tan esbeltos, tan morenos,
con sus trajes impecables, que les sentaban “de miedo”.
Fueron pasaron los años y cambiamos de milenio,
el país alborozado, gastaba con desenfreno,
y seguían construyendo autopistas, aeropuertos,
y como sobraba agua, campos de golf en desiertos,
chalets en la zona norte y lofts y casas de ensueño.
Y este país importante, entró en Europa de lleno,
se quitaron las pesetas y se pusieron los euros,
una moneda moderna, que inventaron los banqueros
y que nos hermanaría a todos los europeos,
pues ya no habría ni marcos, ni liras ni dragmas griegos.
Pero de repente un día, malos augurios vinieron,
vino una noticia en la prensa, que nos erizó el cabello
pues resultó que en América desapareció el dinero,
y todo esto pasó, por culpa de un tío negro,
que vivía en Alabama y que no pagó su crédito,
pues quiso vivir de mejor de lo que viven los negros.
Y la globalización, que estaba en el candelero
se extendió con rapidez, por todito el mundo entero
y en cuestión de poco tiempo, desapareció el dinero,
dejando a los españoles asombrados por tal hecho.
Los bancos que en otros tiempos,
fueron como hermanos nuestros,
se convirtieron de pronto en los monstruos del averno
y obligaron a las gentes a devolver el dinero.
Subieron los intereses y descendieron los sueldos
y no se podían pagar las deudas que contrajeron
y empezaron a venderse las casas y los terrenos,
los yates, los palacetes y los pisitos obreros.
Los políticos de turno,
los colorados, por cierto,
veían la situación, pero no mostraban miedo
y decían que en España eso era pasajero,
que estaban los “brotes verdes”y que todo era un camelo,
que éramos los “pichichis” de Europa y del extranjero
y esto no era una crisis, sino un “desacelero”.
Y la cosa fue a peor y empezó a entrar el mosqueo
pues las empresas cerraban y no corría el dinero,
la gasolina subía y mermaba el monedero,
a las familias morosas las dejaban sin un techo,
y miles de ciudadanos pasaron al desempleo.
La gente se encabronó, y furiosos decidieron
que toda la culpa era, del cabrón de Zapatero,
que veía “brotes verdes” donde solo había desierto.
Llegaron las votaciones, un 20-N siniestro
y así los españolitos le dieron un escarmiento
al partido colorado de rosa de tercioperlo.
Y llegaron los azules, de gaviotas en el cielo
que habían prometido acabar con este infierno,
que tomarían medidas para generar empleo
y para poner orden en todo este caos interno.
Empezaron a pensar y a publicar decretos,
a recortar las pensiones, la sanidad y los sueldos,
en la educación dijeron que había muchos maestros
y les mandaron a casa “jodidos pero contentos”,
pensaron que era mejor cobrar los medicamentos
y algunas autonomías cobraban por los asientos
para que el acompañante se sentara por los suelos.
Andaban así las cosas, cuando la prima de riesgo
se disparó por las nubes y a rescatarnos vinieron,
unos cuantos milloncetes, escritos con muchos ceros
nos dieron, con condiciones, los amigos europeos,
y los azules celestes, de gaviotas en el cielo
decidieron al unísono recaudar con mucho celo,
recortaron el subsidio que pagaba el desempleo,
el alquiler de vivienda, las pagas de navidad y las ayudas que daban
a los cojos, a los mancos, paralíticos y ciegos,
que ahora llaman dependientes, por capricho de algún lerdo.
Y ese país que crecía y que ahora vá decreciendo
está triste y asustado y se mastica su miedo.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado…. y QUE SE JODAN (copyright de Andrea Fabra)

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No entiendo nada

Bueno, el que yo diga que no entiendo nada, no es algo que sea digno de ser destacado, porque la verdad es que cada vez entiendo menos cosas y las que hace tiempo entendía y me parecían lógicas, ahora tienen matices que hacen que donde antes, algo no podía ser más que  blanco, ahora es negro porque alguien ha decidido que lo sea.

Tengo por costumbre, y siempre en la medida de lo posible,  en un alarde de masoquismo, leer toda la prensa que pueda, ya que gracias a las ediciones digitales, son facilmente asequibles, con lo cual suelo tragarme cada cosa que  me obliga muchas veces a tomarme un almax para digerirlo, y a la vez sintonizo la radio, desde primeras horas de la mañana, ya que tambien tengo la costumbre de despertarme temprano y voy cambiando el dial, escuchando  radio nacional, radio  5, la Ser, Onda Cero, Esradio y otras emisoras locales, dependiendo del sitio  donde me encuentre, intentando ordenar las noticias que me muestran y escuchando los distintos tertulianos (que es una profesión que hoy se da en abundancia) sacar en claro la verdad oculta de lo que los políticos de turno han parido el día anterior.

He de reconocer que no resulta nada fácil, pero yo, inasequible al desaliento sigo todas las mañanas repitiendo el mismo rito, y yo misma me sorprendo de que mi  equilibrio mental no se resienta por esta actividad diaria, así que debe ser porque tengo el convencimiento de  que todos los ciudadanos deberíamos estar informados por todos los conductos a los que podamos acceder, y  eso nos daría un arma para exigir con conocimiento de causa los cambios necesarios, sin sentirnos demasiado manipulados y empujados en una única dirección.

Bueno, pues en estos menesteres estaba cuando leí esta «noticia»

«El CGPJ afirma que no pagarle la indemnización de 200.000 euros a Dívar sería ilegal».

El nuevo presidente del CGPJ ha afirmado que la indemnización está prevista en el presupuesto y está reconocida en las leyes.

«Es un tema reglado. No podemos decirle que no», 

ha remachado.

En este sentido, ha destacado que la Comisión de Estudios,

«no puede decir otra cosa», ya que «no hay otra posibilidad». «Está reglamentado, si no lo hiciéramos incumpliríamos la Ley» ,

ha agregado.  Y yo añadiría, «y  se ha quedado tan pancha».

La verdad, es que pasado el primer momento de perplejidad y de indignacion por la caradura de la que hacen gala nuestros «representantes» en cualquier Estamento en que se encuentren, me he puesto a analizar, sobre todo desde mi perspectiva de funcionaria de a pié, casi mileurista y ya jubilada mileurista del todo, en cual es la diferencia entre el Sr. Dívar y yo, en cuanto a nuestra profesión, funcionario él, de una escala muy superior, pero funcionario al fin, y  yo, funcionaria de una escala muy inferior, pero también funcionaria a la postre, porque cuando hacen estadísticas reflejando el sueldo medio  de los funcionarios, nos meten a todos en el mismo saco y así nos sale un sueldo medio mínimo, de unos 2.800 euros, cosa muy lejos de la realidad.

Me estoy refiriendo a la supresión de la paga extra de Navidad de los funcionarios, que esgrimiendo el argumento, por supuesto real, de que el Estado carece de recursos suficientes y todos tenemos que sacrificarnos, no tienen duda alguna de que están legitimados para hacerlo, y el que esa paga sea un derecho establecido y  por supuesto reglamentado no les impulsa a decir el argumento de que «si nos quitan la paga estamos incumpliendo la Ley».

Y yo me vuelvo a preguntar: «¿es que las cosas reglamentadas, y por tanto inamovibles, solo lo son dependiendo de la categoría del funcionario público?. ¿No debería, caso de ser flexible,  aplicarse esta dureza en el recorte, en aquellas nóminas, que por la cuantía de las mismas, apenas notarían la merma en sus retribuciones finales?. Y si la Ley impide que una cosa reglamentada se restrinja, por que incumplen esa misma Ley que esgrimen cuando el perjudicado es la parte del funcionariado más débil?.

Si alguno teneis una respuesta lógica para darme, os lo agradecería.

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Ingeniería del despilfarro autonómico

La alarma

En la primavera del pasado año, el sindicato UGT lanzó la voz de alarma sobre una de las chorizadas de un gobierno regional.En este caso se trataba de la Comunidad valenciana.

Más adelante, se supo que se trataba de la deuda contraída por la Comunidad de Valencia con el servicio de Correos, que, era de aproximadamente,  30 millones de euros. En realidad la deuda no era de toda la Comunidad valenciana, sino únicamente de su departamento de Justicia.

La pública denuncia debió resultar efectiva por dos razones: porque el gobierno regional se dio una prisa inusitada en asegurar que «Esa cuestión está en estos momentos resuelta porque se ha facilitado la fórmula económica para poder financiar los gastos atrasados»     y porque después no volvió a airearse el asunto.

¿Cómo es posible?

Uno, acostumbrado a la tarifa de un sobre y un sello de Correos, no puede evitar quedar intrigado por la forma en que alguien llega a conseguir una deuda de 30 milloncejos de euros con Correos.

La pista sobre la chorizada me la dan de forma involuntaria hace unos días: resulta que en la ciudad de Orihuela -no sé en otras ciudades valencianas, aunque cabe deducir que también- durante un tiempo   fue habitual (no sé si sigue siéndolo) que la comunicación entre los juzgados locales y el resto de los servicios regionales de justicia, se hiciese a través de un servicio de Correos denominado Burofax, acudiendo para ello un funcionario a la oficina de Correos en Orihuela, con los documentos judiciales en la mano.

Al parecer, los guardianes de la justicia valenciana, debieron considerar que el medio idóneo (o quizá lo creyesen incluso único) para enviar documentos y tratar de asegurar que el original y la copia enviada se correspondiesen,  acreditar  igualmente que la copia había sido enviada y también que había sido recibida sin alteración de su contenido, era utilizar como notario de la cosa al servicio de Correos.

Haciendo cuentas

El caso es que si nos ponemos a pensar en los documentos judiciales, sabemos que suelen ser extensos en contenido, y si hacemos un cálculo de lo que puede costar enviar un documento, nos llevaremos sorpresas.

Consideremos, por ejemplo un documento base -improbable- de tan sólo 5 folios. Comprobando las tarifas actuales de Correos, comprobamos que tiene un importe fijo de 7,43€ cada envío y una cantidad fija de 0,92€ por cada página. Como debe aplicarse el acuse de recibo, debemos sumar otros 5,00€ y la copia con certificación del envío son otros 13,19€, a los que finalmente adjuntaremos en su momento la correspondiente certificación de entrega a destinatario por otros 13,19€. Por si no dispone de una calculadora a mano, el servicio de Correos nos ofrece esta calculadora de precios, en la que podemos constatar que enviar por este medio UN FOLIO nos sale por 39,74€ impuestos incluidos. Y 10 folios más pues aproximadamente otros 10€ más.

Cómo funciona un cerebro trastornado (y sus asesores)

Desde un punto de vista conceptual, parece apreciarse que utilizando el servicio de Correos y su carácter de «oficialidad«, lo que debían pretender los funcionarios pensantes,  debía ser que el envío, su contenido inalterado y la recepción,  fuese refrendado por un organismo (notario) que gozase de la confianza tanto del emisor como del receptor.

Dado el siglo en el que se tomó la decisión, cabe considerar que  adoptar semejante método debió ser cosa de algún funcionario del alto nivel en la administración valenciana. Es probable incluso que tal funcionario tuviese a su disposición una caterva de asesores de las ciencias y tecnologías más avanzadas y sofisticadas. En cualquier caso es un misterio conocer la causa de tal decisión, aunque todo apunta a algo muy simple y habitual: la indigencia intelectual y el toque bucanero de quien maneja fondos públicos sin estar capacitado ni para ello ni para nada de utilidad social.

La ¿ignorancia? en el poder

Sin necesidad de hacer doctorados exhaustivos, resulta relativamente sencillo averiguar que en estas fechas existen unos notarios en los que resulta bastante plausible depositar la confianza por unos precios entre la nada y el poco, con la peculiaridad de que son notarios que están disponibles 365×24. Me refiero a las autoridades de certificación electrónica. Cualquier adulto con una capacidad de comprensión media, está en disposición de comprender las características de una autoridad de certificación electrónica, con un esfuerzo somero. Incluso podríamos maravillarnos al conocer de la existencia nada más y nada menos que de un Centro Criptográfico Nacional ¡¡ y del CNI, oiga !!

Entonces… ¿cuál es el motivo por el que en lugar de considerar y adoptar la solución del notario electrónico, una administración se embarca en procedimientos anteriores al hacha de sílex?.

La respuesta es de una sencillez insultante: la desconfianza en lo que no se conoce.

Si partiésemos del hecho de que la seguridad al 100% no existe, de que tan sólo es una ilusión, podríamos comprender que nuestra confianza o desconfianza no tiene motivos para diferenciar entre un servicio de Correos o un notario electrónico. Luego si esto es así, es más que probable que la actuación de quien tomó la decisión de utilizar un servicio generando semejante gasto, pueda ser catalogada,  como mínimo, como un acto de estupidez humana.

Y la pregunta siguiente es ¿por qué un gobierno utiliza a un estúpido?.

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El mundo paralelo de los Chinos

No sé si habrá usted reparado en algunos detalles pequeños, de esos que están tan a la vista que casi no nos llaman la atención.

En este caso me refiero al mundo de los chinos.Aunque creemos verlos -aparentemente por todas partes- en realidad no es así. No es cierto que los veamos en todas partes.

¿Ha visto muchos chinos en algún hospital o clínica? ¿En algún «centro de salud»?

¿Y en una farmacia? ¿Quizá en algún herbolario? (y eso que ejercitan la medicina natural)

¿En el banco, realizando pagos o ingresos o solicitando crédito?

¿Solicitando o percibiendo alguna subvención de la Administración a cualquier nivel?

¿O comprando en alguno de los establecimientos donde habitualmente compra usted?

¿Ha visto muchas lápidas en los cementerios civiles?

¿Coinciden con usted en el taller de reparaciones de su concesionario de automóviles?

¿Los ve viajar en trenes de medio o largo recorrido? ¿En autobuses interurbanos?

¿En lugares de ocio o simplemente en los parques «pasando el tiempo»?

Y sin embargo están ahí.

En el pasado íbamos por las calles pidiendo limosna para las misiones que -nos decían- ayudaban a los chinos. Poco después de eso ya tenían la bomba atómica y hoy nos compran la deuda, que ya veremos si somos capaces de pagar. Forman una especie de universo paralelo al nuestro, pero ni ellos pertenecen al nuestro, ni nosotros al suyo. Lo que ellos hacen es nutrirse de nuestra actitud. Por el contrario, nosotros ni siquiera somos capaces de intentar aprender de ellos, aunque sólo fuese observándolos.

Creo que a nadie se le escapa que a principios del siglo XXI para convertirse en una potencia económica no es conveniente seguir el modelo español. En los chinos podemos observar como no con mucha menos palabrería que nosotros, sino sin palabrería alguna y sólo con hechos, puede conseguirse un objetivo… que merezca la pena, naturalmente.

Pero también es cierto que ellos no disponen del Estado del Guayestar que disponemos los españoles, ni disfrutan de nuestro nivel de vida con tantas vacaciones como nosotros, ni saben salir de marcha con la peña, ni saben cogerse puentes.

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Reivindico TEMI

Lo que ocurre en España no sé si sucederá también en otras colonias yanquis, pero aquí copiamos todo lo cutre de allí, mientras somos incapaces de decidirnos a hablar el inglés. Pero… ¡amigo!: tenemos la peculiaridad de mimetizar los sonidos -que no el vocabulario- yanqui y el uso intenso que acostumbran ellos a hacer de siglas para, desgraciadamente, cada vez  más cosas.

Cualquier monicaco sabe decir plei aunque no sepa lo que significa play en inglés. Hay madres (es un decir) capaces de bautizar a sus hijos como Deibi o Ízan pero capaces de decir que no saben pronunciar en inglés los nombres  David o Ethan. O la más enfebrecida de todas, aquella señora de Getafe, que creyendo que Kevin era el diminutivo, inscribió al hijo como Kelvinator.

Claro que lo de las madres debe ser algo semi-místico-lingüistico porque cuando optan por el italiano, igual le ponen Andrea a una niña que Güido a un niño al que luego llaman irremediablemente Guido. En fin.

Con lo de las siglas la fiebre viene de antes. Con lo que nos costó aprender aquello de RENFE (que incluía los trenes, infraestructuras, empleados y hasta las casas de empleados) y ahora se inventan ADIF ¡sólo para las infraestructuras!. Un desastre. Bueno, de aquella época también aprendimos a decir efebeí e ibeeme. Pero ahora es horrible. Le pusimos siglas hasta al pobre gobernador del banco (MAFO). Ya podemos llamar espantosa a esa doctora tan desagradable, que no pasa nada, aunque no deja de ser un lío; porque FEA es Facultativo Especialista de Área, pero ¿y qué pasa con las siglas PC (Políticamente Correctas) de Facultativa Especialista de Área?. Una desgracia. Ahora que la tensión arterial se llama TA, el practicante DUE, el aire condicionado AC, la tele de toda la vida  TDT, los discos CD, y las pelis DVD, me ha invadido una terrible conmiseración por un terrible agravio comparativo (no pongo AC por lo del aire fresco).

Ocurre que ayer estuve visitando el cementerio del pueblo, y en un momento dado necesité localizar al empleado del mismo.

Me llevé una grata sorpresa porque el anterior parecía uno de los inquilinos (de lo viejo y esquelético que estaba) y mangoneaba los precios con muy mal estilo, pero aquél se jubiló y han puesto un empleado acorde al siglo XXI: joven desenfadado, buen rollete, tatuajes varios, pendientes, anillo en pulgar… o sea: tope guay.  ¡¡Y además, simpático y eficiente!!. Un lujo.

El hombre me dejó su tarjeta de visita (en la que ha tenido la habilidad de conseguir un patrocinador relacionado con la cosa fúnebre, como puede verse) pero pone enterrador. ¡Pues me niego!. Si todos somos tope modernos y chupi guays, reivindico que a los enterradores se les denomine T.E.M.I. (Técnico Especialista en Manipulación de Inertes).

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Play Stop

 ¿Se plantea usted la posibilidad de parar el juego y/o intentar cambiar las reglas?

 Si es así, considere algunos detalles:

Gripe Aviar

Vacas locas

Anisakis

Ben Laden

Gripe A

Al Qaeda

Quizá estos nombres aún le suenen.

Algunos de ellos, en su momento, atemorizaron a una buena parte de la población, pero supongo que usted, hoy, cuando le sirven en el restaurante  unas agallas de merluza o un fantástico solomillo, o unos filetes de pollo a la brasa, o estornuda una persona a su lado en el metro o besa a una persona que le acaban de presentar, o toma un avión, o ve a alguien a su lado en un tren llevando una mochila, o incluso cuando le hacen desnudarse en un control rutinario en un aeropuerto, no recuerda nada de eso.

Habrá observado, además, que no es usted la única persona que tiene borrados esos nombres en la memoria. Usted no sabe porqué esos nombres se convirtieron, de repente, en amenazas invisibles, imposibles de ser detectadas y neutralizadas por usted solo; como tampoco sabe porqué dejaron un día de ser amenazas. Lo único que recuerda es que usted no tenía que hacer mas que aquello que le indicasen, porque alguien, en algún lugar, se ocupaba del asunto.

No se preocupe. Es lo previsto.

Como puede usted comprobar, en TV ya nadie habla de aquellas amenazas, lo que en las fechas que vivimos significa, sencillamente, que ya no existen. Usted únicamente deberá estar cada día pendiente de los nombres que identifiquen aquello que le es mostrado a usted como una amenaza, por ejemplo, a fecha de hoy debe tener en cuenta palabras como

Mercados, Prima de riesgo, Intervención, Déficit, Activos tóxicos, Rescate

y asumirlas como amenazas, hasta que estas dejen de ser difundidas en el televisor y reemplazadas por otras.

Ya sabrá usted que el mundo va cambiando, y que de la misma forma que ayer el pescado azul era malísimo para la salud y hoy es todo un descubrimiento bio-saludable, dentro de relativamente poco tiempo, usted será impelido a olvidar las angustias económicas de hoy… que serán reemplazadas por nuevas amenazas.

En realidad, usted está sometido a un juego programado en el que tiene asignadas unas mínimas funciones. En términos generales, usted ha sido instruido sobre unos conceptos básicos del juego, de forma que pueda llegar a sentirse no solo identificado de forma plena con el juego, sino convertirse en un firme y convencido defensor del mismo… aunque en realidad, se vea usted incapaz de explicar de forma argumentada las reglas que lo soportan. Lo único necesario es que usted sea consciente de su propia  impotencia para modificar el juego por si solo y que, al mismo tiempo, se encuentre cómodo y confortable en esa impotencia.

Lógicamente, está prevista la posibilidad de que un jugador pretenda modificar las reglas del juego, y para ello se ha  facilitado que el jugador se considere convencido previamente de los siguientes axiomas:

– que el método de juego, sin ser perfecto, es el único posible para no perder la libertad.
– que cualquier intento de cambiar las reglas individualmente, es irrealizable desde el mismo momento de su concepción.
– que, en todo caso, y si usted persiste en la idea,  la única forma de abandonar su confortable impotencia consiste en unirse a otros.

La consecuencia de estos axiomas es que en la práctica, los individuos que desearían modificar el método tienden inexorablemente a unirse en grupos a los que suelen denominar movimiento (cívico, social, indignados, piratas, etc.). No sin razón a los individuos se les inculca con el tiempo el lema de «la unión hace la fuerza».

Y en quienes llegan a integrarse en alguno de esos movimientos, puede hacerse evidente la paradoja de comprobar como el movimiento resulta escindido (cuando no atomizado) por causas aparentemente inexplicables. Es decir: tan pronto se produce la unión, tan pronto es dividida con una cierta y medida inmediatez. Esa inmediatez suele ser proporcional al nivel de riesgo que dicho movimiento representa para el método.

En ocasiones, cuando el movimiento ha llegado a proporciones excepcionales y/o preocupantes, el método lo fagocita tomando el control  del mismo, convirtiéndolo en algo propio.

Por tanto, existe la posibilidad de que usted, un buen día, decida que ya no quiere seguir jugando con esas reglas y se plantee cómo intentar modificarlas; entonces deberá tener en cuenta los riesgos -que corren  sus propósitos- al integrarse en un movimiento.

Pero hay algo que puede usted hacer y que los protectores del método aún no han decidido como afrontar: disponer el ánimo para no ser arrastrado por la pereza mental, y mantener su posición sin esperar -ni importarle- que otros le secunden o dejen de hacerlo. Es decir: adoptar una actitud.

Considere que, en Mayo de 1808 no existía internet, ni mensajería móvil, ni oenegés, ni telediarios. Unas personas mostraron una firme actitud. El resto es Historia.

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