Puntualizaciones

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Quisiera hacer unas inocentes puntualizaciones sobre el cuento infantil de los tres cerditos. Que siempre me ha inquietado.

Nunca he entendido que pudiera ser instructivo mezclar animalitos domésticos o domesticados con fieras del bosque.

El caso es que los tres cerditos no viven plácidamente en una granja, pastando mansamente de la comida que les arroja el amo, no. Viven cómodamente en su propia casa, en medio del bosque disfrutando de su independencia y la compañía de sus compañeros, haciendo sus comilonas preferidas y saboreando la idílica felicidad del campo, que de todo les provee.

El fiero lobo, resulta que ni es tan fiero ni es tan lobo. Más bien da la sensación de ser un pobre bicho frustrado que se siente ninguneado por los tres cerditos y que no sabe como terminar con ellos. Bien que lo intenta, es cierto, encomiables sus esfuerzos de soplar y soplar intentando su casita derribar pero con un poco de perspectiva y algo de seriedad, con lo que ahora estamos entrenados con los desahucios, todos sabemos que esto se realiza mediante un procedimiento formal, serio y despiadado.

Pero, o el lobo no está informado, o los cerditos tienen mano. Porque lo cierto es que lo que nos expone el cuento es un sin sentido que solo toma sentido si nos desplazamos al mundo de OZ.

Que el lobo tiene que ser lobo, vivir en el bosque con su manada, ser artero y astuto, precavido y feroz, mortal en el ataque y cauteloso en la retirada, cauto en su estrategia e impasible en la victoria. A mayor abundamiento diríase de él que no ha de tener un pelo de tonto.

Que los cerditos han de ser mansos y complacientes con su amo. Estar sanos y felices para aportar a la granja sus purines, ser dóciles en la piara y no soliviantar a sus compañeros cuando retocen por la dehesa. Sabedores de estar destinados al sacrificio han de procurar estar fuertes de cuartos para que a la sazón, sus jamones causen el deleite de sus degustadores.

Que todos estos son los que viven del cuento que escribimos, contamos y divulgamos las personas. ¿Y qué papel tenemos las personas en el cuento?.

Pues debemos ser prevenidos cuando paseamos por el bosque. No perder de vista a la fiera y mantener a raya su bravura y su instinto. Preservar el bosque con sus fieros animales está demostrado que es imprescindible para mantener el equilibrio ecológico en la naturaleza, sin olvidar que formamos parte de la misma y que con sensatez y mesura, debemos defendernos de ella cuando se desborda.

Debemos amar, respetar y apoyar las granjas. Que sean lo más placenteras para los animalitos que en ella pacen y refocilan, sin olvidar que al fin y a la postre son animalitos que habrán de ser sacrificados para satisfacer nuestras necesidades primarias de alimentación, vestido e incluso esparcimiento.

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¿ATENCIÓN AL CIUDADANO?

Una empresa comprometida con el desarrollo sostenible, el I+D+I, las innovaciones tecnológicas, la estrategia de mercado, la psicología interactiva con el telefonoscliente y la sinergia de los productos, no puede, en manera alguna, disponer de un teléfono provincial. Eso es morir en el mercado, como le pasa a Paco el de la ferretería del pueblo. Está condenado a la extinción. Lo que hay que tener es un 902. Es que es otra cosa. El prestigio socio-comercial de un 902 es enorme. Facilitar un 902 a un cliente, le transmite la sensación de que tras el teléfono se encuentra un emporio comercial, con una sofisticada organización inter-empresarial, una infraestructura tecno-industrial de última generación.

No es lo mismo llamar a la tienda de Paco, y que se ponga su mujer (con el ruido de cocina de fondo):-«Paco es que ha tenío que salil a hacel unos recadico, pero vuerve enseguía»-, que llamar al Servicio Interprovincial de Gestión Estructural del Agua de la Zona del Levante y Cuencas Afines del Entorno Socio Climático Natural, y preguntar cuándo carajo van a reponer el servicio de agua que acaban de cortar como cada mañana, con la lavadora puesta y la comida a medias, y sin haberme podido duchar ni afeitar. Es que esto es otra cosa. Lo primero que percibes es una música agradable que invita al relajo, a la distensión, a quitar los malos genios. Luego una voz agradable y melodiosa, te dice una frase original que nadie espera nunca escuchar, pero que vela por tu ansiedad:-«Por favor, no se retire. Todos nuestros operadores están ocupados en éste momento. En unos instantes su llamada será atendida». Y sigue la melodiosa música.Cuando el contador del teléfono marca 9 minutos 42 segundos y estás un poco harto de la espera, se produce el milagro.

-«Buenos días, le atiende Vanesa Jennifer Valdéz, ¿en que puedo atenderle?.

-Buenos días. Pues mire, yo quería saber la hora aproximada en que piensan volver a darnos el agua.

-Si señor. Por favor, ¿es tan amable de decirme su nombre para dirigirme a usted?

-Mi nombre es Juan.

-Muy bien, “señor” Juan, pues un momentito que voy a consultar… no se retire… un momento… lo consulto al departamento correspondiente… (1.02 minutos de armoniosa melodía)… si, “señor” Juan, pues mire se trata de una avería que están reparando, y el servicio se repondrá hacia el mediodía. ¿De acuerdo?.

-Qué remedio. Pero… ¿qué hora es para usted mediodía?.

-Pues hacia las 12 o las 2, quizá las 3.

-Pues que bien. Hala, adiós Vanesa Jennifer».

¿Veis?, por el módico precio de 6 céntimos de euro el minuto, uno puede escuchar música, al tiempo que se siente amparado por un servicio eficiente. No es lo mismo que la tienda de Paco. Lo que no sé es si la SGAE estará pensando en subirnos el precio de estas llamadas por permitirnos escuchar una música tan reconfortante.

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Idiocia competitiva

A este personal que el pueblo soberano ha tenido a bien elegir para que nos gobierne, se les infla la boca cuando hablan de la competitividad. Dicen ellos que somos un país altamente competitivo. Y si lo dicen, ellos sabrán porqué.

Lo que aparece nítido y evidente es que cuando alguno de los negociados/chiringuitos/garitos que manejan ellos con el dinero nuestro, se pone en plan tesnológico/sofisticado, conviene echarse a temblar..Ya ocurrió con el avanzadísimo invento del DNI cibernético que sólo parece funcionar si previamente le has pagado a Bill Gates un pastón por una de sus licencias de Windows. Los usuarios de otros sistemas operativos debían esperar pacientemente a que hubiese dinero para las famosas externalizaciones de los trabajos que la Administración no puede -o no quiere- acometer, para adaptar chapuceramente el programa «de Windows» a otros sistemas.

Ahora Renfe, otro de los parásitos monstruosos del Estado, se nos ha puesto competitiva. Ya en su momento lanzó a bombo y renfeplatillo la «compra de billetes por internet», que -por supuesto- sólo podía hacerse previo pago al señor Gates de sus licencias Microsoft y que así persistió durante largo tiempo. Y ha vuelto a demostrar su incapacidad -o desconocimiento- para hacer las cosas medio bien. Anuncia, con sofisticada modernidad y jovial tuteo en un correo, que ya tiene «app» para teléfonos móviles. Pero claro, sólo para masificaciones: Apple y Google. Los usuarios de BlackBerry no cuentan para los agresivos CEO’s y demás especies chupópteras de Renfe.

La idiocia agrava su impacto cuando repercute en el bolsillo del paganini de siempre.

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La vida es un tango

LITERAL

 

Que el mundo fue y será
una porquería, ya lo sé.
En el quinientos seis
y en el dos mil, también.
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
barones y dublés.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseados.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador…
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, Rey de Bastos,
caradura o polizón.

¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
Cualquiera es un señor,
cualquiera es un ladrón…
Mezclao con Stravisky
va Don Bosco y La Mignon,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera
irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
junto a un calefón

 

La letra de este tango se puede aplicar de forma literal hoy en día a la sociedad en que vivimos, que por otro lado, no deja de ser la misma que la de hace 80 años, cuando se compuso. ¿No hay solución entonces? Pues no. Que habría que cambiar la sociedad, de arriba abajo, de derecha a izquierda y de adelante atrás. Que pereza. Yo me bajo de este mundo si alguien tiene la caridad de detenerlo un momentito, que no estoy yo ya para piruetas.

El mundo no se puede detener un momentito, porque todo saldría volando por los aires, (que es otra solución).

Pero últimamente he descubierto un camino con el cual, sin molestar a nadie, lo mismo consigo un mundo mejor. Hacerme pequeñito. Recuerdo una película antigua de ciencia ficción “El increíble hombre menguante”, (es válido para hombre y hombra), en la que el protagonista se enfrentaba a los insospechados peligros que se presentan al ir disminuyendo progresivamente de tamaño además de la incomprensión, moja y desdoro al que le somete la sociedad que le rodea.

Es importante separarse algo de los allegados más recalcitrantes claro y es importante estar suficientemente sano y a ser posible hacerse con algunos artilugios de nanotecnología para las etapas intermedias. Estos artilugios, en nada, se encontrarán en los chinos a precios de saldo.

Cuando traspasas los límites del universo Newtoniano, inicias un viaje fascinante por el universo cuántico en el que todo es posible, las cosas son lo que parecen y al mismo tiempo lo que no parecen. Solo por el hecho de estar allí, ese universo cambia y cambia a una forma y a su contraria, es al mismo tiempo que no es y las cosas suceden, en el amplio sentido de la palabra ya que suceden todas las cosas posibles de suceder para el mismo suceso. Perfecto. No tienes que decidir, abandonar, escoger, solicitar, recaudar, construir, demoler … porque pasarás por todos los estadios y sus contrarios con todas las infinitas aproximaciones a cada una de las posturas. Tu hipoteca será cualquier tipo de hipoteca y tu pensión cualquier tipo de pensión y además todas las aproximaciones y des aproximaciones posibles. Ningún disgusto porque algo no salga a tu gusto porque podrás elegir otra manera de que ocurra e incluso otro gusto.

El mundo dejará de ser una porquería, ya verás.

Y cuando llegue a ser infinitamente más pequeño que el bosón de Higgs me encontraré con la nada. Y mira por donde, ahora resulta que la nada es algo, solo por el hecho de observarla deja de ser nada. Y de ella, surgirá otro universo y como habré llegado el primero, me esforzaré en que sea mejor y para cuando se vaya estropeando, ya empezaré a ser chiquitito y sin molestar a nadie volveré a empezar.

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Se abre la veda del perro

Melina

La trágica muerte de un niño de tan sólo cuatro años a causa de las mordeduras de un perro, ha desatado una guerra contra estos seres de cuatro patas, en la que no parece ajeno el interés económico. Nunca debería haber sucedido este hecho, ni otros más que se han denunciado de similares características aunque sin resultado de muerte, pero no entiendo el que las autoridades se rasguen las vestiduras, como siempre a destiempo. Como ya saben todos los que me conocen, yo adoro a todos los pertenecientes al mundo llamado animal irracional, y principalmente a los perros, pero eso no me hace cerrar los ojos ante estos desgraciados sucesos. Es indudable que el autor material de la muerte del niño y de las lesiones sufridas por las víctimas de los otros casos habidos es el perro, pero también es probable que no hiciera otra cosa que actuar del modo para el que había sido (mal)educado.
Está bien el que exista un control de las razas consideradas peligrosas, aunque sigo pensando que la más peligrosa de todas es la raza humana, ya que no es normal que se tenga como animal de compañía un perro genéticamente agresivo y que encima se le adiestre para el ataque, pero resulta cuanto menos curioso que enseguida resultara obligatorio un seguro por diez millones de pesetas (lo que hizo inmediatamente encarecer este tipo de servicio) y volvieran a sacar a la luz normas municipales sobre correas, bozales, bolsas para excrementos y demás cuestiones que son algo que existía pero que nadie obligaba a cumplir.
El último animal de compañía que he tenido ha sido un hermoso perro pastor alemán, pero desde que tuvo seis meses, fuimos conscientes mi marido y yo de que tenía un fuerte carácter, por lo que sin que nadie nos obligara a ello, sino nuestra más elemental educación cívica, le hicimos un seguro y jamás le hemos sacado sin correa ni bozal, salvo que estuviéramos en campo abierto, y por supuesto, siempre hemos recogido sus excrementos. Tal vez penséis que desbarro un poco con la comparación, pero las fuerzas de ¿seguridad? tienen una enorme relación de violentos, considerados muy peligrosos, relacionados con el fútbol, con organizaciones extremistas y un largo etcétera y no he oído en ningún medio de comunicación que se les obligue a sus familiares a hacerles un seguro y a obligárles a salir a la calle con camisa de fuerza, cosa que evitaría muchos “accidentes”
Siempre parece que hay que dar al ciudadano español algo morboso como tema de conversación para evitar que se paren a pensar en todo lo que debería de ser arreglado en este país y generalmente queda pospuesto. Todo este asunto ha hecho que muchos perros pertenecientes a estas razas relacionadas en una lista como antes se ponían a los libros que se consideraban lesivos para la moralidad imperante, están siendo abandonados con el enorme peligro que eso supone. En otros lugares se prohíbe pasear con ellos aunque utilicen correa y bozal y sean verdaderamente dóciles, sin embargo cualquier veterinario sabe la cantidad de perros que les llegan en condiciones lamentables que solo puede ser debido a las peleas clandestinas. La mayoría de los perros de razas grandes que son robados (y son muchos) se utilizan como “sparring” para desatar la agresividad de los que van a pelear, sin embargo un negocio como ese que mueve miles de euros, rara vez se investiga y pocas veces aparece en titulares de periódico o en las noticias de televisión, el desmantelamiento de una red dedicada a las peleas de perros y no creo que sea algo tan difícil de investigar.
Vivo en un barrio de Madrid que, si logro abstraerme de la suciedad y el abandono en que se encuentra, es precioso. Vivo en el corazón del Madrid de los Aústrias y creédme que lo que menos me molesta son algunos excrementos caninos (que los hay aunque en ese sentido la mayoría de personas residentes en el barrio propietarias de perros suele recogerlos), lo verdaderamente molesto para mí son los vómitos después de un viernes o sábado noche, las grandes cantidades de botellas, vasos, plásticos y basura que, no se si, por residentes o no, se dejan en las calles sin que el Ayuntamiento los recoja. Y toda esta suciedad la ocasionan seres pertenecientes al honesto e inteligente mundo animal racional.
Igualmente en los fines de semana es posible observar a seres ¿humanos? orinando en los portales de nuestras casas y a todo esto hay que añadir que el barrio está absolutamente deteriorado a causa de las pintadas de los “grafiteros”, los que esperan sistemáticamente a que una casa sea rehabilitada para en cuanto son quitados los andamios y la casa aparece preciosa, esa misma noche es cubierta de pintarrajos y firmas de los diversos grupos de “okupas” que tenemos en el barrio.
Nada de este deterioro es ocasionado por los perros pero la gente no para de decir en los medios de comunicación que los perros ensucian y degradan la ciudad, sin embargo los países considerados más cívicos son aquellos con un índice de animales de compañía más elevado.
Con motivo de un viaje de trabajo, mi marido tuvo que desplazarse a La Haya y lo que más le sorprendió fue la sensación de limpieza urbana que notaba en la ciudad. Prácticamente no había pintadas, lo que hacía que los edificios parecieran más bonitos de lo que verdaderamente eran, tampoco había basuras diseminadas por las calles, ni excrementos, se respetaban los pasos cebra y en todos los bares o restaurantes se permitían los animales de compañía, dando por hecho que el dueño le tiene educado perfectamente para no ser una molestia a los demás, y concretamente en un restaurante le comentaron a mi marido, ante una pregunta suya sobre la permisividad de los animales en dichos establecimientos, que a veces se prohíbe la entrada de niños si éstos no son capaces de comportarse correctamente sin molestar. ¿curioso, no?.
Todo esto da idea de que lo único que hace la vida tolerable es la educación, algo que va siendo cosa de buscar su significado en el diccionario, ya que las nuevas generaciones parece que desconocen la existencia de esta palabra. Hoy en día hay que andar con pies de plomo al emplearla para que no te identifiquen inmediatamente con un elemento represor. Educar no es reprimir, es enseñar a convivir. Nadie diría, (aunque actualmente ya no estoy tan segura habida cuenta el papanatismo que nos rodea) que un padre es represor porque a su hijo de dos años le explica que meter con fuerza el dedo en su ojo no está bien y que no debe hacerlo más. Yo creo que (vaya por delante que no tengo hijos propios) éstos se comportan con bastante mala educación en el hogar porque los padres de nuestra edad han confundido estas dos palabras y han tenido miedo de ser considerados unos dictadores.
Educación es no pintarrajear las paredes, no tirar basuras a la calle, no conducir temerariamente, no molestar a tus vecinos con músicas estridentes, en fin casi todo lo que hace desagradable el día a día se arreglaba con unas simples medidas de mínima educación e incluso los perros deben estar sujetos a otro tipo de normas educacionales, y es a sus dueños a los que corresponde el hacerlas cumplir, para que sea un placer su compañía y no un sufrimiento.
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De Mujeres y Hombres

Melina

La muerte inesperada, hace unos meses, de alguien muy querido para Juan Luis, volvió a apagar todas las luces de mi casa. El hecho de ser una muerte voluntaria, y cuya decisión no tenemos ningún derecho a juzgar, no evita un enorme caudal de preguntas sin respuesta. Recuerdo una hermosísima carta abierta de una íntima amiga,  en la que apuntaba el sufrimiento que se siente ante una marcha semejante sin dar ninguna explicación. Comparto el dolor de mi marido y no puedo evitar el compartir también tantos interrogantes, ¿cómo es posible que los que decíamos quererle no nos diéramos cuenta de lo que pasaba en su interior?, como es posible que la decisión tomada en unas pocas horas nos pillara durmiendo plácidamente?, ¿no deberíamos haber sentido algo, una especie de aviso, una especie de correo telepático que tendría que existir siempre entre personas que se quieren?.

El tiempo va pasando, y las preguntas quedan ahí, esperando algún milagro que las pueda responder. Siempre he pensado que morir no es difícil, lo difícil es vivir, y si esa vida no es la que uno ha soñado tal vez no merezca la pena seguir , no creo que sea fácil ver tu cerebro perfectamente lúcido mientras tu cuerpo no responde a los estímulos y has perdido la facultad de ver el mundo que te rodea.

Lo que me ha producido esta muerte cercana, ha sido el constatar lo diferentes que somos las mujeres y los hombres, o más bien quiero decir, la incomunicación absoluta en la que, salvo casos excepcionales, creo que vivimos en la pequeña burbuja que formamos con nuestras respectivas parejas.

He podido observar como  la esposa nunca se dio cuenta de los diferentes lenguajes que hablaban entre ellos (algo que era obvio para todos los que conocíamos a la persona que motiva este escrito).Nunca pareció notar las constantes riñas a que le sometía, las constantes alusiones a sus torpezas, el no encontrar algo que fuera motivo de alabanza, y, lo que resulta más curioso, era que ella siempre decía quererle mucho, lo que no impedía machacarle constantemente con su charla interminable y su nulo interés por lo que él pudiera decir, de tal modo que al suceder este hecho que rompió la cómoda existencia en la que vivía, su pregunta constante ha sido ¿cómo ha podido hacerme esto?, ¿si decía quererme ¿como me ha hecho esto?. No se hace preguntas sobre lo deprimido que podía estar, ella jamás aceptó verle abatido, prefiere pensar que no quería hacer nada porque era una persona apática, así que lo único que se pregunta una y otra vez, es éso ¿por qué me has hecho ésto?.

Ahora es cuando viene el sentido de culpa. Quedarse a solas con uno mismo significa  rememorar escenas cotidianas, lamentarse sobre lo que se pudo hacer y no se hizo, pero ya es tarde para repararlo y solo queda vivir con este sentimiento.

En general, creo que no conozco una pareja que no tenga diferencias notables entre ellos, hay y es indudable que hubo amor, pero se ha transformado en algo que nada tiene que ver con esa hermosa palabra, y en realidad es que empezamos a no escuchar al otro, a quejarnos pero no escuchar las otras quejas, a ver defectos sin querer ver los nuestros, a no dejar hablar al corazón, tal vez porque estamos ocupados con los múltiples problemas cotidianos, o pensando en lo que queremos comprar y no podemos, aunque no nos haga falta.

El amor se deteriora y lo vamos observando sin hacer nada por evitarlo, es como si fuera una consecuencia lógica del tiempo vivido en común con el otro, pero yo no creo que deba ser así, si nos preguntáramos cuando empezó a cambiar la otra persona, o por lo menos cuando pensamos que dejó de ser la que veíamos en un principio, no sabríamos que contestar, pero tampoco sabríamos decir cuando empezamos a cambiar nosotros.

Creo que todo tiene remedio, siempre que exista esa chispa mágica que llamamos amor, aunque esté algo escondido. Hay que hacerlo saltar, sacar a la luz lo mejor de nosotros mismos, la vida es muy corta para amargárnosla con reproches, si creemos que merece la pena, hay que dejar de lamentarse de lo que el otro ha hecho o dejado de hacer, hay que hablar, volverse a sentir, olvidarse de rutinas, ya sabemos que hay que vivir con las manías y diferentes maneras de ver la vida cotidiana que el otro tiene, pero si a pesar de todo le miramos a los ojos y le podemos decir “te quiero”, lo demás será muy fácil.

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Secretos a voces

Tengo la sensación de que vivimos en un país lleno de contradicciones.

Un país donde el culto religioso retrocede en el ámbito social, pero no reniega de las vacaciones vinculadas a fechas de índole religiosa.

Un país donde somos si no racistas, poco amigos de gitanos y sudamericanos, pero nos desvivimos por su música.

Un país donde el concepto nacional pierde adeptos al son de la modernidad, pero  no desdeñamos la lotería llamada nacional.

Seguro que a todos se os ocurre algún otro símil. Pero últimamente me llama la atención el hábito, que creo se está generalizando, de dar a conocer a todo el mundo una conversación telefónica privada. Me resulta muy curioso porque el español es bastante celoso de su intimidad. Es reacio a que cámaras de nm_camera_070720_ms-thumbvigilancia campen por calles y establecimientos grabando todos sus movimientos (aunque cada vez proliferan más y más). Le escandaliza el hecho de pensar que otros puedan enterarse de sus intimidades, pero con la masificación de los teléfonos móviles y el hábito creciente de hablar a gritos, se conjuga la situación que vemos -y oímos- con frecuencia:  y,  nos guste o no, hemos de enterarnos de la conversación de nuestro vecino.

En lugares como el tren, ésto resulta mucho mas increíble, porque en el relativo silencio del vagón (o coche como le llaman modernamente), la variedad de musiquillas e ingenios ruidosos para la señal de llamada ya resulta inaguantable, pero cuando el dinámico comercial, o la jefa de negociado, o el constructor nuevo rico, o el joven dicharachero trincan el aparatejo la cosa resulta insoportable.

Las conversaciones (al menos las que me han obligado a escuchar), no revelan grandes secretos, ciertamente, sino todo lo contrario:

-«Oye, te cuento: la factura de los proveedores de Burgos, dásela a Benito, que tiene que supervisarla. No, no, este martes no puedo porque tenemos la reunión. imagesEl que viene. Venga, ya quedamos».

-«María, soy Begoña. Oye, que el subdirector me ha pedido la documentación del concurso para lo de las nuevas instalaciones. Mírame bajo la carpeta de la estantería verde, que creo que la tengo ahí. Ah!, oye, y me pones el fax a la Junta, que ya estamos a finales de plazo».

-«Pedro, que soy yo, Jose. ¿Qué ha pasado con esos cabro… de los azulejos?. ¡Jod…! que ta es la segunda vez que me lo hacen, coñe. Oye, llama al concejal, yCHEcelular dile que hasta la semana que viene no le puedo recibir, ¡no sé que se habrá creído el tío ese, leches!».

-«¡Qué pasa tío! ¿Qué haces?. Pues nada, yo aquí, a ver si le echo un viaje a la Vanessa. Jo, tronco si es que me mola un montón la tía. ¿Qué pasa el finde? ¿vamos de botellón colega?. Vale, ya quedamos, venga».

Naturalmente, las “conversaciones” reales, son infinitamente mas largas.

Pero llama la atención como las clases son las clases. El volumen gutural es mucho mas elevado en clase “turista” que en la clase “preferente”. Debe ser que cuanto mas pobre, menos secretos.

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Queridos Reyes Magos

Melina

Estamos a primeros de diciembre, y Madrid, tímidamente, empieza a preparar ambientes navideños. No se puede decir que haya mucho que celebrar, las cosas no van bien, el españolito de a pie está cada día más cansado de aguantar mentiras y de soportar privaciones, mientras ve a los que, en teoría, deberían velar por su bienestar, hundidos en una profunda miseria moral, enriqueciéndose a costa de los sufridos contribuyentes que, con una nómina más bien escasa, tienen que mantener tanto despilfarro fácilmente evitable, tanta corrupción sin castigo, tanta desvergüenza que no saben ya como tapar. Y en medio de todo esto, se nos dice que llega la Navidad, unos días para reunirse en familia, para quererse unos y otros, para sonreír, aunque sólo se tengan ganas de llorar. Metidos en este panorama nada halagüeño, es fácil comprender que en muchos hogares la palabra Navidad no signifique nada más que unos gastos extraordinarios a los que tendrán que hacer frente con algún crédito que otro, y que lo único que deseen sea que pasen estas fiestas lo más rápido posible y lo menos gravosas para sus bolsillos.

En muchos hogares, la palabra Navidad significa tristeza, yo diría que la gran mayoría de familias recibe estas fiestas con el corazón dividido, por un lado la pérdida de seres queridos no invita a la alegría, ese hueco en la mesa mueve a recordar con más intensidad a aquellos a quienes hemos amado y ya no están para compartir esa comida o cena que con tanta ilusión solíamos preparar. Por otro, en aquellos hogares donde hay risas infantiles se logra olvidar la pena para reencarnarse en esos niños y recordar que alguna vez también ellos lo fueron y disfrutaron sin que nada empañara esa alegría.

Siempre digo que las fiestas navideñas son para los niños, sólo ellos pueden encontrar un sentido a ese frenesí de compras, a esas reuniones familiares en donde, en muchas ocasiones, salen a relucir las envidias, las pequeñas mezquindades, los egoísmos ocultados en el día a día, pero que, con la desinhibición de esas copitas de más afloran sin ningún freno para descargar tantas palabras calladas que convierten una apacible reunión en una especie de «¿quien teme a Virginia Wolf?» familiar.

Y, mientras mi corazón se entristecía pensando en estas cosas, mi cerebro comenzó a volar a Navidades pasadas, a otros años felices, a ese Madrid de hace cincuenta años, en donde diciembre quería decir nieve, la nieve prometía vacaciones, las vacaciones eran una fiesta donde todo el mundo sonreía, se ayudaba, donde las casas se engalanaban por dentro y por fuera, donde todos los que tenían algún oficio al servicio del madrileño, iban de hogar en hogar con su tarjeta de felicitación de fiestas, para pedir el aguinaldo, sabiendo que siempre iban a recibir alguna moneda acompañada de una sonrisa. Las madres iban al mercado que rebosaba de gente comprando, riendo, había música de villancicos por todos los sitios. Y luego, en casa, con mis hermanos y mis padres poníamos el Belén. Todos ayudábamos, las montañas de corcho se llenaban de musgo y con talco se creaban las cumbres nevadas. El papel azul lleno de estrellas blancas tapizando la pared donde se apoyaban las montañas, creaba una ilusión que sigo recordando a pesar de los años. Luego el río con las lavanderas, los patos, el pescador. En la orilla pastaban las ovejas y el pastor hacía gachas en la lumbre siempre encendida gracias a una pequeña luz roja que lograba ese efecto. El castillo de Herodes sobresalía entre las casitas, y el portal con un ángel anunciando el nacimiento del niño, se llenaba de gentes llevando algún presente. Y, a lo lejos, los Reyes Magos en sus camellos, el blanco, el rubio y el negro. Los tres con su pajes camino del portal, al que llegarían sin falta la noche del día 5 de enero, gracias a que todos los días adelantábamos un poquito sus pasos para que estuvieran puntuales a llevarle sus regalos de oro, incienso y mirra.

Mi corazón empieza a alegrarse al ritmo de los recuerdos infantiles. Los niños repetíamos esas palabras mágicas de oro, incienso y mirra sin saber muy bien el significado, al menos de dos de ellas, pero sabíamos que los Reyes Magos se acercaban para traernos otras cosas que no eran ésas, sino que eran cosas de verdad, cosas que habíamos pedido en la carta que les habíamos escrito y que luego, con mano temblorosa, daríamos a uno de los tres Reyes, que sentados en un gran trono, con unas verdaderas ropas reales, esperaban a que niño tras niño, les contaran sus ilusiones plasmadas en esa pequeña carta. En aquel tiempo no pensábamos en por qué los Reyes esperaban en las puertas de Galerías Preciados, ni en que Baltasar tuviera la cara pintada, ni en como lograban estar en miles de casas a la vez. ¿Por qué íbamos a pensarlo?, eran Magos eso respondía a todas nuestras dudas…

Vuelvo a mi presente, con más de medio siglo a mis espaldas, miro a mi alrededor y veo un hogar, un hombre que acompaña mi camino y que siempre está ahí, para ayudarme en mis flaquezas, para abrigarme entre sus brazos y consolarme en mis tristezas, para reír junto a mi, para hacerme sentir segura y confiada. Me gusta lo que veo, y vuelvo a verme niña, y, sin que yo sepa por qué me encuentro con una pluma en mi mano, una hoja en blanco en la que sin darme cuenta he escrito: «Queridos Reyes Magos», y las ganas de escribir a sus Majestades como lo hacía en otro tiempo. Me doy cuenta que no quiero pedirles nada, la vida ha sido buena conmigo, he aprendido de mis errores, y no tengo odio en mi corazón, nada material deseo para mí, pero la carta tiene que seguir, y sólo quiero pedirles que nada les suceda a los que amo, y a los que son más jóvenes que les haga llegar a una edad como la mía sin que las adversidades les hayan tocado demasiado. Quiero pedirles algo que la razón me dice que es imposible, poder abrazar de nuevo a mis padres y decirles que les quiero. Se lo pido porque son Magos y, tal vez, ellos logren hacer el milagro. Tal vez pueda abrazarles y besarles en mis sueños y sentir que eso es real. Y, entonces me doy cuenta, ¡claro que deseo pedirles algo bueno para todos los que quiero!, y lo escribo con fuerza para que no pueda borrarse. «Quiero que nunca muera la ilusión en nosotros». Los Reyes Magos existen para mí, porque tengo ilusión de que así sea, y esa ilusión hace que sepa que los Reyes existen, aunque todos me digan que no es verdad. Y la ilusión es el motor de la vida, porque todo se tiene mientras se cree en ello, la ilusión hace que siempre tengas metas que cumplir. El despertar de cada día siempre será distinto si tienes ilusión por encontrar algo nuevo cada mañana.

Meto la carta en el sobre y escribo el destinatario: «SS.MM los Reyes de Oriente», lo cierro, mañana la echaré al buzón y se que lo que he pedido para todos, es lo mejor que podría pedir, porque la ilusión nos hace volver a ser niños con todo el tiempo por delante para cumplir los sueños.

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Un follonero de laboratorio

El Follonero, aquél personaje que a principios de siglo deshacía entuertos en la televisión española parece que ha vuelto… aunque ahora los jeesentuertos son más internacionales y misteriosos y «sale» en una cadena de TV internacional.. Ahora se hace llamar Edward Snowden, aunque su look no ha cambiado mucho: mirada miope, gafas estrechas montadas al aire con toque retro y barba con apariencia de descuido. Y lo más importante: empeñado en salvar al mundo de las injusticias. Lo afirma él mismo: «No puedo permitir al gobierno de Estados Unidos destruir la intimidad y las libertades fundamentales.». Ya lo han oído (bueno, en este caso leído). ÉL no está dispuesto a permitirlo.

Y nos han contado que debido a este follonero, el mundo occidental  ha comenzado a temblar.

La historia que narra la administración norteamericana es que Snowden trabajó durante un mes en una oficina de la Agencia Nacional de Seguridad en Hawai, donde tenía acceso a los secretos mas celosamente guardados por los USA, y que entonces le dio por montar su Cruzada e hizo una copia de los secretos y se los llevó. Y para evitar los atropellos del gobierno norteamericano, los ha ido contando por ahí.

Los principales países europeos se han apresurado a montar la coreografía y sus prima donna de los servicios de inteligencia han ido raudos, cada uno a su Congeso, a jurar por lo que haga falta que ellos fechorías ni una; que todo de buena ley. Faltaría más. Pero eso sí, que están muy disgustados por la forma rastrera en que se han portado los yanquis. Y mientras, los yanquis lloran cual inconsolables plañideras que Snowden les ha hecho muuuucha pupa.

Ya.

Pero… ¿en qué consisten esos secretos tan secretos?. Pues según el storyteller,  los norteamericanos analizaban todo el tráfico electrónico del mundo mundial; todas y cada una de nuestras conversaciones telefónicas, chats, videollamadas, correos electrónicos, whasapes y asimilados, redes «sociales», etc., etc., etc.    Vamos, que La Vieja’l Visillo al lado de la NSA una aficionada.

Todo esto es lo que el catecismo de los «servicios de inteligencia» dice que hay que creer. Pero es que hay cosas que hasta al más lelo le cuesta tomar en serio:

Los únicos currantes

¿Por qué ése interés en que creamos que una sola organización (la NSA), y encima sometida a los presupuestos nacionales, tiene capacidad para controlar la totalidad del tráfico electrónico del planeta? ¿Y el resto de organizaciones de la comunidad de inteligencia norteamericana, incluidas las agencias que operan fuera de los presupuestos oficiales?

Los accesos a los secretos del más poderoso servicio de inteligencia mundial

Pretenden que creamos que los tan sensibles secretos fueron accedidos en Hawai, y que los accesos a tan sofisticada información, dependían de una simple contraseña. Es decir: los secretos más comprometidos custodiados por EEUU o los tienen almacenados en un ordenador en Hawai ¿? o en uno ubicado en USA al que igual que se llega desde Hawai robando una contraseña, se puede llegar desde Burgos. Y si los tuviesen en Hawai, no quiero imaginar la maraña de cables llegando a las islas para traerles en streaming la totalidad del tráfico electrónico del mundo mundial.

Qué saben

Sólo en España, con lo de las tarifas planas de telefonía, ¿almacenan todas las conversaciones de hora y media de mi cuñada con su amiga Paca?. ¿Tienen almacenadas mis llamadas al 902 de turno con todos los «menús de voz», musiquillas espantosas incluidas?. ¿Se quedan con los contenidos o sólo con los números de los que hablan y fecha, hora y ubicación?. Para los contenidos de todos no tienen capacidad ni de proceso ni de almacenamiento, por más redes de servidores que pusieran, y los datos origen/destino/fecha/hora/lugar solos no sirven para «casi» nada si se ignora el contenido. El «casi» es para lo mismo que Google, redes «sociales» y demás: para establecer las cadenas de quién se relaciona con quién y crear una base de datos de perfiles sociales enlazados. Luego lo obvio es que seleccionan objetivos concretos o muestreos ocasionales, y para ello tienen medios más que sobrados, desde leyes hasta medios técnicos.

El mensaje estúpido

Con ése mensaje de «sé lo que estás haciendo y donde estás», destapan su impotencia. Si quiero hacer llegar los planos y detalles para una fechoría a un compinche, ya me están diciendo que no lo haga por cacharrería electrónica que me avisan están controlando, así que emplearé el correo postal, o las palomas mensajeras, o un dispositivo de almacenamiento (cd, soporte usb, etc.) llevado en mano, o una inocente fotografía de albóndigas en salsa publicada en una inocente página web de recetas con un estego-mensaje, o lo ocultaré en el mango hueco de una fregona, o en un bocadillo de mortadela o se lo entregaré para que lo lleve a mi vecino el jubilata.

La contradicción

La verdad es que los estadounidenses parecen vivir en un estado permanente de contradicciones. Por un lado nos inundan con sus bruceswillys, stevensesseagales y harrisonfordes salvando al mundo entero y por otro nos quieren convencer que sus secretos más importantes dependen de que un pavo tenga una contraseña y acceda a poco menos que un PC de 200€.

Si no estuviesen tan obcecados ellos en sus fantasías pueriles, y nosotros en creernos hasta que Superman existe (en España hay tíos de 30 tacos que se creen que los paisanos con sotana de Matrix pueden volar de verdad), nos daríamos cuenta que la realidad es mucho más simple. Por ejemplo: la empresa israelita CheckPoint es. desde hace mogollón de años, líder mundial indiscutible en software y hardware de control de acceso a sistemas informáticos; y los principales gobiernos, policías, sedes militares y servicios estatales del mundo occidental utilizan sus famosos cortafuegos (especie de puerta de protección). ¿Qué significa eso?. Dígamelo usted. ¿Qué opinaría que puede hacer el fabricante de las mejores puertas de seguridad del mundo con las puertas que le compran las personas más interesadas en protegerse con lo mejor?. Pues eso.

Entonces, ¿qué persigue esta gente en realidad?

Pues tratándose de una oficina que vive exclusivamente de los presupuestos oficiales que le asigna el Congreso, lo que han conseguido inmediatamente después del «asunto» Snowden:  unos 100 millones de dólares para evitar «fugas» como la «ocurrida» y las coletillas habituales: el terrorismo, la destrucción masiva… bla, bla, bla.

Lo peor de ésta truculenta historia es que no sólo el storyteller y sus amos son unos majaderos, sino nosotros unos necios en secundarlos. Cuando el director del CNI dice estar seguro al 99.9% de que USA no nos espía, no puedo evitar pensar si este hombre es tonto (que me da que no) o tiene mala leche. En todo caso me escuecen los euros que me coge el gobierno para pagarle y mantener su chiringuito.

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902 – El secuestro silencioso

Ocurre como casi todo a nuestro alrededor: sin que nos demos cuenta de que está sucediendo. De repente comprobamos que hemos quedado aislados, sin posibilidad de que se nos escuche, de poder reclamar, de exigir, de ejercer esos derechos que una vez creímos tener…

Habrá usted observado que buena parte de las oficinas de aquellas grandes corporaciones bancarias o de servicios, a las que usted acudía a realizar sus gestiones, van desapareciendo poco a poco, en silencio.  Conforme aumentaron su cartera de clientes, se afanaron en despedir personal, cerrar oficinas y reemplazarlas por «atención» telefónica y «paǵinas web». Se acabó ir a ver a Jacinto, el director aquél tan eficiente y amable en aquella sucursal bancaria donde tenemos nuestro dinero para intentar negociar de nuevo nuestros compromisos, o a Nuria, aquella resolutiva y eficaz empleada de la gran compañía de servicios que atendía nuestras pólizas de asistencia. Se acabó. Ahora debe usted llamar a un 902… y rezar.

El motivo aparente es el ahorro. Despido personal, cierro oficinas, me lo monto por teléfono y ahorro una pasta. Este «análisis» sería correcto si partimos de creer que eso sólo pasa con un par o tres de oficinas de macro-entidades y que nos afecta a los pocos cientos de clientes de esas oficinas o agencias. Pero el asunto tiene mucho más alcance del que podamos percibir. Se trata de aislar al cliente poniendo un muro infranqueable.

Llamar a un 902 no implica sólo escuchar  musiquillas y soniquetes espantosos a precio de oro, ni soportar el mantra de cc«todos nuestros agentes están ocupados… bla, bla, bla»; implica que -hablo en términos generales y aplaudo las magníficas excepciones que afortunadamente existen- si somos perseverantes y resistimos los 10 o 30 minutos de ruidillos, al otro lado vamos a encontrar un ser irracional. Y no estoy insultando. Irracional significa que carece de la facultad de razonar o bien, opuesto a la razón o fuera de ella, y que no necesariamente se trata de un imbécil, sino que también puede darse el caso de gente inteligente que asume y admite ha sido contratada para comportarse como si no lo fuese. El caso final es que, repito, en términos generales, uno va a ser atendido (es un decir) por alguien que actúa como cortafuegos. Sólo después de colgar el teléfono se percibe con claridad el aislamiento e indefensión en el que hemos quedado.

En realidad, estamos a un clic de ratón de la desaparición social. Un clic (de un hacker o del gobierno de turno -global o local- ) basta para dejarnos sin poder disponer de nuestro dinero, desaparecer de la seguridad social, de nuestros seguros o de nuestra propia identidad.

Y hemos sido nosotros los que hemos abrazado con euforia y sin enterarnos, a ése secuestrador invisible, y lo hemos hecho en absoluto silencio. En el mismo que vamos a permanecer. Sin rechistar.

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