¿Reflexión o penitencia?

Vocero2Una vez más se ha desatado la polémica de poner nuestras vidas en manos de un perfecto desconocido, de una persona de la que ignoramos todo sobre ella: un juez,  un conductor de transporte, un cirujano…  no tenemos forma de saber si está chalado o se tronará en el momento más inoportuno.

Y se torna polémica por el choque emocional que supone contraponer esa extraña idea que tenemos sobre la seguridad, con la realidad de la indefensión permanente. Porque los humanos nos resistimos a reconocer que la seguridad 100%  sencillamente no existe.

Situaciones como subir a un avión con parte de los tripulantes tarados, o subir a un tren con una tecnología no adaptada al trazado político de la vía ni a la irresponsabilidad del conductor, o entrar al hospital donde anda suelta la doctora Noelia de Mingo, o que un tribunal te condene a 429 siglos de prisión sin saber ni como te llamas ni donde vives… provocan una dosis razonable de angustia.

¿Y qué hacemos para protegernos de esos riesgos?

Pues creamos unas normas que nos aseguren que en caso de estar chalado aquél en cuyas manos ponemos nuestras vidas, no tengamos posibilidad de enterarnos. Porque a nosotros, lo que más nos interesa es proteger los derechos del otro. Saber si es un alcohólico, o si esnifa hasta garbanzos o la condición de sociópata del tipo al que le estamos poniendo nuestra vida en sus manos no debe preocuparnos.

La ley impide a la empresa conocer los motivos por los que se da la baja médica a un trabajador, para proteger el derecho a la intimidad del trabajador. De esa forma se facilita que un chalado nos pueda degollar con un bisturí, volar la cabeza con su pistola de reglamento, estrellarnos en el vagón del metro, meternos en prisión, o lo que se antoje. Pero eso sí, con los derechos del chalado debidamente protegidos.

Igual, quizá, tal vez, posiblemente, haya llegado el momento de que nos lo hagamos mirar.

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Mi particular florido pensil

Melina

Aprovechando que estamos en marzo y siguiendo una sana costumbre de mi madre, decidí hacer una limpieza de primavera, así que ni corta ni perezosa y armada con todos los productos de limpieza que la sociedad de consumo nos incita a comprar, empecé a vaciar un armario en cuyo maletero se guardan ropas de cama que nunca se han usado, -soy de una generación en la que mi madre más que un ajuar de boda debió pensar que tenía que aportar al matrimonio ropa de cama, mesa y baño que durara unos cien años y la mujer tenía razón, todavía tengo muchas de estas ropas sin estrenar y en cambio mi primer matrimonio duró más bien poco- seguí sacando mantas, maletas, diapositivas, varios álbumes con discos de 45 rpm y varias cajas que ni yo misma sabía que estaban ahí conteniendo recuerdos de todo tipo.

Cuando abrí la primera, ya pude darme cuenta que no iba a terminar la limpieza de ese armario, me senté cómodamente en el suelo y me zambullí en ese pasado mío, tan lejano o tan reciente, según como se mire, que cada papel u objeto que iba sacando de esa caja me hacía revivir.

Se que me gusta guardar todo. Quienes me conocen bien dicen que parezco una urraca, igual que me gusta eternizar en una fotografía momentos que yo considero importantes, pero no recordaba cuantas cosas se pueden guardar a lo largo de una vida.

Encontré fotos diversas que traían a mi memoria retazos de mi adolescencia, en una de ellas me veía entregando un diploma a un muy querido amigo por haber ganado el primer premio en un Club de Ajedrez que mi hermano y sus amigos habían fundado y llamado“La Cotorrita”, y a mi, en esos momentos única chica admitida en ese Club como Presidenta de Honor, me correspondía hacer entrega del mismo.

Cada postal, carta o fotografía me traían olores de veranos pasados y la nostalgia de esos grandes amores que se vivían en esos meses de estío. En una de ellas mis amigas Sagrario y Mamen con sus caras morenas de sol, reían conmigo y con el resto de nuestra pandilla con esa alegría despreocupada que tiene el pensar que no existía nada más allá de ese presente, el futuro era algo incierto que no entraba en nuestros planes. Que felices se nos ve a todos.

Las cajas con recuerdos

Seguí sacando mi vida de esa caja. Tenía claveles con cintas dedicadas, trozos de corteza de árbol con las palabras “te amo”, poesías, dibujos, billetes de autobús de sitios a donde el amor me ha llevado. Era mi vida entera lo que se contenía en esas tres cajas y pensé que la vida se nos queda condensada en muy pocas cosas, en esos detalles pequeños, en esos recuerdos de cuando la ilusión era el único motor que nos movía, cuando las preocupaciones, la falta de dinero, la falta de tiempo, la ansiedad, el mal humor, eran palabras que no existían en nuestros diccionarios, cosas éstas muy sencillas pero que tal vez son las más importantes y que vamos borrando de nuestra memoria a base de añadir esos logros que no nos producen a veces más que frustraciones o ansiedades para las que no encontramos respuesta. Y me vino a la memoria la película Ciudadano Kane, cuando ese hombre que todo lo poseía, en el momento de morir tan sólo tuvo un pensamiento, Rosebud, ese trineo con el que jugaba de niño.

La segunda caja que abrí, es la que me hizo reír con verdaderas ganas y la que me motivó para escribir esto que estáis leyendo. Todo eran recuerdos del colegio. Yo, como tantas niñas de mi generación, fui a un colegio de monjas, las Salesianas. No voy a discutir aquí sobre la castrante educación de los colegios religiosos de la época. Se que efectivamente muchas niñas de ese tiempo sufrieron verdaderos conflictos a causa de esa fanática rigidez que imponía el tremendo poder que tenía la Iglesia en esos tiempos, pero yo, por alguna razón que se me escapa, no fui de ésas, es más guardo un excelente recuerdo, anécdotas aparte, de mis años de colegio y en especial de mis compañeras con las que establecí un vínculo, un cordón umbilical que a pesar del tiempo transcurrido todavía hoy nos mantiene unidas. Creo también que debido a mi carácter optimista y alegre las monjas me dejaron por imposible en pequeños fallos de conducta.

Era una estudiante normal, ni brillante ni torpe, pero era bastante trasto en comportamiento (siempre según el parecer de las monjas que nos educaban), mi hermana mayor, tuvo que sufrir a menudo la humillación de tenerme por hermana. Ella era buena, obediente, ordenada, siempre con el uniforme impecable. Yo por el contrario hablaba en clase, reía en la iglesia, mi cuello duro y la chalina que lo acompañaba nunca estaban en su sitio. Más de una vez me pillaron mascando chicle, ¡que gran delito! Y el castigo no tardaba en llegar, me ponían el chicle pegado en la frente y con un letrerito colgando de mi pechera en el que se leía “soy una sucia” me llevaban a la clase de las mayores y ya que tenía una hermana tres cursos por encima del mío era castigo mayor llevarme a su clase y allí elogiar a mi hermana delante mía y a la vez exponer mis graves faltas ante toda su clase. Claro, en esos momentos, yo lloraba como una magdalena, pero lo único que consiguieron con ese castigo ejemplar es que me hiciera una verdadera adicta al “chewing-gum”

Primera comunión Sagrario y yo

Primera comunión Sagrario y yo

Conforme iba sacando de la caja estampas, fotos dedicadas, recordatorios de triduos, novenas, sabatinas, mes de las flores, fiesta de San Juan Bosco, manuales del Jardin de María, libro de mis primeras oraciones, iba recordando momentos más o menos graciosos siempre vistos desde mi perspectiva actual. Por ejemplo conservo unos cuadernillos de Ejercicios Espirituales, pero que no soy capaz de leerlos, por la sencilla razón que para evitar que alguien pudiera leer mis arrebatos místicos, le pedí a mi entonces novio que me enseñara el alfabeto griego y tuve la santa paciencia de escribir todo el cuaderno con las letras de tal alfabeto y como aparte de alfa, beta y gamma no recuerdo ninguna más, pues no soy capaz de descifrar las tonterías que pude poner.

La versión infantil de la Inquisición

Si soy capaz de recordar el miedo que nos producían los diferentes sacerdotes, casi todos jesuitas, que en las charlas de esos Ejercicios espirituales, nos decían constantemente que, por muy santa que fueras, si cometías un pecado, sólo uno, mortal y morías en ese momento te ibas al infierno de cabeza y esas charlas iban acompañadas de unas filminas en las que se podía observar como las malas compañías, que por cierto siempre tenían cara de niños pero poseían rabo, pezuñas y orejas de demonio, hacían pecar a la débil joven, la cual inevitablemente moría en el transcurso de la noche y así en la siguiente filmina se la podía ver sufriendo atroces torturas envuelta en llamas, mientras diversos demonios se reían contemplándola. La cantidad de noches que me encontré mirando por debajo de la cama para comprobar que no se escondía ninguno de esos seres.

No estoy exagerando, lo puedo contar con humor, pero durante los cuatro días que duraban los Ejercicios, nuestros cerebros eran sometidos a estas charlas y a visionar estas filminas durante la mañana y la tarde, con lo cual vivíamos en una angustia, máxime si pensamos que según las monjas, llevar pantalones era pecado, venial, eso sí, pero no era lo más adecuado para una señorita, maquillarse era pecado, contemplar tu propio cuerpo era pecado, cualquier opción divertida encerraba alguna tentación del maligno. De todas las maneras, una vez transcurridos esos días de meditación y, por qué no decirlo, de muchas risas a escondidas, nuestras mentes se serenaban y volvíamos poco a poco a la normalidad diaria.

Las actividades

Festival de fin de curso

Festival de fin de curso

Cuantos recuerdos me venían a la cabeza mientras vaciaba esa caja. Fotos con mis queridas compañeras en excursiones de final de curso, festivales de gimnasia, procesiones en el patio llevando estandartes y velos blancos. Guardaba una cuchillla de afeitar recuerdo de ese día poco antes de acabar el curso escolar, en el que acuchillábamos y encerábamos con primor nuestros pupitres de madera, mientras reíamos y cantábamos como despedida hasta el año siguiente. Saqué también varios plumines, unos para letra gótica, otros normales, con su correspondiente palillero y pensé la cantidad de planas de caligrafía que habría hecho con ellos.

Dia de María Auxiliadora

Dia de María Auxiliadora

Ahora tenía en la mano un manual de las Hijas de María. Ésta era la Asociación más alta a la que se podía pertenecer y yo, que había logrado ser Angelito, Jardín de María y Aspirante, cada una de ellas con su correspondiente cinta de raso, roja, rosa y verde, y su respectiva medalla, solicité mi pertenencia a dicha Asociación, bien es verdad que lo que más me movía a ello era la ceremonia de ingreso que, a mi, me parecía de lo más emocionante. Todas las niñas vestidas de blanco, con un velo blanco y una banda azul, llevando una azucena -símbolo de la pureza- llegaban al altar mientras sonaba una canción que ciertamente tenía una música preciosa “yo prometí ser hija de María….” y a mí todo esto me parecía como de Sissí Emperatriz. Pero claro, no contaba yo con mis muchas faltas, por ello, quienes tenían que decidir mi adscripción, decidieron que yo no era digna y así se me dijo, añadiendo caritativamente que yo era la deshonra de mi familia. Nuevamente esto provocó en mí un llanto inconsolable, yo creo que más por no poder participar en dicha ceremonia que por no considerarme hija de María. He de añadir que mi perfecta hermana si fue considerada apta cuando en su tiempo lo solicitó, y me he sorprendido muchas veces que, con la actitud de las monjas, lo raro es que no haya degollado en algún momento a mi hermana, porque la pobre sin comerlo ni beberlo, fue mirada con odio por mí durante muchos de mis humillantes castigos al representar un compendio de virtudes de las que al parecer yo carecía.

Compromiso de Honor

Mientras mi imaginación volaba hacia esos momentos mi mano sacó otro papel una pequeña octavilla con el pomposo nombre de “Compromiso de Honor”, fechada en 1.959. Yo tenía tan sólo 9 años pero debí de mostrar algo de inteligencia porque no lo firmé. Los 12 puntos de este compromiso no tienen desperdicio. Hay un breve preámbulo y algunas otras cosas que omito y luego dicen así: (ni que decir tiene que lo dicho entre paréntesis es aportación mía)

.- Combatiré las lecturas, conversaciones deshonestas, también las audiciones radiofónicas, películas y otros espectáculos que sean capaces de fomentar las malas pasiones. (¡viva la censura!)

.- Combatiré en especial las revistas teatrales. (¡que horror, poca ropa y mucha pierna!)

.- Lucharé contra los bailes agarrados. (mejor a distancia de un metro como mínimo)

.- Y contra los grabados obscenos y anuncios indecorosos publicados en periódicos, fijados en la calle o diseñados en almanaques. (¡cielo santo, ni la Capilla Sixtina se salva!)

.- En cuanto de mi depende, influiré para que las relaciones entre novios sean perfectamente formales tanto en público como en privado. (eso debía de ser cosa de la carabina)

.- Condenaré las imprudencias y el poco recato que se manifiestan frecuentemente entre jóvenes de distinto sexo. Ciertos juegos o paseos mixtos no se pueden tolerar. (yo creo que el juego del pañuelo por lo menos se salvaba)

.- No olvidaré que en los deportes hay exhibiciones menos decentes y que se deben reprobar en general las exhibiciones de deportes femeninos. (¡toma castaña!)

.- En estricta decencia, hay que cubrir con vestidos no transparentes ni demasiado ceñidos todo el pecho y espalda, los brazos hasta el codo. El escote no debe de bajar más de 4 cms del cuello, las faldas hasta mitad de la pierna, las niñas pequeñas hasta la rodilla. La modestia perfecta pide las faldas más largas, nada de escotes, mangas hasta la muñeca y medias. (pues total el burka y así no hay duda)

.- Recordaré que en piscinas y playas hay que exigir la separación de los sexos. (esto ya es para nota)

10º.- Los jóvenes, hombres y niños nunca se presentarán con el torso (medio cuerpo) desnudo o enseñando los muslos. (si es que unos muslos prietos son nuestra perdición)

11º.- Nunca aprobaré el gravísimo pecado de limitar la familia por procedimientos ilícitos. (mejor la “ruleta vaticana»)

12º.- Procuraré que se fomente la vida de familia y que las distracciones se formen más bien en el ambiente familiar. (la casa de Bernarda Alba será nuestro modelo)

Aquí acaba este Compromiso, pero en letra muy pequeñita al final está escrito –”pida informes sobre la Campaña pro-moralidad”-. Pida el número del boletín consagrado al baile o a la moral comunista (3 pesetas). Hágase socio de la campaña.

Ni que decir tiene que daría algo por conseguir esos boletines.

Mientras mi sonrisa seguía, fui cerrando las cajas, las volví a subir al armario y mentalmente fui escribiendo estas líneas, escritas desde el corazón y dedicadas a mis queridas compis de ese tiempo inolvidable, en especial a Sagrario, Victoria, Marisol, Marisa, Gloria, Angelines y Pili con quienes a pesar de los años transcurridos, todavía tanto quiero.

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El vagón del Metro

Vocero2El pasado jueves a la 10 de la mañana utilicé el Metro en Madrid. Concretamente en la línea 5 desde Carabanchel en dirección a Callao. Lo que viajábamos en ese vagón no tenemos desperdicio.

En un extremo del vagón un grupo de jóvenes con carpetas y pocas oportunidades de trabajo,  capitaneados por una aguerrida menos joven, se disponen a comenzar una jornada de encuestas para una firma de audífonos y están organizando las zonas a cubrir. La «capitana» emplea los consabidos 2327 «Vale» y unos 5 «Chicoooos» de animadora social lowcost.  Me siento responsable de haber colaborado en dejarles a esos jóvenes esta sociedad de mierda. Ellos no se lo merecen.

En la zona central cuento 11 personas manejando artefactos electrónicos. Cinco de ellas son abuelitas tuneadas de rubias tono TenaLady que parecen entusiasmadas con el reto intelectual de los candycrushes y asimilados, a juzgar por los latigazos que le arrean con el índice a sus Samsung heredados de los nietos. Hay dos chicas fisnas que deben haberse equivocado de línea y analizan complejos sistemas financieros en gigantescas tabletas. Los otros 4 son jóvenes con el clásico Samsung pantalla-zapatillakingsize (sin saldo, por supuesto) y una envidiable agilidad en los pulgares para escribir unos 4237 guasaps por minuto.

(¿He dicho ya que odio Samsung, sus silbiditos y demás ruiditos, y especialmente el guasap?)

En Vista Alegre sube un joven solitario. Su barba con aparente abandono y su ropa y calzado de marca pero manteniendo apariencia descuidada, nos anuncian a todos los viajeros que acaba de entrar un rebelde con el sistema. Para hacerlo más evidente, en lugar de sentarse o quedarse de pie como los demás borregos que ocupamos el vagón, nuestro héroe social desprecia los asientos vacíos y se sienta en el suelo asqueroso pero como si a él la guarrería no le afectase. En su mirada puede apreciarse su compromiso con el advenimiento del nuevo Enviado y que todos los miserables borregos que idolatramos al Sistema pronto seremos expulsados. Luego, saca su iPhone de 700 pavos y comienza a analizar los últimos ecos de las redes sociales.

En Pirámides suben al vagón otros dos apóstoles… pero mas de estar por casa. Se trata de dos cubanos, uno con guitarra y otro con estampitas. El de la guitarra comienza una perorata avisando que no busca ni pasta ni ayuda, pide disculpas por tocar las pelotas al personal y nos advierte que el final se acerca, que el maligno nos acecha (debe ser cierto porque los Samsung siguen haciendo silbiditos), que la cosa está en no dejarse llevar y no sé que más. No me pierdo el careto del místico del suelo, que observa con desaprobación a la competencia, compadeciéndose de que pertenezcan a una clase inferior a la suya, que es de apóstol de clase A++. Luego, el cubano parlanchín se arranca con la guitarra mientra su ayudante pone cara de López Vázquez piadoso y recorre al vagón ofreciendo las estampitas para alejar al maligno.

Y claro, también estaba yo. Un sospechoso. Sin Samsung. Sin cacharros electrónicos. Observando mi alrededor. O sea, un tío raro. Un enemigo del pueblo.

¡Joer que vagón!

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Genética de lo más correcta

Vocero2Como ya sabemos, la genética española se encarga de que los españoles nunca seamos responsables de lo que hagamos, y por razones estrictamente biológicas, encontrar la solución a nuestros problemas siempre corresponde a otros.

 

 

Un sencillo ejemplo de la calidad de nuestros genes podemos observarlo en el fracaso académico. Los centros oficiales de enseñanza, se componen de tres elementos vivos: alumnos, profesores y método. Y no hay más. Por tanto, la causa del fracaso deberá estar -al menos-  en uno de esos tres elementos. Y según las quejas oídas a lo largo del largo y elaborado camino al fracaso académico, todo apunta a que los múltiples problemas encontrados únicamente son achacables al método, es decir: al único de los tres elementos que carece de genes. Nunca, en todos estos largos años se ha escuchado a nadie siquiera insinuar que nuestros docentes tengan algún fallo o que la materia prima que acude a ellos (los estudiantes) adolezca de algún defecto. A juzgar por todas las manifestaciones públicas de descontento, el problema se sitúa invariablemente entre la falta de dinero o lo inapropiado de la ley/plan de estudios.

La posibilidad de que un profesor no rinda es obviada, por ejemplo,  con la aseveración de que tiene demasiados alumnos, con lo cual el fallo no está en el profesor, sino en el método. O por cualquier otra excusa que -siempre- exime de responsabilidad al docente portador de los genes españoles.

En cuanto a los estudiantes, lo que se ha dado en llamar «el abandono temprano escolar» suele atribuirse a que «el niño no quiere estudiar». Nunca a que «el niño no puede estudiar». Porque como todos sabemos, un niño con genes españoles está dotado intelectualmente por la naturaleza para cualquier reto.

En la universidad, donde está acreditado que profesores y alumnos, gracias a su herencia genética, constituyen un ejemplo de excelencia ya probada mediante una dura selección que sólo permite el acceso a las mentes más capacitadas, una de las primeras causas de que no sea española ninguna de las 100 mejores universidades del planeta, dicen, es el hecho de que la universidad no sea plenamente gratuita. Como sólo pueden estudiar los ricos, los pobres no pueden acudir a la universidad, porque debe saberse que todo aquél que no acude a la universidad no lo hace por ser menguado de facultades, sino por ser pobre. De hecho, tendemos a idear nuevas carreras para que desde los más capacitados a los menos favorecidos, todos puedan estudiar algo… siempre que sean ricos, claro. Por ejemplo Ciencias del Transporte u Organización de Eventos (¿alguien puede imaginarse cómo se organiza un hecho imprevisto o que puede acaecer, hablando en España?), que a este paso cualquier día aparecen la de Técnico Especialista en Manipulación de Inertes (los antiguos sepultureros)  o Gestor Logístico de la Información (antiguos buzoneadores de propaganda). Vamos que no será porque el abanico de capacidades no sea amplio.

Otro fallo reciente incorporado por el método, vuelven a decir, consiste en proponer grado de tres años y dos de máster. Algo inaceptable porque los años de máster salen como el triple de caros que los de grado, lo que aleja más a los pobres de la universidad. En la actualidad, en la universidad española, debido a la excelencia de los genes de alumnos y profesores, -y pese a las deficiencias del método- se tarda solo una media de 9 años y medio para completar una carrera. Pero si se pusiera la universidad totalmente gratuita, además de poder estudiar todo el mundo, ya podría uno hacer la carrera sin tantas prisas, pongamos en unos 12 o 15 años.

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Necios S.A.

Vocero2Mi amigo Juan fue el jueves a renovar su pasaporte en Madrid, pero le dijeron que las fotos que llevaba -que eran de principios de Enero- no servían y tenía que hacerse fotos nuevas. Intrigado, preguntó el motivo. Y se lo dijeron: usted se ha quitado la barba que llevaba y, claro, ya no se parece.

 

Desde hace muchos años, Estados Unidos elabora periódicamente un manual (Red Book)  en el que aparecen aquellos pasaportes falsificados de todo el mundo, que de una u otra manera (a veces por información dada por los propios falsificadores) han sido localizados y analizados. En el manual se describe con imágenes y de forma detallada todos y cada uno de los aspectos  que ayudan a reconocer esos pasaportes, como país titular o finalidad de su alteración. Así, se referencian pasaportes falsificados para fines diplomáticos, de narcotráfico, de terrorismo por especialidades, etc. Dicho manual lo distribuyen entre los servicios correspondientes de los países que ellos denominan «amigos», y con esa información resulta relativamente sencillo obtener indicios fiables de que el pasaporte que estamos examinando es falso dependiendo del país de procedencia por el cosido de las páginas, por una marca de agua, por el tamaño de un sello, por aspectos de la tipografía del visado, por la línea de escritura y otros muchos y variados detalles, pero NUNCA porque quien tiene delante el que examine el pasaporte, no se parezca a la foto.

Ahora puede tener sentido esas miradas de cómica astucia con que algunos policías nos observan en los controles de pasaportes, alternando la vista entre la foto del pasaporte y nuestro careto como si jugasen al juego de las 7 diferencias. Deberemos colegir que en la escuela de policías se imparten nada más y nada menos que «Ciencias Policiales» (con titulación incluida) pero la materia de «identificación personal» queda limitada por la habilidad del madero de cotejar caretos al vuelo. Si cambias peinado o pones gafas o quitas o pones barba… mala cosa. Es decir, que si funciona el terminal de la garita y el nombre que ponga no está en la base de datos, la comprobación estupenda es la habilidad visual del agente de turno.

El falsificador más torpe del planeta es consciente de que para falsificar algo tiene que intentar que la copia se parezca lo más posible al original. Por ejemplo: a nadie se le ocurre falsificar un billete de 500€ y poner 501€; o un cuadro de Greco pintando una avenida del Madrid de la movida ¿verdad?.  Pues nada, que para eso los españoles somos los más listos y los polis comprueban la barba, el peinado o el maquillaje de la misma forma que una cajera de gasolinera o de un banco no precisa estudio alguno de peritaje caligráfico para poder determinar si la firma que haces y la que comprueba están hechas por la misma persona. Con un par, si señor.

Faltaría más.

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Babel inmisericorde

Cuando fui a la capital mi primera vez descubrí, con sorpresa, que el actor que en mi pueblo se llamaba Yon Baine en Madrid se llamaba Llon Vuein, aunque siempre lo escribían igual: John Wayne. Algo parecido pasó con James Estevart que pasó a llamarse Lleims Estivuart y que el nombre de las carteleras era el mismo: James Stewart.

Pero creo que no soy el único confuso con esto de los idiomas.

Veo que hasta en la propia TV del Estado, en TVE1,  que emite en idioma español, tienen dificultades con los idiomas. Primero pensé que podría tratarse de simple cortesía con las gentes de algunas zonas, para nombrar ciertos lugares con los topónimos de la lengua propia de ellos, pero si observamos con atención….

mapatve1

en el mapa de previsión meteorológica escriben y pronuncian en los idiomas locales algunos de los topónimos, mientras que otros los dejan escritos y los pronuncian en español. Por ejemplo, traducen a idioma local Gerona, La Coruña y Orense, pero dejan en español Bilbao (en vascuence Bilbo), Pamplona (en vascuence, aunque no sea vascongada, Iruña), Alicante (en valenciano Alacant) o Ibiza (en mallorquín/catalán/balear Eivissa), por ejemplo. Y otro tanto ocurre cuando cuentan la información de Europa y nos informan del tiempo previsto en Londres (no en London), en Moscú (no en Moskva), Múnich (no en München), etc. etc. etc.

Lo dicho, su repetición,  y la perseverancia demostrada en la televisión del Estado, me inclinan a pensar que no se trata de un gesto de cortesía, lo que me lleva a preguntarme con una cierta lógica si se tratará de algún tipo de desorden institucional de tipo socio-emocional o político. Pero no sólo sucede en la TV del Estado, sino que se trata de una actitud que se extiende con verdadera fascinación y jolgorio como si se tratase del súmmum del refinamiento intelectual.

Veamos un ejemplo de hoy mismo en una página como la de una veterana agencia privada de noticias que se fundó a mediados del siglo pasado, llamada Europa Press:

EuropaPress_1En la cabecera de la noticia da la sensación que tratan de caer simpáticos a los lectores que hablen vascuence y gallego viendo localidades suyas escritas en el idioma de cada uno, aunque con las Islas Baleares olvidan la supuesta cortesía.

Veamos el cuerpo de la misma noticia:

Captura de pantalla de 2015-02-03 10:05:24¡Vaya! ahora ya no es Girona ni por supuesto Eivissa. Ni siquiera existe ya Gipuzkoa ni Bizkaia, pero existe A Coruña.

¿De verdad se trata de cortesía… ?

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Ni lo habrá (trabajo para tanto genio).

Vocero2Una de las facetas humanas que más me divierte es cuando hablo con algún desconocido y observo como está tomando convencimiento de que soy idiota.

Claro, que supongo que le debo estar dando motivos…

 

Corre el rumor/bulo/creencia/opinión/maledicencia de que «la gente no quiere trabajar». Y como en cada cuestión hispana,  hay voces que confirman y voces que disienten. Lo oportuno en estos casos suele ser meter el dedo en la llaga. Es lo que he hecho.

Caso 1

Una persiana de casa no cerraba bien y me puse en contacto con dos tiendas del barrio que arreglan persianas. La persiana lleva puesta 9 años, es de láminas térmicas y pequeña caja de aluminio con apertura delantera.

El primero en venir miró, suspiró, volvió a mirar, analizó, me miró y una vez convencido de que soy idiota me dio presupuesto: 100€, aclarando, ante mi cara a punto de infarto que «es que lleva trabajo… hay que quitar la tapa… mirar a ver…».

El segundo miró, no suspiró, me miró y noté perfectamente que me catalogaba como lerdo, echó un vistazo por la habitación en un cálculo bucaneril de mis posibles, y dijo la frase experta: «esto es que lleva trabajo… calcule 80€…«

Ambos científicos de la cosa persianera eran nativos del Foro.

Finalmente abrí, la tapa, alineé las láminas para que no rozasen en los laterales (que ése era el problema), cerré y listo. Cierra perfectamente. 12 minutos de reloj.


 Caso 2

En la pared, sobre la puerta del baño, quería colocar un enchufe empotrado para conectar un calefactor… y llamé a un electricista del barrio. También nativo. Le expliqué que tras esa pared, en la otra estancia justamente había una caja de distribución, y que no tenía baldosines para reponer en caso de rotura.

La criatura analizó el problema planteado, resopló (parece obligatorio en tareas de alta complejidad), me echó la mirada esa en la que se puede ver que ya está plenamente convencido de que soy idiota, y añadiendo dos suspiros más me desveló sus elevados razonamientos técnico-científicos: «habrá que tomar la corriente de la luz del techo, poner una canaleta por la escayola del techo hasta la pared, y ahí colocar un enchufe de superficie… y eso…. ¡eso es mucho trabajo!… calcule usted por lo menos 300€…».

IMG_20150129_121115Y llamé a otro del barrio. Rumano. Escuchó lo que quería, lo entendió y lo hizo. Con verdadero arte desprendió uno de los baldosines, se lo llevó a su tienda, hizo el hueco para la caja de enchufe, vino, volvió a colocar el baldosín, conectó la caja del enchufe a la caja al otro lado de la pared, la empotró, colocó el embellecedor, sonrió contento, y me dijo: «Ya está». Cuando le pedí el precio para pagarle me dijo con cierto pudor: «Pues deme 37€».

 

 

El rumano me confirmó que el problema no es -únicamente- que falte trabajo, sino que los españoles trabajadores tenemos un concepto de nuestro valor en el mercado que no corresponde con el concepto que tienen de nosotros los empresarios. Y debo, en buena parte, darle la razón, a mi pesar.

¡¡ A autoestima no hay quien nos gane !!

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Los curiosos fenómenos

Vocero2

El político que más hizo por cargarse el gobierno de Felipe González fue…  Felipe González.

El político que más hizo por cargarse el gobierno de José María Aznar fue…   José María Aznar.

El político que más hizo por cargarse el gobierno de José Luis Rodriguez fue…   José Luis Rodriguez.

El político que más está haciendo por cargarse el gobierno de Mariano Rajoy es…   Mariano Rajoy.

Desde aquél lejano 1982 (omito los momentos Suárez/Calvo Sotelo por razones obvias) los partidos en la oposición no han tenido que esforzarse ni una pizca por expulsar del trono al presidente de turno. Ellos solos se las han apañado muy bien para terminar auto-defenestrados. Y el fenómeno se sigue repitiendo con sorprendente regularidad.

A lo largo de estos 32 años y poco, los conceptos Parlamento y Oposición han permanecido bastante ociosos en el denominado Congreso de los Diputados. Aquellos parlamentarios y aquellas sesiones de debate de antaño son audios de museo; han sido reemplazados por autopalmeros en cónclaves de devotos,  gallineros televisados y con la quema de mobiliario urbano. Ahora la política del Estado se resuelve en platós de televisión y en la calle, en cosas que incomprensiblemente llaman tertulias y en partidos amistosos a pedradas entre los opositores al gobierno y la pasma. Lo único que permanece inalterable, gobierno tras gobierno, es la genuflexa postura del regente monclovita  ante los tótem sagrados de provincias que no soportan su menudencia, arropados en banderas y leyendas.

Para aderezar la oferta, alguien ha tenido la idea de sacar a la luz los trapos sucios del personal. Tal como nos lo cuentan, los corruptos deben llevar décadas dándole al trinque, pero curiosamente es ahora cuando alguien ha decidido que sea visible al pueblo sober, bueno, a la gente.

Cualquier mal pensado diría que alguien quiere que ahora reneguemos de aquella idílica democracia que hace casi 40 años se nos dijo que era un retablo de las maravillas. Incluso nos ofertan la solución Podemus Forte para sanar de tanta desdicha generada  y encontrar la nueva felicidad. Y el producto -a juzgar por la descomunal campaña gratuita de publicidad- debe ser una auténtica maravilla.Hay quien recela de los efectos secundarios de Podemus Forte, pero a fin de cuentas ya estamos acostumbrados a los efectos beneficiosos para los asesinos en serie, chulos de palacete, taberneros de Faisanes, ocultadores de vagones de tren o los saqueadores de fondos sociales.

Con las cosas de laboratorio nunca se sabe…

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Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Encantados de haber podido compartir

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.900 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 32 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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El ruin delante

Vocero2Según el DRAE, la expresión coloquial el ruin delante, se usa para poner en evidencia a quien se nombra antes de otra persona o toma el primer lugar.  E igualmente, dice que la expresión rogar a ruines es utilizada para explicar lo poco que se debe esperar de un hombre de baja condición. Y entre otras acepciones, ruin también se usa para definir a un reyezuelo, como persona de baja moral y altas ínsulas.

La inacabable cadena de asesinatos de mujeres en sus entornos de proximidad afectiva o simplemente emocional, requieren, para que puedan producirse, una serie de circunstancias favorables para el agresor y perjudiciales para la victima, por ejemplo, el desamparo de la victima.

Según las estadísticas de uno de esos ministerios que hay en España con rótulos laaaargos y multiusos… el número de mujeres asesinadas en lo que va de año es de 50. Se ve que la «encuesta» les parecía pobre y añaden algunos datos y porcentajes que siempre dan mucho juego, por ejemplo, que cuatro de las 50 tenían «medidas de protección en vigor».

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Si alejamos por un momento los porcentajes y la verborrea incontinente de nuestros empleados públicos, podemos constatar que esas «medidas de protección» que los políticos han diseñado para proteger a las victimas da igual tenerlas que no. Y de muchas de esas mujeres que ya no están entre nosotros, se tuvo constancia de que habían sufrido amenaza de muerte.

Como decía al principio, el desamparo de la victima es evidente -y necesario-  en todos y cada uno de los casos. No hay constancia de que en el ataque a la victima haya resultado muerto o herido el escolta que llevaba… por la sencilla razón descoltasalvapor_universaldfe que no lo tenía, aunque hubiesen mediado amenazas. Por contra son esos servidores públicos a los que pagamos de formas desorbitadas para que nos amparen,  quienes utilizan los dineros de las propias victimas para protegerse ellos ¿? sin que siquiera haya mediado amenaza, simplemente «por si acaso». Es la paradoja del «ruin delante».

 

 

Cuando en lugar de exigir a esos presuntos servidores del pueblo, se les ha rogado protección -o sea, amparo real- con mediación expresa de amenazas de muerte a ciudadanos,  han dejado claro que se estaba rogando a ruines, al contestar con la falacia del reyezuelo: «Es que no puedo poner un policía a cada persona». Y nadie le ha echado. Sigue cobrando un pastizal y disponiendo de sus escuderos, lacayos, cocheros, carroza y palacio para estar bien a salvo cuando le llegue la noticia de que a la ciudadana que le demandaba amparo la han asesinado. Tan pancho. Con sus estadísticas. Ninguno de quienes se suponen sus responsables ha echado a quien es capaz de anteponerse a quien sirve, nadie le rebate que la «gracieta» de un policía por persona es una falacia porque nadie le ha pedido tal cosa. Sólo le han pedido que proteja a quien está bajo una amenaza real. Y quien se lo pide tiene condición de ciudadano, que no de súbdito.

Ante esta situación no puedo evitar recordar lo que me dice un buen amigo que visita con frecuencia por razón de su trabajo, oficinas de Policía y Guardia Civil: que cada vez que observa apiñados en minúsculos despachos de esos Cuerpos a jóvenes en torno a 35 años, vistiendo el uniforme relleno de letreros, con pistola al cinto, con apariencia de encontrarse en perfectas condiciones físicas y saludables pero realizando tareas administrativas, suele acordarse de las palabras de esos reyezuelos que niegan protección a ciudadanos bajo amenazas concretas, a la par que se extraña de que no puedan ser indefensos administrativos los que se enfrenten desarmados a los temibles folios, bolígrafos y violentos ratones de ordenador. Le choca -me dice- el contraste con aquellos otros que también forrados de letreros y tabletas digitales pero sin chalecos antibalas y con vehículos de desguace se enfrentan a lo desconocido en los primeros momentos, sin información previa y sin sobresueldos extras.

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