Reforma ¿laboral?

Hablamos de uno de los países con mayor cantidad de festivos en su calendario laboral, y la mayor parte de ellos por motivaciones religiosas católicas, aunque socialmente pretende ser un país aconfesional.

De un país que en Europa está considerado de muy baja productividad, pero que sin embargo ocupa uno de los primeros puestos europeos en cuanto a número de horas pasadas en el puesto de trabajo.

De un país que, irónicamente, denomina a las oficinas de atención a los desempleados «oficina de empleo», pese a que éstas no llegan a gestionar más que un escaso 3,6% de colocación de desempleados.

De un país donde las «empresas de trabajo temporal» forman un entramado que bajo cobertura legalmente reflejada en el apartado 1º del Artículo 43 del Estatuto de los Trabajadores, y usando el eufemismo de «cesión del trabajador», se dedican a lo que en otros tiempos fue conocido como tráfico de seres humanos. Eso si, tráfico vestido de «legalidad». Aunque casos como éste, en el que se denuncia la existencia hasta de ¡¡cinco niveles!! de «cesión del trabajador» son moneda corriente en nuestra devastada España.

Hablamos de un país en el que -ya bien entrado el siglo XXI- diarios, revistas y emisoras de radio y televisión se pueblan de videntes y adivinos. De un país que en sus modernos aviones comerciales sigue eliminando la fila 13 por pura superstición. De un país que es incapaz de enfrentarse a una pandemia de forma eficiente o de gestionar medio decentemente una simple nevada. De un país donde si se quiere ver sudar a alguien basta con preguntarle por el nombre de 5 científicos españoles, aunque capaces de recitar legiones de nombres de futbolistas, folclóricos, toreros, cantantes, o induced celebrity media, con una sonrisa de autosatisfacción.

Cada vez que en nuestro país se escucha hablar de reforma laboral, da la impresión de tratarse de una necesidad unilateral. Unos opinan que debe ser reformada la situación del trabajador, y otros opinan que lo que debe ser reformada es la posición del empresario. Curiosamente, al que nunca se le oye la opinión es al principal protagonista de estos debates: el trabajador. En los lugares donde se habla de esa necesidad de la reforma, suele afirmarse que el trabajador está representado por los sindicatos, lo cual no deja de ser una paradoja puesto que los sindicatos mayoritarios -y por tanto de mayor peso- en España, son los únicos subvencionados por el Gobierno.

Pero lo que produce auténtica sorpresa es que unos y otros están de acuerdo en ni tan siquiera plantearse la posibilidad de dar por liquidado un modelo agotado que trata de perpetuar el concepto fabril de la revolución industrial de hace 200 años. Cuesta asimilar que 200 años después, persista el empecinamiento en hacinar a los obreros en núcleos de producción. Si antes eran las fábricas, ahora compiten «polígonos» y «rascacielos de oficinas» en concentrar masa obrera. Esas concentraciones del pleistoceno laboral arrastran a su vez las concentraciones urbanas, incluso determinan las épocas de asueto del obrero marcando los calendarios escolares de sus hijos, y convirtiendo lo que podría ser un disfrute de vacación en cualquier momento del año en el concepto veraneo, consiguiendo así limitar los empleos derivados de los servicios vinculados -por ejemplo- al ocio y la hostelería, la masificación y, en consecuencia, el disparo de los precios.

Son los mismos que igualmente se empecinan en obviar la posibilidad de soluciones como el teletrabajo,  porque la miseria intelectual y humana les impide ver el enorme ahorro para trabajadores, empresarios y medio ambiente, mejora de la movilidad y algo muy demandado a día de hoy: la conciliación de la vida familiar.  No importa que se nos llene la boca anunciando que vivimos en la «era de las comunicaciones», cuando en realidad somos incapaces de comprender las ventajas que nos ofrece y nos limitamos a la descarga de la red de productos de ocio socio-aislante.

Quizá, algún día, alguien realmente quiera hablar de reformar la productividad en España; nuestra auténtica asignatura pendiente.

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LO AFIRMO, HEMOS PERDIDO EL NORTE

      Pues si, creo que hemos perdido el norte, el sur, el ……, creo que ya no sabemos dar valor a lo que vale, y desechar lo inservible, cada vez tenemos un vida más “americanizada” en lo que de malo tienen los EE.UU y no imitamos nada de lo bueno, que también lo tienen. Estamos siempre cuidando lo que decimos, vamos que en lenguaje castizo, “nos la cogemos con papel de fumar”, no vaya a ser que alguien nos diga que no somos políticamente correctos. Se ha perdido el sentido del humor hasta en nuestros humoristas, porque cualquier cosa que se diga puede ofender a un miembro de nuestra sociedad, ya sean los bajitos, los gordos, los flacos, los tartamudos, los gangosos, los calvos, los vegetarianos, los carnívoros….., siempre habrá alguien que se ofenda por algo que se ha dicho, bueno, y eso por no mencionar si lo que se toca es ese tema tan sensible que puede tacharte en un abrir y cerrar de ojos, de ser un machista irredento.

Cada día asistimos a un espectáculo nuevo, no hay más que oír a cualquier miembro, sea del partido que sea, de nuestra clase política, se diría que juegan a ver quien tiene la ocurrencia más absurda para poder ganar un premio, y  la verdad, si existiera premio, a veces nos costaría mucho decidirnos por un ganador, porque todos suelen ser merecedores de tal honor.

Hace unos días, he escuchado algo que es la gota que me ha hecho escribir estas líneas. La autora ha sido la alcaldesa de Navalagamella (bonito pueblo por cierto). Esta buena señora, imagino que con la mejor intención, ha decretado un día de luto oficial, si, si, de luto oficial, no porque haya fallecido un prohombre de la historia, o alguien que haya aportado beneficios al bien común. Pues no, nada de eso, el luto oficial es por la muerte (siempre lamentable), de un joven en una pelea tribal entre una banda de “skinhead” y  otra “antisistema“, motivado por insultos a la novia del primero.

Vuelvo a repetir que una muerte es siempre algo que hay que lamentar, pero si se decreta un día de luto por ésto, ¿no habría que decretarlo también por esos vecinos, buenos padres de familia, madres que cuidan de sus hijos, abuelos con una vida de trabajo, jóvenes estudiantes o trabajadores que hacen eso, estudiar o trabajar, el médico o el veterinario, el cura o el boticario, cualquier miembro de esa comunidad que fallece de forma anónima para todos los que no pertenecen a su entorno, que fallecen de enfermedad o simplemente de vejez, que han vivido una vida normal?.

Es que cualquiera de estos vecinos, ¿no merecerían también un día de luto por dejar de pertenecer a esa pequeña comunidad local?.

Bueno, esto no es más que una reflexión personal, con la que se puede o no estar de acuerdo, pero en toda España, no habría más que días de lutos oficiales, si lo decretáramos por cada muerte que hay en el día a día. Yo creo que el “luto oficial”, está para otras cosas, y no para una muerte violenta producida en el seno de una pelea entre miembros de bandas opuestas.

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TODO ES SEGUN EL COLOR…..

   Nuevamente el pueblo soberano de esta España de mis amores, no deja de asombrarme, y otra vez asisto, como espectadora obligada, con verdadera perplejidad a ese teatro en que se convierte el País, y a esos actores improvisados que siguen un guión, previamente escrito por unas manos invisibles,que, aunque no sean muy numerosos, la posición que ocupan, tanto en el plano político, como el mediático, hace que el ruido que emiten sea lo más audible posible.

La sentencia emitida, de una manera unánime, por los Magistrados del Tribunal Supremo, ha hecho aflorar, una vez más, los sables, con los que las dos Españas que tanto dolían a Antonio Machado, se baten a duelo sin emplear la razón ni la inteligencia, tan sólo el sectarismo guía las palabras y los hechos, al menos por parte de uno de los dos contendientes.

Leo en un diario nacional, la aportacion diaria de alguien a quien admiré, y mucho, y a quien leí, y mucho, y que tiene, merecidamente conseguido, un lugar en la historia de la literatura española, D. Antonio Gala, pero que, tal vez a causa de la edad, o de la enfermedad que le aqueja, ha perdido la capacidad de ser objetivo (me pregunto ahora si alguna vez lo fue) y equipara a un partido político conservador (nos guste más o menos) exactamente igual que los tantos partidos conservadores del resto de Europa, con una derecha fascista y nazi como la de Mussolini, Hitler o Franco, y así refiriéndose a la sentencia dice que ésta «desacredita al Tribunal que la ha emitido«, y emite el juicio de que «esta sentencia ha sido motivada por la envidia, la humillación de la cobardía y la falta de autoridad moral«. Mi también admirado Sabina se «avergüenza de ser español». El diario «El Pais», lanza una editorial durísima contra los «jueces fascistas», olvidando que en el año 1.995, en pleno caso «GAL», dijo exactamente lo mismo que hoy censura en los jueces del Tribunal Supremo, y por supuesto en contra de Garzón (¡Ay que malo es que existan hemerotecas!).

Mi visión, creo que bastante aséptica, sobre esta historia es que en un estado democrático y de derecho TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES ANTE LA LEY SIN CONDICIÓN ALGUNA. Pedir firmas para evitar el procesamiento de alguien  es solicitar que ese alguien sea tratado de modo diferente a cualquier mortal o lo que es lo mismo….. que se le considere por encima de la Ley.  Bien es verdad que cuando Alfonso Guerra allá por los años 80 dijo aquello de «Montesquieu ha muerto», debería de haberme  echado a temblar pero el ansia de cambio me llenaba de esperanzas y obvié algo tan fundamental, ya que la muerte de Montesquieu significó la muerte de la separación de poderes, el Poder Judicial quedaba supeditado al Poder legislativo, lo que hizo que, asociar la palabra Democracia a la No separación de poderes, se convirtiera en un oximoron, pero de eso no quisimos darnos cuenta todos aquellos que deseábamos un cambio en nuestra querida España.

Cuando se dice que este juez ha tenido grandes éxitos en su lucha contra el terrorismo, además de ser una opinión discutible, puesto que es sabido que entre sus colegas no se recatan de exponer que sus pésimas instrucciones han permitido destrozar un buen trabajo policial o sus enormes detenciones de gente -siempre con las cámaras por medio- sin haber hecho una sólida instrucción, para lo único que servía -y sigue sirviendo con frecuencia- es para tener que ponerlos en libertad pocos días después.

No obstante aunque hubiera tenido muchos éxitos en su carrera laboral no habría hecho otra cosa que hacer bien su trabajo con lo cual no hay que premiarle de ningún otro modo que no sea con su sueldo. Luego están todos los que, con él a la cabeza, hablan de conspiraciones políticas y mediáticas, pero por encima de todo este partidista ruido, los hechos están ahí y lo único que se pide es que se juzguen según las leyes vigentes en España. Lo único que debe interesar es saber si el Sr. Garzón actuó conforme a derecho (o sea, a la ley) o no lo hizo y entonces se estaría hablando de prevaricación. En una democracia el Estado de Derecho, o sea, la Ley, está por encima de todo y de todos. Si no es así no hay Estado de Derecho, sino una dictadura encubierta.

Este juez tiene tres causas abiertas y la que más se airea es la que roza el caso Gürtel porque se está vendiendo la idea de que lo que quieren es tapar esa corrupción política del partido conservador, pero al Sr. Garzón,  no se le abre una causa por la ultraderecha falangista que le tiene manía sino porque ordenó escuchar las conversaciones de acusados del caso Gürtel con sus abogados. Si el secreto de las comunicaciones entre abogado y cliente se vulnera, salta por los aires la tutela efectiva, y el artículo 24 de la Constitución dice «Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos sin que en ningún caso pueda producirse indefensión». Los partidarios del juez dicen que el secreto de las comunicaciones puede saltarse por dos motivos «por tratarse de un caso de terrorismo o por orden del juez, pero habría en verdad dos opciones si el texto legal incluyese la conjunción disyuntiva «o», pero el texto legal emplea la copulativa «y» por lo que son necesarias ambas condiciones, si no… existiría indefensión.

Podríamos hablar de las otras dos causas con argumentos suficientes para comprender que lo único que se pide es que un ciudadano español, juez o albañil, pueda ser juzgado ante las abrumadoras pruebas en su contra, y serán los jueces los que tengan que decidir sobre su culpabilidad, independientemente de que el resultado nos guste o no, ya se sabe que la Justicia puede ser tremendamente  injusta, lo estamos viendo todos los días con las sentencias que dictan los jueces en casos que nos estremecen el alma, pero esa es otra historia, podemos no estar de acuerdo con las decisiones que adopten pero por lo menos han sido llevados a juicio.

Lo que debemos tener siempre presente es que EL FIN NUNCA JUSTIFICA LOS MEDIOS, si así fuera daríamos patente de corso para que cualquiera que se viera sacudido por algún tipo de violencia, tanto física como moral, pudiera tomarse la justicia por su mano, y yo sería la primera en comprender a esos padres que «ajusticiaran» a ese depravado que les arrebató a su hijo de una manera brutal, pero no por «comprender» una humana reacción admitiría (fuera del ámbito estrictamente personal) la Ley del Talión.

Cada persona es dueña de sus actos pero la Justicia está supeditada a unas Leyes que garantizan unos derechos que ha costado mucho conseguir, y no seré yo la que ayude a volver a unos años en los que la libertad de pensamiento, de asociación, la garantía de que los derechos de la persona están  protegidos y tantas libertades logradas, no existían en los diccionarios. Quien quiera volver a un pasado dictatorial… allá él.

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¡Ay Madre!

La búsqueda en San Google de la cadena «ay madre la fruta» devuelve 1.360.000 respuestas aproximadamente.

Para cualquier habitante de Madrid que no sea Gobernador del Banco de España, ni Consejero Delegado de Bankia, ni jugador del Real Madrid, la frase sobre la mamá y la fruta suena conocida. Ya son pocos los barrios que no tienen una de las tiendas con ése logo en la que puedes encontrar no sólo fruta, sino verdura a unos precios altamente llamativos. Por ejemplo: si busca usted naranjas y le gustan como las cogidas en el árbol (es decir, sin barnizar y con restos de rama) puede encontrarlas a 0’59 euros un kilo; y si le gustan barnizaditas y con los restos de rama quitados, a 95 céntimos. O manzanas a 58 céntimos de euro,  o judías verdes entre 1,99€ y 2,99€ (dependiendo del día), o aguacate que en otros sitios puede encontrarse en torno a 4 euros en Madrid, en estas tiendas puede encontrarlo por la mitad de precio.

Si siente usted interés, puede comparar los precios en su barrio entre un mercado municipal de abastos y los precios de esta especie de franquicia. Le recomiendo tomar un Tranquimazín antes porque las diferencias le pueden producir apoplejía gorda.

Ya, pero ¿significa eso que esté haciendo publicidad de la marca?. Bueno, pues no me importa cuando el país está bajo la bota malaya de los políticos-económicos y a todos nos cuesta un enorme esfuerzo llegar a fin de mes mientras hemos de continuar manteniendo a reyes, banqueros, políticos, patronales, sindicatos, partidos, familiares de todos ellos y otras faunas afines.

Cuando cualquiera de los subvencionados citados es preguntado por qué pueden variar tanto los precios desde el productor agrícola hasta el consumidor, parece armarse de paciencia para hablar con un indigente mental y a continuación repite un mantra sobre la liturgia de «gastos» que tiene el pobrecito intermediario: recolección, transporte, almacenaje, conservación… Vamos, que nos dan ganas de ampliar la habitación donde hemos acogido al pobre yerno del rey y su infanta, para hacer sitio al pobre intermediario.

Lo que ocurre es que cuando el golfo termina de soltar bobadas, uno se queda pensando:  y entonces… ¿cómo lo hacen los de ¡Ay madre…! y otros similares?

Hace poco, hablando con un conocido que tiene una empresa de reformas (con 26 trabajadores), le manifesté mi creencia de que al bajar la venta de pisos nuevos, el negocio de la reforma de pisos menos nuevos estaría en auge.¡Pues no!, me contestó. De hecho tiene ahora 4 empleados y factura aproximadamente un 5% de lo que facturaba en 2009.

¿Y eso? -le pregunté.

Sencillo -me dijo mi amigo- , ahora funcionan equipos de trabajadores que hacen un buen trabajo, con muy aceptable calidad, y tu sólo debes comprar los materiales para que ellos no tengan que manejar facturación. Concretamente en la comunidad de Madrid esa especialidad está en manos de rumanos, y la verdad es que parecen hacer muy bien el trabajo. Eso sí: a efectos fiscales no existen. Esa es la razón por la que en empresas de servicios, los extranjeros se están llevando el gato al agua. Chinos que te arreglan ropa a precios de 1964 o fontanería a precios de 1979, rumanos que reforman pisos a precios insuperables, colombianos que prestan servicios de apoyo sin competencia…

Como tampoco, a efectos fiscales, existen los miles de proxenetas (o chulos, o macarras, o como quiera llamarlos) que viven del negocio de la prostitución, incluso gastando una pasta en publicidad (¿lo refleja el IVA de las agencias, por cierto?, pero ni así resultan ser visibles para el fisco.

No se engañe. El político es cobarde por razones genéticas. Sólo se atreven con el débil. Ni el presidente de un banco, ni el proxeneta de la esquina figuran entre sus objetivos fiscales.

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Adiós 2011

       ADIOS 2011

        

Según dice nuestro querido Silvio:

El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos            
el amor no lo reflejo como ayer.

En  cada conversación, cada beso, cada abrazo    
se impone siempre un pedazo de razón.

Vamos viviendo, viendo las horas que van muriendo.

Las viejas discusiones, se van perdiendo entre las razones.

A todo dices que si, a nada digo que no, para poder construir
esa tremenda armonía que pone viejos los  corazones.

¡¡Se equivoca!!. Nuestros corazones nunca serán viejos.

Aunque nuestros cuerpos envejezcan, nuestros corazones serán más libres, gracias a las experiencias vividas.

Arrugas en la frente, en la boca, en los ojos (de las veces que te has sorprendido, de las que has reído y has besado, y de las  que has llorado).

Todas esas arrugas nos han hecho ganar en sabiduría, y aunque hayamos ido dejado atrás parte de nuestra inocencia, todavía nos queda mucho por descubrir.

Este año va a ser muy importante para mí porque cierro otra etapa de mi vida. Me excita el solo pensar en la libertad que me dará mi próxima jubilación, y en todas las cosas que podré hacer.

La vida después de los sesenta, setenta, ochenta,  puede ser una gran aventura.

FELIZ 2012

Y como dicen mis amigas de los “poetas muertos”, VAMOS A DISFRUTAR DE LO QUE TENEMOS, Y NO SUFRIR POR LO QUE NO TENEMOS.

 

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Estos también se han olvidado

Entre el tsunami económico que ruge por doquier, se observan personajes que permanecen a flote… y sin despeinarse, legislatura tras legislatura y gobierno tras gobierno… y sin que ninguno de esos gobiernos se acuerde de ellos… al menos en apariencia.

Hablamos de un país que entrado ya en el siglo XXI sigue manteniendo en vigor  las mismas supersticiones y el mismo tipo de pícaros y golfos que en el siglo XVI. Curiosamente, los modernos aviones de Iberia siguen sin instalar una fila 13, y TDT e internet disputan por dar cobijo a los cientos de videntes, adivinos y demás brujos tecnológicos. Desde luego, cinco siglos para un país tradicionalista como es España, no son nada. Quizá sienta usted curiosidad por saber la posición que ocupa el país en que habita, dentro del mundo de la picaresca y/o la pura golfería. No se preocupe. Ya existe quien se encarga de analizar ésa información, y aquí puede constatar resultados. No quedamos mal del todo. Estamos entre Botswana y Chipre. El consuelo está en saber que -por poner un ejemplo- Uganda ocupa el puesto 143. En España el número de causas abiertas por corrupción está, tan sólo, en torno a un millar. Es decir, hablamos de un país de golfos, desnutridos mentales, pícaros, truhanes, canallas, bribones y otras faunas.

Y llegan los nuevos dirigentes elegidos por el pueblo. Y lloran y se golpean el pecho por ver las arcas vacías. Y anuncian -como los que ya se fueron-  medidas, aunque nunca novedades. Porque ser, es lo de siempre: que los empresarios financien el sistema, hurgar en los bolsillos del funcionario sumiso y meter los dedos en la boca de ancianos, jubilados y pensionistas para arañarles unos garbanzos, y el diezmo al pueblo por lo que compre. Nuca, jamás, gobierno alguno dio muestras de haberse acordado de ellos. Y no digo que no se acordasen antes ni que no lo hagan ahora. Lo que digo es que no dan muestras de hacerlo.

Los modernos cortesanos de la revista Hola y de los programas rosa de TV, nos seguirán siendo mostrados como ejemplo de lo más natural en nuestra sociedad y modelo a seguir, para no dejarnos abatir por el paro y la miseria. Políticos, banqueros, dirigentes sindicales y resto de personajes que se desviven y dejan la piel por nuestro bienestar, seguirán viviendo como los reyes (o los príncipes) (o los consortes de unos y otros) (o los hijos de los unos los otros y los consortes) pero haciéndonos saber lo mucho que sufren por nuestra causa, eso si.

Sin embargo no es de estos clásicos de la picaresca a los que quiero referirme, porque con mayor o menor ignominia, algo cotizan a las arcas públicas. Me refiero a quienes viven de dos de los negocios intocables de este país; a dos de los negocios de los que gobierno tras gobierno desisten voluntaria y públicamente de obtener beneficios: la prostitución y el mercado mayorista de alimentos.

Somos un país cuyos sucesivos gobiernos subvencionan a un banquero porque su beneficio ha sido menor que el año pasado; que subvencionan a un cineasta una película prescindible y que estará en el mercado una semana (con suerte), produciendo -obviamente- pérdidas; que literalmente recurren sistemáticamente a extorsionar a pequeños empresarios, funcionarios, pensionistas y jubilados, pero que son absolutamente incapaces, siquiera, de sugerir la posibilidad de que el negocio de la prostitución cotice a Hacienda como los demás negocios, o de que el mayorista de alimentos suspenda su actividad vampírica en tanto y en cuanto más de un millón de españoles están en la pobreza y varios millones en el paro.

Somos, sin duda, un país que favorece el que éstos también se hayan olvidado de ellos.

 

 

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TIEMPO DE NAVIDAD

Es tiempo de Navidad, lo sé porque lo dice el calendario y la publicidad consumista con la que nos aturden los grandes almacenes, también me lo recuerda un día en que una musiquilla conocida me retrotrae al pasado cantando números y premios de la lotería nacional, e inevitablemente pienso que, en pesetas, sonaba mejor esa cantinela que ahora con el euro, no sé, me parece que era como más cantarina y alegre, debe ser por la costumbre de tantos años de oírla.

Es tiempo de Navidad, es tiempo de estar alegre por obligación, de quererse de repente todo el mundo, aunque luego nadie se diga «te quiero» por más que esas dos palabras tan sencillas sirvan para arreglar muchas cosas o para hacer que esas personas a las que quieres, lo sepan, porque nunca tenemos la certeza de que habrá un día siguiente para poder decirlas.

Camino estos días por mi ciudad, y por más que lo intento no logro hallar ese llamado «espíritu navideño» en toda la gente que vaga apresurada mirando escaparates, pensando si pueden comprar algo. En esos adornos que no me dicen nada y que si te alejas de las calles más céntricas, han desaparecido por completo. Por no haber ni hay nieve, ni lluvia ni tan siquiera hace frío. Miro y remiro estas calles sucias por la falta de lluvias, llenas de pintadas (que me niego a llamarlas arte urbano), huelo el aire y no me trae olor a ozono, o a castañas asadas, como cuando era niña, ahora solo huele a orín rancio y poco más.

Me siento en un banco al sol de este atípico invierno y mi imaginación vuela a los felices años de infancia. A esa emoción de los últimos días antes de las vacaciones, cuando después de los exámenes tenían lugar las representaciones teatrales, los concursos de villancicos, el envolver primorosamente la labor que habíamos hecho para nuestra madre en la clase de costura. Esa despedida de las amigas y el compartir las últimas confidencias antes de la vuelta después del día de Reyes. Esa alegría en la casa poniendo el belén, riéndonos mientras colocábamos el corcho que imitaba las montañas o el papel plateado que simulaba el rio donde unos patos nadaban cerca de las lavanderas haciendo la colada. Poníamos los Reyes Magos lejos del Portal, y cada día íbamos acercándolos un poco hasta que la noche de Nochebuena los poníamos al lado del niño para que le dieran sus presentes.

Que felices éramos entonces. No imaginábamos que años después el belén sería considerado políticamente incorrecto y el saludar con un «feliz Navidad» sería algo propio de carcas beatos y meapilas. La Navidad estaba en la calle y en nuestros corazones. La Navidad era la familia y los amigos con los que la compartías.

Sigo  soñando despierta, mientras el sol calienta mi cuerpo y me pongo especialmente triste recordándote a ti, papá, son dos años que faltas de nuestro lado y no puedo acostumbrarme al dolor de tu ausencia. Tus frases tan tuyas, tus chistes tan malos pero que siempre nos hacían reír, tu bondad y tu amor por nosotros, que éramos toda tu vida. Me levanto del banco y mientras vuelvo de regreso a casa sigo recordando esos paseos contigo y mis hermanos, cuando nos llevabas a todos los museos de Madrid, lo que nos hacías disfrutar visitando el museo de Ciencias Naturales, el Museo Naval, el del  Ejército, el etnológico…. yo creo que tu eras el que más te divertías contestando nuestras preguntas, producto de la innata curiosidad infantil. Luego nos llevabas al parque del Retiro, y si no llovía y  todavía estaban sin recoger los  montones de hojas muertas amontonadas en grandes pilas, nos dejabas que nos tiráramos sobre ellas, aun a sabiendas de la reprimenda que te ibas a encontrar cuando al llegar a casa,  mamá viera nuestras ropas sucias de tierra.

Sigo evocando ese final de cada día contigo, cuando ya en la cama, siempre después de decir: «A las 10 en la cama estés, antes mejor que después», venías y después de recitar el «levántate José y enciende la vela……» que tu nos habías enseñado, nos leías (bueno más bien amañabas las historias a tu modo) esas aventuras fantásticas de Simbad el Marino, Ali Babá, Aladino y la lámpara maravillosa, o nos leías esos cuentos de Salgari o Zane Grey, dejando para el día siguiente la continuación, siempre y cuando fuéramos buenos y nos durmiéramos pronto.

Llego  a casa, dejo de soñar despierta y sonrío porque he podido disfrutar de ese hombre maravilloso, -mi padre-,  60 largos años, porque he podido conocer lo que significaba vivir la Navidad en una familia unida, que no tiene nada que ver con lo que significa la palabra Navidad en nuestro mundo de adultos. La Navidad es la inocencia de los niños, nada más. En el mundo de los mayores la Navidad es un puro consumismo, ajeno a todo significado con valor humano, más para mí, recordando a mi padre, mi Navidad está en el corazón del hombre que amo, de mis hermanos,  y de los amigos que quiero y añoro, teniéndolos a ellos no hay mucho en mi mundo que se escape.

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Peticion navideña

Como habeis sido buenos, aquí va la tontería esa que tanto os gustó. Besazos

 

Erase una tarde en Vera,

brillaba el sol en la playa,

cuando de repente el viento

me levantó la toalla

Joder… que viento tan fuerte

le comenté ala Paka

y cuando quise echar cuentas la sombrilla se volaba.

Paqui, Paqui… yo gritaba, al ver que nuestra sombrilla se nos hincaba en las nalgas.

de repente un bañista, con gorro, gafas y chanclas

se nos acercó solícito, con la cara sonrosada.

Ay zagalicas…nos dijo

que la teneis mal hincada

que con estos vendavales lo mejor son las hamacas.

La sombrilla hecha una mierda,

nosotras acojonadas,

y pensando que el bañista era un “chulillo de playa”.

Gracias señor.. le dijimos, con sonrisa descarada

y a la mañana siguiente…haciendo caso al “mandarra”, decidimos al unísono, alquilarnos las hamacas.

Cojona… que diferencia,

que bien que se está tumbada

sin arena en la entrepierna

y con el viento en las nalgas.

A eso del medio día,

cuando el Lorenzo apretaba,

pensamos que sería bueno pegarnos unas brazadas

y con valentía y arrojo nos metimos en el agua

joers, cuantas piedras hay… y que cantidad de algas

y entre una ola y otra,  apareció el hombretón de la mano de una dama.

Con el agua por los pechos y bricando como cabras

nos saludamos diciendo… “que fresquita que está el agua”

y así, entre pechos y frescuras hicimos una amalgama.

Les contamos que allí mismo, a unos metros de la playa, había un chiringuito, con música no muy alta, en el que al oscurecer, la luna se divisaba.

Se quedaron sorprendidos, … pues no sabíamos nada….

y en ese mismo momento quedamos en enseñarla………..la luna y la terraza.

Luego han pasado los años y con ellos mil batallas,

Buceos, copas y charlas

Conocimos al “Sebitas”, y a la “Conchi” …vaya panda

Y al cabo de tantos años y pensando en la distancia

Recuerdo esa tarde en Vera

Brillando el sol en la playa

Cuando de repente el viento me levantó la toalla.

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La injusta Justicia

Parece toda una contradicción las dos palabras con las que encabezo este escrito. Lo correcto y lo incorrecto nunca deberían ir juntos, lo malo es que, cada vez con más frecuencia, se encuentran íntimamente ligadas a un hecho de mayor o menor transcendencia según quienes sean los protagonistas de la historia. Estamos acostumbrados a observar que muchas veces lo justo no es legal y lo legal no es justo, mas para mí, lo peor es cuando sin demasiados asideros legales se emite una sentencia que responde, casi en su totalidad, a la interpretación que quieran dar unos señores o señoras que, por el hecho de llevar encima una toga, parecen sentirse por encima del bien y del mal y pensar que son infalibles (de hecho casi lo son, ya que recurrir una sentencia es un proceso larguísimo, farragoso y  casi siempre inútil, unido al coste económico que conlleva).

Hay que tener en cuenta que, a veces -para eso somos seres humanos sujetos a humanas equivocaciones- se pierde la objetividad cuando eres protagonista de un evento judicial. Todos deberíamos no olvidar que en un juicio siempre habrá una parte perdedora y otra ganadora, y que según el lado en que nos toque estar, podemos alabar o denostar a la justicia sin pararnos a pensar  cual de las partes tiene la razón; y a veces cuesta mucho establecer con fría serenidad si eres tú el afortunado poseedor de la verdad absoluta (suponiendo que exista siempre una verdad absoluta, cosa que dudo).

A la vista de las sentencias que de unos años para acá, hemos tenido conocimiento, me reafirmo en mi convicción de que el estamento judicial es lo peor que tenemos en este momento. El terrible despropósito que supone la no separación del poder político y el judicial hace que sea imposible creer en un juicio justo, sobre todo cuando la parte juzgada pertenece a un ideario político totalmente opuesto al que sustenta la parte juzgadora.

La fractura del Sistema

El haber matado a Montesquieu hace ya bastante tiempo, hace que sea bastante costoso resucitarlo ahora, pero no pierdo la esperanza de que en un futuro cercano haya una verdadera separación entre el poder legislativo y el judicial. ¿Será que a pesar de que voy cumpliendo años todavía no he perdido la fe en el ser humano?, vaya usted a saber.

No hay día, en estos últimos años, en que no leamos u oigamos algún despropósito emitido por estos nuevos dioses togados: Libertad para el cabecilla del secuestro de la farmacéutica de Olot; libertad para las menores causantes del asesinato de otra compañera de clase; libertad para etarras que quieren ser madres y además hay que financiarles la fecundación artificial; disminución de condena para un padre, sistemático violador de su hija desde que ésta era casi un bebé, porque, según el juez de turno, no estaba debidamente probada la falta de consentimiento; disminución de condena, al suprimir la figura del ensañamiento, para un asesino de su joven pareja, ya que de las 23 puñaladas que le asestó, la segunda fue mortal, por lo que las 21 restantes al estar ya cadáver no ha lugar a ensañamiento alguno; reducción de condena por la violación de una esposa, ya que al ser el marido el causante resulta menos traumático y el padecimiento menor que si es un extraño; Otro padre violador absuelto porque estaba perfectamente integrado en la sociedad y la familia se podía ver más desestabilizada con su ingreso en prisión (a juicio de sus señorías , claro).Podría seguir escribiendo hasta el infinito las aberrantes sentencias impuestas a ¿menores?, que por el hecho de ser eso, menor por edad física, se les concede la gracia de ser juzgados  como si no fueran asesinos despiadados.

No quiero mencionar, por no indignarme demasiado, la ¿sentencia? emitida en el juicio del 11M, es mejor correr un tupido velo y esperar con esperanza, que las nuevas puertas que poco a poco se van abriendo en esta maraña de prevaricaciones, versiones oficiales en las que no hay una verdad, datos falsos, encubrimientos de hechos cruciales para una investigación y un sin fin de etcéteras, logren dar paso a una nueva apertura de un juicio en el que la búsqueda de la verdad sea el único motor a considerar.

Sabiduría popular

Total, que mi abuela con sus refranes tenía razón: «Más vale un mal acuerdo que un buen pleito», ó «Pleitos tuve y los gané y así y todo me arruiné», ó «Quién en pleitos ande metido aunque los gane siempre ha perdido», parece que la estoy oyendo, siempre tenía a mano un refrán para cualquier ocasión, y como son producto de la experiencia popular, es raro encontrar alguno que no sea acertado. Imagino que en algunas sentencias emitidas últimamente, habría dicho con su voz cascada: «Culpable absuelto, juez culpable» (y desde luego que tendría razón).

Una parcialidad difícil

En todas las situaciones de justicia injusta, no dejo de preguntarme cómo es posible que si los ciudadanos podemos cuestionar a cualquier responsable de una situación, por ejemplo se puede cuestionar al guardia civil de tráfico que nos pone una multa (generalmente con razón) con cosas tan peregrinas como que si el cinemómetro tiene pasadas todas las revisiones obligatorias, o siempre puedes hacer un pliego de descargos contra actos administrativos, y un montón de etc…., ¿por que no podemos hacer lo mismo con los jueces poniendo en duda su capacidad de razonamiento y la calidad de éste? y por supuesto, poniendo en duda su equilibrio mental y sus fobias, ya que muchas sentencias están dictadas por su personal manera de sentir al aplicarlas.

Ya sé que en juicios, digamos políticos, se puede recusar al o a los Magistrados por considerar que no van a ser imparciales al juzgar, pero al españolito de a pié, le toca apechugar con la señoría que por suerte, o por desgracia, le haya correspondido en el veleidoso azar.

Por eso es por lo que, aún sabiendo que podemos apelar las sentencias dictadas, si el causante de éstas, -el Juez- tiene cualquier defecto: es un pervertido sexual, un racista, odia a la mujer o al hombre, no tolera la homosexualidad, es un fanático religioso moralista, etc. etc., su actuación profesional ya nace viciada y al ser imposible cuestionarlo (por desconocimiento de esa personalidad) ni pedir un peritaje psicológico, es como si jugaras a la ruleta rusa, ya que no creo bajo ningún concepto que puedas olvidar todas tus convicciones a la hora de juzgar un asunto. Me sucede lo mismo cuando oigo esa tontería en los juicios (de las películas, claro) de «el jurado olvidará o no tendrá en cuenta lo dicho por el testigo», yo por lo menos sería incapaz de obviar algo que acabo de oir y que tiene interés en el juicio del que formo parte, así que espero poder esgrimir este argumento de imposibilidad de imparcialidad, si alguna vez, la providencia no lo quiera, me eligen jurado de algo.

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LAS COSAS QUE PASAN

Si pensabais que lo habías visto todo en cuanto a intento de fastidiarte la hora de la comida,  y de paso la siesta (en el nombre de telefónica, orange, gas natural, etc, etc) os cuento la última que me han «colao».
Martes, 15:30. Llego de trabajar y me pongo a comer; cuando intento tragar el segundo bocado de mi deliciosa comida, suena insistentemente el timbre de la puerta (ding, dong, ding, cong) . Un poco cabreada me asomo discretamente por la mirilla y veo a una chica delante de mi puerta. Como no parece peligrosa, abro sin mucho entusiasmo, y en ese instante, «la reportera más dicharachera de Barrio Sésamo» (carpeta y bolígrafo en mano, y una tarjeta colgada del cuello que dice UNICEF) sin parar de mover brazos y piernas, me suelta:

-¡Hola!… ¡vengo a comer con usted!.
-Pues llegas tarde porque yo ya estoy comiendo…
-Es broma.
-Por supuesto.
-Estamos haciendo una campaña por el barrio para que colaboren con Unicef. ¿Nos conoce?
-Si claro, ya colaboro con Unicef.
-Ahh, ya colabora. De todas formas lo que estamos buscando son mujeres en edad de trabajar, y usted se sale.
-Me salgo de que?.
-De la edad de trabajar.
-Pues no bonita (h..p..) por suerte o por desgracia, acabo de llegar de trabajar.

Mientras tanto, por entre mis piés se asoma Candelo (es mi gato) y dice la reportera: ¡¡Ohhh, que gatito tan bonito!! como se llama?.

-Gato, se llama gato (digo yo super cabreada).
-Bueno no quiero molestar más, solo una última cosita. Tengo una amiga que está un poco «choff» (supongo que choff quiere decir deprimida). Podría escribirle una frasecita para que se anime.
-Pues no, no tengo otra cosa que hacer a estas  horas  que escribir frasecitas.
¡¡¡VETE A HACER PUÑETAS!!!

Y no pude dormir la siesta pensando que en un momento,  y en mi propia casa,  me habían llamado vieja (y creo que analfabeta)

 

 

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