La injusta Justicia

Parece toda una contradicción las dos palabras con las que encabezo este escrito. Lo correcto y lo incorrecto nunca deberían ir juntos, lo malo es que, cada vez con más frecuencia, se encuentran íntimamente ligadas a un hecho de mayor o menor transcendencia según quienes sean los protagonistas de la historia. Estamos acostumbrados a observar que muchas veces lo justo no es legal y lo legal no es justo, mas para mí, lo peor es cuando sin demasiados asideros legales se emite una sentencia que responde, casi en su totalidad, a la interpretación que quieran dar unos señores o señoras que, por el hecho de llevar encima una toga, parecen sentirse por encima del bien y del mal y pensar que son infalibles (de hecho casi lo son, ya que recurrir una sentencia es un proceso larguísimo, farragoso y  casi siempre inútil, unido al coste económico que conlleva).

Hay que tener en cuenta que, a veces -para eso somos seres humanos sujetos a humanas equivocaciones- se pierde la objetividad cuando eres protagonista de un evento judicial. Todos deberíamos no olvidar que en un juicio siempre habrá una parte perdedora y otra ganadora, y que según el lado en que nos toque estar, podemos alabar o denostar a la justicia sin pararnos a pensar  cual de las partes tiene la razón; y a veces cuesta mucho establecer con fría serenidad si eres tú el afortunado poseedor de la verdad absoluta (suponiendo que exista siempre una verdad absoluta, cosa que dudo).

A la vista de las sentencias que de unos años para acá, hemos tenido conocimiento, me reafirmo en mi convicción de que el estamento judicial es lo peor que tenemos en este momento. El terrible despropósito que supone la no separación del poder político y el judicial hace que sea imposible creer en un juicio justo, sobre todo cuando la parte juzgada pertenece a un ideario político totalmente opuesto al que sustenta la parte juzgadora.

La fractura del Sistema

El haber matado a Montesquieu hace ya bastante tiempo, hace que sea bastante costoso resucitarlo ahora, pero no pierdo la esperanza de que en un futuro cercano haya una verdadera separación entre el poder legislativo y el judicial. ¿Será que a pesar de que voy cumpliendo años todavía no he perdido la fe en el ser humano?, vaya usted a saber.

No hay día, en estos últimos años, en que no leamos u oigamos algún despropósito emitido por estos nuevos dioses togados: Libertad para el cabecilla del secuestro de la farmacéutica de Olot; libertad para las menores causantes del asesinato de otra compañera de clase; libertad para etarras que quieren ser madres y además hay que financiarles la fecundación artificial; disminución de condena para un padre, sistemático violador de su hija desde que ésta era casi un bebé, porque, según el juez de turno, no estaba debidamente probada la falta de consentimiento; disminución de condena, al suprimir la figura del ensañamiento, para un asesino de su joven pareja, ya que de las 23 puñaladas que le asestó, la segunda fue mortal, por lo que las 21 restantes al estar ya cadáver no ha lugar a ensañamiento alguno; reducción de condena por la violación de una esposa, ya que al ser el marido el causante resulta menos traumático y el padecimiento menor que si es un extraño; Otro padre violador absuelto porque estaba perfectamente integrado en la sociedad y la familia se podía ver más desestabilizada con su ingreso en prisión (a juicio de sus señorías , claro).Podría seguir escribiendo hasta el infinito las aberrantes sentencias impuestas a ¿menores?, que por el hecho de ser eso, menor por edad física, se les concede la gracia de ser juzgados  como si no fueran asesinos despiadados.

No quiero mencionar, por no indignarme demasiado, la ¿sentencia? emitida en el juicio del 11M, es mejor correr un tupido velo y esperar con esperanza, que las nuevas puertas que poco a poco se van abriendo en esta maraña de prevaricaciones, versiones oficiales en las que no hay una verdad, datos falsos, encubrimientos de hechos cruciales para una investigación y un sin fin de etcéteras, logren dar paso a una nueva apertura de un juicio en el que la búsqueda de la verdad sea el único motor a considerar.

Sabiduría popular

Total, que mi abuela con sus refranes tenía razón: “Más vale un mal acuerdo que un buen pleito”, ó “Pleitos tuve y los gané y así y todo me arruiné”, ó “Quién en pleitos ande metido aunque los gane siempre ha perdido”, parece que la estoy oyendo, siempre tenía a mano un refrán para cualquier ocasión, y como son producto de la experiencia popular, es raro encontrar alguno que no sea acertado. Imagino que en algunas sentencias emitidas últimamente, habría dicho con su voz cascada: “Culpable absuelto, juez culpable” (y desde luego que tendría razón).

Una parcialidad difícil

En todas las situaciones de justicia injusta, no dejo de preguntarme cómo es posible que si los ciudadanos podemos cuestionar a cualquier responsable de una situación, por ejemplo se puede cuestionar al guardia civil de tráfico que nos pone una multa (generalmente con razón) con cosas tan peregrinas como que si el cinemómetro tiene pasadas todas las revisiones obligatorias, o siempre puedes hacer un pliego de descargos contra actos administrativos, y un montón de etc…., ¿por que no podemos hacer lo mismo con los jueces poniendo en duda su capacidad de razonamiento y la calidad de éste? y por supuesto, poniendo en duda su equilibrio mental y sus fobias, ya que muchas sentencias están dictadas por su personal manera de sentir al aplicarlas.

Ya sé que en juicios, digamos políticos, se puede recusar al o a los Magistrados por considerar que no van a ser imparciales al juzgar, pero al españolito de a pié, le toca apechugar con la señoría que por suerte, o por desgracia, le haya correspondido en el veleidoso azar.

Por eso es por lo que, aún sabiendo que podemos apelar las sentencias dictadas, si el causante de éstas, -el Juez- tiene cualquier defecto: es un pervertido sexual, un racista, odia a la mujer o al hombre, no tolera la homosexualidad, es un fanático religioso moralista, etc. etc., su actuación profesional ya nace viciada y al ser imposible cuestionarlo (por desconocimiento de esa personalidad) ni pedir un peritaje psicológico, es como si jugaras a la ruleta rusa, ya que no creo bajo ningún concepto que puedas olvidar todas tus convicciones a la hora de juzgar un asunto. Me sucede lo mismo cuando oigo esa tontería en los juicios (de las películas, claro) de “el jurado olvidará o no tendrá en cuenta lo dicho por el testigo”, yo por lo menos sería incapaz de obviar algo que acabo de oir y que tiene interés en el juicio del que formo parte, así que espero poder esgrimir este argumento de imposibilidad de imparcialidad, si alguna vez, la providencia no lo quiera, me eligen jurado de algo.

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