Politicoenteritis

Llevamos décadas sentando en el Congreso y el Senado a seres que en el común de los casos no son más que residuos biológicos excretados con más fortuna de aquellos que se marcharon por la cloaca

 

Enfermedad caracterizada por la inflamación del tracto cerebral compuesto por la vista y el oído y su unión con el cerebro delgado, debido a la ingesta de demagogia orientada a niños pequeños.

Los españoles no podemos afirmar que seamos precisamente unos consumidores exigentes. A la hora de consumir somos proclives a anteponer aquello que sea tendencia social antes que preocuparnos de la calidad de lo que vamos a consumir, con independencia que se trate de un producto electrónico, ropa, calzado, vehículo, bebida, comida,  información, audiovisuales, opinión, ocio o relaciones sociales.

Cuando suministramos a nuestro organismo una comida o una bebida o un medicamento en mal estado, nuestro organismo lo rechaza de forma automática; sin embargo somos capaces de consumir políticos low cost sin que nuestro organismo manifieste ni un simple escalofrío.

Si hablamos del consumo de redes sociales, no podemos vivir sin el cachivache electrónico de turno, aunque ocupamos la primera posición en Europa de inocencia y credulidad con cualquier fake new que nos larguen.

Si hablamos de consumir alcohol, miraremos más que se corresponda con lo que esté de moda que con la calidad.

Sobre los sujetos que elegimos para que nos gobiernen y nos representen, nada hay que explicar: ahí estan. Es la evidencia más espantosa de lo que consideramos un líder. Llevamos décadas sentando en el Congreso y el Senado a seres que en el común de los casos no son más que residuos biológicos excretados con más fortuna de aquellos que se marcharon por la cloaca, son huecos, faltos de realidad, arrogantes, presuntuosos, que precisan esconder su mediocridad tras suntuosos palacios, criados y carrozas (algún que otro Falcon si se tercia), sueldos de faraones, carentes de inteligencia en la expresión oral que suelen reemplazar con infantil verborrea demagógica, confiando en la sumisión del ciudadano.

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