Fundamentalistas del sexo

El obispado de Alcalá celebra cursos ilegales y clandestinos para ‘curar’ la homosexualidad

LGTBI

Una supuesta terapeuta, que no está colegiada como psicóloga, da una sesión a un periodista de eldiario.es que se hace pasar por un joven confuso con su orientación sexual para que deje de ser gay: “Debes gobernarte y dejar de ver porno”

Fuentes de la diócesis de Reig Pla admiten que se celebran estos cursos, ilegales según el artículo 70 de la ley contra la LGTBfobia de Madrid, aunque no lo consideran “terapias reversivas” sino de “acogida y acompañamiento”………….

Desde esta mañana temprano esta noticia ha sido primicia en todos los medios de comunicación, radio, televisión y prensa escrita, tanto digital como en papel.

Normalmente, mi espíritu y talante liberal, me hubiera hecho no dedicarle ni un minuto más del que se precisa para leer el artículo en la prensa, pero ha sido este espíritu liberal el que me ha sacado de mi pereza habitual, y me ha sentado ante un teclado para intentar exponer un punto de vista, mio naturalmente, a la luz de tanta información sobre esta historia.

No suelo opinar sobre la condición sexual de los ciudadanos, precisamente porque cada uno es muy libre de pensar y sentir del modo que le haga feliz. Tengo amigos homosexuales (hombres y mujeres) a quienes quiero mucho y respeto más, ciudadanos exactamente iguales que otros con la consideración de heterosexuales, a algunos les conozco desde niños y es por eso que he vivido con ellos una evolución que no era la que las normas, que imperaban en la sociedad de aquel tiempo, marcaban. He reído con ellos y también he sufrido con ellos por sentirse diferentes de algún modo.

Tal vez por eso, he asumido con normalidad desde niña, que existía otra forma de amar, tan respetable como la que veíamos en nuestros padres.

También por respeto a esa otra forma de inclinación sexual, igualmente digna,  no puedo comprender las celebraciones del “Orgullo Gay”, no entiendo en que puede favorecerles ante la sociedad que todavía tenga prejuicios, el que un grupo de, para mí, locas (digo esta palabra a sabiendas que desatará las iras de los guardianes de la dictadura de lo políticamente correcto) desfilen, ellos y ellas pintados como una puerta,  semidesnudos, mostrando unas actitudes, con exageración desmedida,  que nada tienen que ver con el ambiente festivo que debería rodear ese día, buscando más la provocación que la petición de libertad, de la que según dicen, carecen.

El mismo rechazo sentiría, ante un “Orgullo Hetero”, con hombres de pelo en pecho, marcando paquete, mostrando su superioridad hacia la hembra, hembra hetero que iría bien ceñida, mostrando pechos y nalgas para definir claramente que son “reales hembras”, desfilando orgullosas con su hombre al lado. (¿a que esta imagen del macho hetero y la hembra hetero, resulta patética?).

Vivimos en una sociedad en la que hay una oferta exagerada de todo tipo de ayudas. Yo lo defino como el “auge del ayudismo”. Da igual donde nos asomemos, Internet, redes sociales, medios de comunicación, siempre nos encontraremos con alguien que nos ofrece ayuda, para cualquier cosa.

Esta ayuda viene dada por un psicólogo, psiquiatra, coach (hoy es el mundo del coach para todo), charlatanes, predicadores varios. La oferta es infinita.

Los libros de auto ayuda se disparan en ventas. Los seminarios, retiros, cursos, (carísimos por cierto), florecen como los almendros en primavera.

“Tu problema tiene solución”, “Yo te ayudaré a encontrarte a ti mismo”, “Encontrar el camino es fácil con mi ayuda”…….. , frases como éstas actúan de reclamo ante aquellos que en verdad se sienten perdidos.

No seré yo quien demonice cualquier método que sirva para sacar del agujero a todo aquel que lo precise, pero si estamos viendo constantemente , y vuelvo a retomar el tema de la condición sexual, que muchos ciudadanos trans, han precisado ayuda para encontrarse, que existe otra condición aparte de heterosexual, homosexual, transexual, que es la que no es ninguna de estas tres, que hace sufrir a quien se siente que no encuentra su sitio, y que también precisan de ayuda externa porque no son capaces de solucionar sus problemas.

A todas estas personas se les reconoce el derecho, faltaría más, de buscar ayuda, e incluso sin necesidad de buscarla, existen muchos Centros que ofrecen ayuda al que lo necesita ante una crisis de identidad.

Entonces yo me pregunto, ¿Es que un homosexual católico, que cree en Dios, no puede encontrarse en esa disyuntiva de no aceptar sentir de un modo que la religión rechazaría?.

¿Se le puede negar a este homosexual creyente que tenga dudas y que pueda pensar en un momento dado que lo suyo tiene arreglo?

Por muy absurdo que parezca, y por mucho que esta persona sepa que no está enfermo, que nadie le ha pervertido, que sabe que ha nacido con esa condición, ¿no puede estar en conflicto lo que siente con lo que cree, e intentar que alguien le ofrezca un remedio a su sufrimiento?

Si la noticia que “El diario.es” ha dado en primicia, no se hubiera referido a un ámbito católico, no hubiera tenido repercusión alguna.

Pero ese Centro, perteneciente al Obispado, que al parece imparte ayuda a homosexuales, no obliga a nadie a acudir allí, no va nadie coaccionado, aunque es palpable que quien acude ahí, pertenece a una religión determinada.

Quien acude lo hace libremente, y quiero pensar que en busca de algo que, o le haga aceptarse o le intente cambiar.

Sentir un deseo sexual que va en contra de lo que la religión y el Dios que amas, te dice que no es lo correcto, tiene que conllevar un gran sufrimiento a quien se encuentre en esa tesitura.

Así que no seré yo quien niegue el mismo derecho que tienen otros a encontrar ayuda en donde se la ofrezcan. Si esa ayuda que proponen no es ética, no me corresponde a mí juzgarla.

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