DESTINO A MARTE (cuento)

Ambos estaban sentados en la capsula que les llevaría a Marte. Llevaban meses, años, trabajando codo con codo. Un equipo de dieciocho personas de las cuales, los seis seleccionados se encontraban a escasos minutos de iniciar la aventura de su vida y de repente, ellos dos fueron conscientes de que comenzaba la aventura de su vida.
Cascadas de luces llenaban de información el ambiente, la ignición funcionaba, la verticalidad era perfecta, los goniómetros se orientaban instantáneamente, la comunicación era fluida, mental, la sincronización hacia que funcionaran como una sola persona, los movimientos tantas veces repasados se adelantaban al pensamiento de realizarlos, la complicidad era total, revestida de la cautela que requería el momento, un fallo, un gesto erróneo y fallaría el despegue. Ambos sabían que cualquier movimiento en falso podría disparar la alarma y el proceso quedaría detenido. Contenían el aliento tratando de adivinar los movimientos del otro. Diez, nueve, ocho siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, ignición.
Y el despegue a las estrellas se acompaña de un estruendo, una llamarada una humareda que todo lo cubre nublando la vista y anulando los sentidos. Solo la intensa vibración de sus cuerpos les una a la realidad del momento. Ninguno de los dos se atreve a modificar ningún instrumento, la suerte no está echada, se está echando y confían en que todo el elaborado proceso que les ha llevado a ese momento y que sin embargo les llena de sorpresa y estupor, se haya realizado correctamente, tensión, serenidad y confianza sus únicas armas.
Los cuarenta primeros segundos son críticos. A veces cuarenta segundos son el infinito, pero son cuarenta segundos y luego … sus miradas se cruzan en la calma del espacio ingrávido, vuelven a su ser, pero ya no son los mismos, esa primera mirada es de incredulidad. ¿Ha ocurrido? ¿Ha pasado? Sus pensamientos van al unísono haciéndose las mismas preguntas, encontrando las mismas respuestas y la expansión que sienten en sus pechos hace que sus cuerpos floten ingrávidos, amarrados todavía a los asientos por los correajes de seguridad que tan ferozmente apretaron y que de pronto se tornan inútiles, opresivos, castrantes. Al soltarlos sienten las cómplices fuerzas inerciales que los aproximan, los junta y hacen que fluya toda la energía contenida de uno a otro cuerpo.
Ya solo queda un largo camino por andar. Tras las primeras horas de euforia, ingravidez y satisfacción, funcionan todos los equipos, la nave responde dócilmente a los mandos, las instrucciones son claras, conocidas y cotidianas salen de la órbita domestica buscando su destino.
Ambos se miran y sin palabras se dicen: “A MARTE”
El viaje es largo, suave y dulce. Todos sus actos, grabados durante tanto tiempo en sus metes son naturales y fluidos, solo pensando en el otro, en el compañero de viaje que ha puesto su vida en tus manos, del mismo modo que tú has puesto la tuya en las suyas. Embozados en un manto de estrellas multicolores que la pureza del vacío exterior hace que no parpadeen, como si la duda hubiera desaparecido del contexto, se dejan llevar a su destino que parece felizmente lejano pero seguro, existe un fin y ambos se dirigen juntos al mismo punto situado en la lejanía.
Doce horas para inicio de maniobra de entrada en órbita de Marte. La orden les saca del ensueño y hace que los pensamientos cambien de punto de vista. Llegamos. Se percibe un temblor inmaterial en toda la nave, pero ellos se miran a los ojos, buscando ese espíritu que les ha mantenido unidos y se repite el temblor.
Estará a la altura de las circunstancias, ¿no me fallará ahora?, ¿no nos habremos distraído?
La maniobra se culmina con éxito, solo una piedra en el camino, ¿Por qué habremos dudado?
El Comandante da las instrucciones para el desprendimiento de la cápsula que debe desembarcar en Marte. Van juntos. La maniobra es difícil y peligrosa. Se miran, dudan, las maniobras se realizan con precisión, pero se ha perdido la comunión mental. Un fallo representa desintegrarse y últimamente han detectado errores de sincronización entre ellos. Empiezan a recordar lo que había sido el ingrávido viaje y esos pequeños detalles de olvido en la maniobra, pequeños reproches de actividades conjuntas que fallaron en detalles perdonables pero que nadie asumió su culpa, la nave se va calentando en la suave atmosfera del planeta rojo y sus mentes van repasando, aquella desatención en el reparto de las raciones diarias, las jornadas perdidas con otro miembro de la tripulación, aquel olvido sin importancia por cansancio.
Escrudiñan con celo todos los movimientos que implican maniobras, ¿es consciente que mi vida está en sus manos? ¿Veo que se preocupa más de su vida que de la mía? La duda se infiltra en sus mentes y de pronto se ven pensando en ellos mismos. Es la supervivencia, se dicen.
Un golpe seco anuncia la apertura de los paracaídas y el suave balanceo les invita a pensar que lo lograrán. Lo logran.
Descienden la escalerilla, posan sus pies sobre el polvo ferroso que se mueve por todas partes, miran a su alrededor y entonces ven la inmensidad del horizonte, la soledad de su destino la aridez de su mundo. Se miran por última vez, conectan sus radios y se preguntan ¿y ahora qué?

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Una respuesta a DESTINO A MARTE (cuento)

  1. Juanito dijo:

    Todo un dilema. Tan preparados… tan instruidos… ¿y ahora qué?.
    Talmente como formalizar una vida en pareja

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