El dilema del progreso

Nos sentimos fascinados por los progresos tecnológicos. El yo también quiero lo que tiene ese (sea ropa, calzado, coche, telefonillo, TV,  macana digital de moda, etc.) y la educación para ser inducido sistemáticamente, empuja buena parte de nuestro gasto.

Al tiempo, ese mismo progreso tecnológico está sacando del mercado de trabajo a cada vez mayor número de trabajadores (en gasolineras, oficinas bancarias, zapaterías, librerías, los centros de atención a clientes conocidos también como call-center, cajas de pago en establecimientos, pequeños comercios, empleados de seguridad, correo postal, etc.) y en breve veremos desparecer camareros, conductores de vehículos terrestres públicos y de alquiler, traductores y un etcétera que cada vez se hará más largo.

Es decir, la tendencia es que el número de desempleados por causa directa del progreso aumenta exponencialmente,  lo que conlleva que nos preguntemos ¿de qué van a vivir?.

En el caso concreto de España hemos de sumar más de dos millones de personas en edad laboral que carecen de formación; algo más de setecientos mil de los llamados ni-ni (personas que estando en edad laboral ni estudian ni trabajan) y a ellas hay que sumar las que cada año se incorporan al mundo ni-ni debido entre otras causas al abandono escolar temprano, del que somos país líder en Europa.

No solamente se trata de un dilema progreso tecnológico si o progreso tecnológico no, sino de prever de qué van a vivir esas personas, es decir, es un dilema político. La izquierda política propone un merchandising basado en la subvención pública de quien ni estudia ni trabaja, mientras que la derecha dice estar en contra; pero esas posturas son sólo para el escaparate simplón: la izquierda ha de aparecer como defensora del pobre, y la derecha protectora de los derechos del rico, pero en la trastienda unos y otros coinciden en que ambos necesitan el progreso.

De hecho, el llamado padrino de la inteligencia artificial, Geoffrey Hinton, cuando ha sido preguntado sobre este aspecto, afirma que él se inclina por lo que denomina renta básica universal, que considera necesaria para que el progreso pueda avanzar, es decir, para la generación de riqueza.

Y en España, con un sistema de pensiones basado en cotizaciones previas ¿que pensión puede esperar quien no ha cotizado?. ¿Serán discriminados los actuales cotizantes frente a quienes recibirán una pensión sin haber cotizado?

No deberíamos olvidar otros métodos de generar paro que están a la vuelta de la esquina: puede ser una “crisis económica” repentina surgida de no se sabe dónde…, o un  hijo de puta -etiquetado como lobo solitario o borrego acompañado- que armado con un Kalashnikov en una playa sea capaz de arruinar un país entero que basa su principal economía en el turismo…, o un desalmado y misterioso hacker, o…

Los cambios ya están aquí. Nosotros y quienes elegimos para que nos representen deberíamos mirar algo más lejos de los cuatro años que nuestra miseria intelectual nos permite vislumbrar..

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