VIEJOS

Melina

Hasta la palabra es dura, áspera, con esa letra jota tan nuestra, tiene un sonido que al salir de la garganta le confiere una dureza casi despectiva según el concepto del que se hable.

Es una palabra que siempre tiene un matiz ligeramente excluyente, de algo inservible o en desuso, de algo excluido de la vida, de algo casi muerto. Se la intenta disfrazar con otros nombres que, en el caso de objetos, le dan un carácter de valor añadido, así se dice: “es un mueble muy antiguo”, “este monumento tiene tantos siglos de antigüedad”, “este libro es un incunable”, entonces todo el mundo sabe que se habla de algo valioso, digno de ser protegido, pero en los mismos casos si decimos que un mueble, edificio o cualquier objeto de uso cotidiano es viejo o está viejo, enseguida piensas en algo que hay que desechar por inservible o deteriorado. Es curioso como cambia el sentido variando la palabra.

Si simplemente nos referimos con ella al ser humano, enseguida hay alguien que intenta suavizarla, así en lugar del “que viejo está” que sale como un dardo que da siempre en la diana, se dice “está muy mayor”.

También se la intenta dotar de cierta categoría, como cuando se dice de alguien “es un anciano venerable”, o, “tiene toda la sabiduría de la ancianidad”, pero solo son paños calientes para eludir hablar de una carrera imparable hacia la nada. ¿O pensamos que ese sabio o ese escritor maravilloso, no darían algo por tener menos conocimientos o ser menos famosos y tener la juventud que se escapa de sus manos sin poder hacer algo por evitarlo?.

La vejez más que sabiduría te da experiencias, malas o buenas y muchos conocimientos que, lógicamente, en el caso de la juventud es imposible que hayas adquirido y una ciertaancianos filosofía para ver la vida de un modo más tranquilo, quizá también porque el cuerpo empieza a mostrar su cara más amarga, empezamos a notar que tenemos brazos, piernas, columna y varios órganos dentro, que antes, es posible que muchos privilegiados no supiéramos que estaban, y comenzamos a tener necesidad de un lugar en el cuarto de baño “para medicinas”, lugar que según pasan los años se nos va haciendo pequeño en la medida que nuestro deterioro es mayor.

Hay algo que se agradece cuando se adquiere una cierta edad (veis yo también he evitado inconscientemente el decir ser más viejo), y es el poder ser más sincero con el entorno que te rodea, más sincero en el sentido que te importa menos que tu sinceridad sea algo menos educada, vamos en lenguaje coloquial que si alguien te parece imbécil lo demuestras más abiertamente, guardas menos las formas a las que la cortesía al uso te obliga, creo que es uno (¿o el único?) beneficio de la edad.

Ese convencimiento de caminar hacia un final no programado por nosotros, también nos hace intentar sacar a la vida el máximo provecho, intentar disfrutar con los cinco sentidos como si cada día fuese el último, queremos hacer cosas que antes eran sólo ilusiones, queremos no agobiarnos más de lo preciso, aunque no siempre lo consigamos, pero cada noche sabemos que ha terminado un día más ¿o menos? de nuestra vida.

Mi hermana Giulia me cuenta que en Italia el llegar a viejo tiene el aliciente de que no solo te jubilas de la vida laboral que, en según que tipo de personas, te puede llevar a la depresión o a la alegría de vivir plenamente tu tiempo, sino que te encuentras con una cantidad importante de dinero producto de tu tiempo trabajado que te permite realizar en una edad avanzada muchas ilusiones pospuestas durante tus años jóvenes, al contrario que en nuestro país que la jubilación generalmente conlleva un apretón del cinturón a no ser que hayas sido previsor y tengas un buen plan privado de jubilación que te permita seguir con el mismo nivel de vida que tenias hasta entonces.

No me gustaría dar la idea equivocada de que me aterra envejecer, porque no es del todo exacto, llevo bastante bien el cumplir años, y me gusta haberlos vivido del modo que lo he hecho, por eso apenas cambiaría gran cosa de poder retroceder en el tiempo, pero no puedo evitar esa ligera sensación de sentirme estafada, de que la vida es muy corta y no tiene sentido tanto esfuerzo para llegar a un final que no está en mis manos el poder soslayarlo, de que la vejez te llega muy pronto y cae como una losa sobre todos tus proyectos, aún así, me sigo sintiendo ilusionada por muchas cosas y la esperanza, —esa virtud que tanto me gusta—, de conseguir realizarlas me hace despertar contenta cada día.

La vida sigue con una fuerza que no podemos dominar y a nuestras vidas llegaron ilusiones nietossonrosadas y diminutas que llenaron en su momento de color nuestra casa. Fuimos abuelos, y también tíos abuelos y esas personitas, me hicieron desear vivir para ver su propia vida, para poder contarles historias de amor y de esperanza, para poder enseñarles un mundo de fantasía que le ayude a mirar al mundo real con otros ojos. Por eso reconozco que vale la pena envejecer para poder ver que otras vidas que son también tan tuyas hacen que la palabra “muerte” pierda su más negro sentido.

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Una respuesta a VIEJOS

  1. Sagrario dijo:

    Ilusion, esperanza, capacidad de asombro, ganas de aprender. Todas estas cosas tenemos y nunca se es viejo si afrontamos la vida con optimismo y rodeados de buenos amigos.

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