Recordando a mamá

MelinaEl pasado 22 de febrero se cumplieron dos años desde que nuestra madre dejó de estar a nuestro lado. Mis hermanos y yo la tenemos siempre presente y cualquier acción cotidiana, por simple que sea, nos recuerda su ausencia. Cuantas veces hemos deseado llamarla solo para que nos explicara una receta de cocina de las que ella solía preparar y con las que disfrutaba tanto haciéndolas, y que frustración hemos sentido al darnos cuenta que por mucho que intentemos llamarla, nunca podremos volver a oír su voz, casi siempre alegre, para contarnos los ingredientes y el modo de hacer ese plato que tanto nos gustaba. Cuantas veces nos hemos quedado con el teléfono en la mano, al darnos cuenta que es inútil marcar su número, ella no está ya para contestarnos, y cuantas preguntas, comentarios, detalles que ella nos contaba de sus años jóvenes y que ahora nos gustaría volver a recordar y no somos capaces de hacerlo, salvo que ella estuviera aquí para refrescar nuestra memoria. Por eso, mis hermanos y yo, hemos querido rescatar el obituario que le dedicamos en su momento y que fue escrito para ella desde el fondo de nuestros corazones.

Cuando hace dos años falleció nuestro padre, fuimos conscientes de que nuestra madre emprendía un camino, sin retorno, destinado a encontrarle. No es fácil prescindir del compañero de tu vida después de 64 años de unión. Juntos lo hacían todo; reían, cantaban mientras ella cosía, discutían, hablaban, juntos leían el periódico comentando las noticias del día y juntos dormían, -las manos de él enlazando las suyas-, en un deseo de protegerla para que nada turbara su sueño.

Hoy lloramos la ausencia de nuestra madre. Hoy nos sentimos completamente huérfanos, pero queremos recordarla joven y alegre, ilusionada y feliz, siempre contenta, siempre deseando juntarnos a todos para celebrar algo, cualquier acontecimiento le daba la ocasión de reunir a toda la familia y a todo aquel amigo que para ella también era familia. Era feliz en esas reuniones, jugando esas partidas de cartas, en las que intentaba hacer alguna trampilla, que todos fingíamos no ver.

Este último año fue muy duro para ella. Sólo la mantenía el deseo de ver de nuevo a sus nietos y bisnietos, de los cuales miles de kilómetros les separaban. Cuando este deseo se hizo realidad dejó de existir para ella un motivo para seguir viviendo. Fue enormemente feliz en esos días, ya nada podría alegrarle más. Ya sólo tenía que cerrar los ojos para volver a ver al amor de su vida.

Hoy, su familia y todos los que la queríamos, la echamos profundamente de menos, pero sabemos que ella está en el único lugar donde ahora quería estar, y eso nos da la tranquilidad de estar seguros que cuando llegó al final del camino, las manos de nuestro padre habrán de nuevo cogido las suyas y mirándola, como siempre enamorado, le habrá dicho: “cuanto has tardado, que largo se me ha hecho el tiempo de esperarte”.

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Una respuesta a Recordando a mamá

  1. Sagrario dijo:

    Yo que me he sentido y me siento parte de esa familia a la que ella siempre acogia con agrado, quiero pedirle que me ayude a transmitir a.los demas un poco de esa alegria que ella tenia y necesito creer que algun dia, espero que muy, muy lejano, nos juntaremos con ella.

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