Y tu mamá… ¿ya no te mima?

Un adulto,  jugador profesional de fútbol, marca un gol y realiza una serie de gestos eufóricos antes de que se le abalancen encima sus compañeros que le llenan de abrazos, gritos de festejo e ignoro si algún que otro beso.

Un adulto, jugador profesional de tenis, marca el tanto definitivo y se espatarra sobre-actuando sobre el tartán (o la hierba) con aspavientos y notoria expresión de su regocijo por superar la dificultad.

En los tiempos que consigo recordar, los deportistas (y con más razón los que vivían de ello)  superaban sus retos y dificultades y contenían sus emociones como si fuesen adultos. Los aspavientos infantiles, por sus propias características,  estaban -entonces- reservados a los niños.

Al personal antiguo y socialmente obsoleto como yo, nos cuesta entender que un tipo que hoy -que no ayer- cobra una millonada por practicar un deporte, exhiba reacciones propias de un menor de edad al superar una dificultad en aquello de lo que vive. Porque lo veo como un remedo del acogimiento en el protector seno materno ante la superación de un momento difícil de la infancia.

Antes de continuar con mi estupor, debo aclarar que de pequeño fui educado en un colegio facha.Era un colegio regido por militares y como tal carecía de APAS, AMPAS, AMPAAS,AMPTTAAS o de un simple psicólogo. Allí mandaba un jefe del ejército y un pater (sacerdote castrense); y el resto, papás, mamás, tutores, tutoras, alumnos y alumnas, progenitores A, progenitores B y la madre que nos parió a todos,  simplemente obedecíamos.

Como digo, en mi colegio no había psicólogos. Cuando uno hacía una gamberrada era enviado directamente a presencia del pater (un antiguo boxeador que aún seguía sonado, y con unas manos enormes como manoplas), al que le bastaba un simple bofetón con aquella enorme y pesada  masa que tenía como mano, (que nos producía mareos y alucinaciones por un par de horas), para dejarnos clara la idea de que lo que habíamos hecho no nos convenía repetirlo. Vamos, lo que hoy llamaríamos un psicólogo facha.

El profesor que tuvimos de “gimnasia” (una antigua, retrógrada y fascista asignatura) era un capitán de Caballería. Cuando los niños torpes éramos incapaces de voltear sobre el plinto con 6 suplementos, el capitán se burlaba de nosotros diciéndonos: “Anda, salta, guapo de tu casa, orgullo de tu madre…”. Entonces yo tenía 10 años pero sólo necesité que se burlase de mi bobería una vez. Reaccioné y luego le estuve (le estoy) agradecido toda la vida. Reconozco que hoy me hubiese sido mucho más sencillo resolver “el problema” y el facha de mi profe estaría todavía encadenado a una bola en una mazmorra para toda su vida… y probablemente yo nunca hubiese dado la voltereta sobre el plinto con los 6 suplementos.narciso

¿Qué ha pasado entonces con nuestro ánimo?

Hoy nuestra juventud se hunde ante la más mínima adversidad. Los libros de “autoayuda” se venden como churros; los psicólogos han nacido como setas; los estimulantes son un negocio y existe una propuesta al Congreso para elevar hasta los 18 años la edad de asistencia pediátrica; el número de suicidios (esa causa de muerte que sigue siendo número uno en los países occidentales pero que sigue oficialmente oculta tras el tráfico, el cáncer, el tabaco, etc.) sigue creciendo cada día, y el consumo de inhibidores de conducta se ha disparado a límites impensables.

¿Cómo puedo emparejar esa realidad con la caterva de insolentes altivos con brazos y pectorales rellenos de anabolizantes, rebosantes de  soberbia y vanidad, tuneados con ferrallas y pintarrajos, estetas pendientes únicamente del peinado, la depilación de las cejas, la barba mal cortada, el pantalón-cantinflas y la opinión de su tribu?. Simplemente no casa. Hombres de apariencia más dura que el pirata más curtido y que a la primera adversidad agarran una depresión de caballo. No encaja. ¿Cómo pueden unos presumibles adultos exhibir unos rasgos antropológicos infantiles al tiempo que componen gestos y miradas de hombres curtidos?.

¿Cómo alguien puede aceptar ponerse un uniforme para sentirse diferente?.

Menos mal que, de cuando en vez, aparece un joven sin uniformar que me hace concebir esperanzas.

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2 respuestas a Y tu mamá… ¿ya no te mima?

  1. yo dijo:

    Juventud Gandia shore, queda alguna esperanza de recuperarlos?

    Buen verano.

    • Carlitos dijo:

      Afortunadamente conozco a algunos jóvenes que testimonian que no todo es ruina, y lógicamente deben existir muchísimos más.
      Lo que considero improbable es la reconversión cerebral. Ojalá me equivoque muchas veces.

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