Abandonando la ciudad

Las vistas de Madrid desde esta habitación son inmensas. ¡Qué ciudad tan enorme!.

Pronto comenzará a amanecer, ya se ven pasar más coches por la M30; gente que va o viene a sus trabajos.
Hay que ver la cantidad de gente que puedo ver por esta ventana. Cientos. Miles. Ellos no me ven. Ni siquiera saben que estoy aquí.

Hay otros que si me ven. Los que pasan por el pasillo. Casi siempre visitas. Bueno, por lo menos me miran. Pasan y me miran. Seguramente me verán. Eso cuando estoy despierto. Porque debe ser que a veces me quedo dormido sin darme cuenta. A veces creo recordar algo y no sé si lo he visto uno de estos días o hace un rato; si lo vi estando despierto o si era de esas veces que tengo como un sopor y me parece que pasa mucho tiempo. No sé. Hay gente a la que me gustaría mucho poder ver antes de que no esté aquí, pero algo en mi interior me dice que me marcharé sin ver ni abrazar. Me gustaría mucho poder abrazar a alguien. Era bonito. Bueno, y también me gustaría que alguien me abrazase. Eso conforta y te hace sentir bien.

Sé que otras personas que están en otras habitaciones tienen peores vistas que yo. Una vez vi a una mujer en una habitación, que delante de la ventana sólo tenía una pared de ladrillo rojo. Quizá si se incorporaba un poco pudiese ver la punta de una rama de árbol que había debajo de su ventana. Claro que en muchos casos da igual lo que pueda verse por la ventana, porque no tienes capacidad de observar, o de comprender lo que ves.

A veces recuerdo a otras personas que vi en habitaciones parecidas a ésta. Entonces yo miraba desde el pasillo. Eso era hace mucho tiempo… creo. Porque ahora que me doy cuenta, no sé cuánto tiempo hace que estoy aquí. Lo que sé (y nadie me pregunte cómo lo sé) es que ya nunca saldré de aquí. No recuerdo que nadie me lo haya comentado, pero lo sé.

Cuando yo era el del pasillo, a veces me preguntaba qué pasaría por la mente de aquellas personas que veía solas en las camas, con la mirada tan perdida en el vacío como a veces debe estar la mía. Y ahora me doy cuenta que tengo ocasión de contarlo. Lo que voy a hacer es imaginar que puedo escribir todo esto que estoy pensando, y que lo estoy escribiendo mucho antes de que me trajesen aquí… en una fecha cualquiera… pero de hace tiempo. Como no sé en que fecha estamos, imaginaré una fecha al azar… a ver… ¡ya!. Imaginaré que la fecha en que lo escribí fue el 8 de Abril del año 2013 (que no sé cuánto tiempo hace que pasó ya). La verdad, es que no siento nada especial. No me duele nada y los médicos no me han dicho qué me ocurre. Mejor que sea así. Supongo…

Ya me vuelve el sopor… siento los ojos cálidos… como si tuviera un hormigueo en ellos…

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