Testamento Vital

 

Siempre he pensado, que ante algo tan absurdo pero inevitable como es el hecho de morir, más vale dejar bien claro que es lo que quieres hacer con aquello que no puedes llevarte a esa nada de donde nadie ha vuelto para contarnos si estaremos en otro plano astral, si seremos alimento para la luna o si simplemente dejamos de existir y sólo viviremos en el corazón de quien nos quiere. Esto vale no sólo para decir qué cosas de tu cuerpo quieres que se donen para que alguien pueda prolongar su vida gracias a que tu dejas de necesitarlas para continuar la tuya, sino para que las pocas o muchas cosas materiales que te pertenezcan vayan a parar a las manos de quien tu quieres, salvando, claro está, las legítimas que nuestras mejorables leyes que rigen la herencia lo permitan, poniendo a nuestra disposición el medio para realizarlo, es decir haciendo un simple testamento.

Pero nuestro Ordenamiento jurídico, imperfecto como casi todo, tenía una gran laguna en lo que respecta al derecho a decidir si deseas que tu vida la prolonguen por medios de todo tipo en busca de esa esperanza de lograr vencer a la muerte, o mejor sería decir, intentar lograr arañar unos años más de vida. aunque esa vida esté limitada y sujeta a tratamientos médicos, casi siempre agresivos o, para mí, inhumanos.

Creo que para tomar una decisión sobre tu vida, mientras puedas tomarla, es necesario que cada uno tenga claro que significa la vida para él. Para mí, vivir es eso, vivir, valga la redundancia. Es poder disfrutar con todos los sentidos de lo que el día a día te ofrece, es poder ver amanecer o atardecer y contarlo con tus labios, es enfadarte en el trabajo, es sufrir un dolor soportable pero hablar de ello, es cocinar, comer, pasear, amar, leer, es poder hacer aquello que deseas, tan sólo con las limitaciones que la edad te va imponiendo, no me importa que por la mañana me duela todo mientras pueda contarlo y seguir caminando aunque sea con ayudas, mientras mi cabeza, sobre todo mi cabeza, tenga la capacidad de razonar, de disfrutar, de alegrarse y de llorar, en definitiva seguir siendo un ser humano que sabe que lo es. Esto y mucho más es vivir para mí y todo lo que sea ver como vas degradándote, como va desapareciendo tu identidad, como vas siendo incapaz de saber quien eres, como necesitas ayuda para todo, aunque sea lo más insignificante, no lo considero vida.

Tal vez soy más dura para mi misma que para aquellos a quienes quiero, tal vez pienso en mi muerte con más serenidad que si lo hago pensando en la de mi pareja o mi familia más querida. Creo que tengo más claro lo que no quiero para mí que si tuviera que tomar esa misma decisión para ellos. Tal vez si llegara el caso, desearía retener a mi pareja junto a mi todo el tiempo del mundo, cuidándole con el mayor cariño aunque esa persona no tuviera nada que ver con la que era un tiempo atrás, y es que decidir por aquel o aquellos que amas es mucho más difícil que hacerlo por ti misma y espero no tener ocasión de comprobarlo.

Dicen que cada persona es un mundo aparte y desde luego que lo es. Tan respetable es para mí, quien tras quedar tetrapléjico a causa de un terrible accidente, no desea seguir viviendo siendo un vegetal pensante, que aquél que en las mismas circunstancias planta cara a la adversidad y es capaz de ilusionarse por lograr cada día una superación, todos conocemos el caso de alguien que en situaciones extremas ha conseguido realizar cosas que son casi milagros, hay miles de Stephen Hawkin anónimos que sólo pueden provocar admiración, yo estoy segura que en las mismas circunstancias no sería capaz de sacar fuerzas para seguir día a día viviendo sin vivir, o como dijo alguien en esta misma situación: “es terrible no poder espantar una simple mosca que se te ha posado en la nariz”, esto es la mejor explicación.

Pero también hay que comprender que el que nosotros decidamos que no queremos vivir y no podamos cambiar esta situación sin ayuda externa, no tiene por qué repercutir sobre otra persona, en estos casos siempre de la profesión médica, que es quien haría posible que diéramos ese terrible paso. Es el eterno debate sobre la moralidad de la eutanasia y sobre el derecho a la objeción de conciencia de quien tendría que realizarla.

Entre tanto vacío legal y sin lanzar las campanas al vuelo, fue recibida con entusiasmo la ley 3/2005 de 23 de mayo por la que se reguló el ejercicio del derecho a formular Instrucciones Previas en el ámbito sanitario, creándose el Registro correspondiente, y el decreto 101/2006 de 16 de noviembre del Consejo de Gobierno, por el que se regula el Registro de Instrucciones Previas de la Comunidad de Madrid.

Se puede decir que las Instrucciones Previas son los deseos que podemos manifestar de forma anticipada respecto a la asistencia sanitaria que queramos recibir cuando por la situación clínica que tengamos, no podamos expresar nuestra voluntad. Es el llamado testamento vital.

Con fecha 16 de marzo de 2007, hice mi correspondiente solicitud en dicho Registro, expresando en qué casos quiero que se tengan en cuenta unos cuantos criterios como la capacidad de comunicarme y relacionarme con otros; el deseo de no prolongar mi vida en situaciones clínicamente irreversibles y otros similares, así como las situaciones en que deseo que se considere el documento que firmo y las instrucciones que deseo se tengan en cuenta en mi atención médica.

Con todos los defectos y todas las posibilidades de mejora, esta normativa arrancó con una entusiasta respuesta por parte de los madrileños. Yo tardé cuatro meses en conseguir cita para realizar mi inscripción, pero por lo menos es un paso para que los que no queremos ser tratados como conejillos de indias ante una situación que no tiene marcha atrás, podamos tener voz legal para decir NO a tratamientos que más parecen experimentos científicos que esperanzas de curación.

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Una respuesta a Testamento Vital

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